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Txakurtxirula

Vista general de la acampada en Sol

Vista general de la acampada en SolEuropa Press

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Con la que está cayendo en nuestra querida España, disculpad que no pretenda utilizar un registro demasiado serio. Suficiente tenemos ya con la realidad que nos rodea como para que vaya yo a ponerme trascendental también. Por eso, prefiero deleitaros con uno de esos artículos de opinión que buscan arrancar sonrisas y carcajadas a raudales y, de paso, evitar que terminemos todos de mala leche por culpa de la actualidad. Al fin y al cabo, la vida tampoco está como para regalarle más disgustos de los estrictamente necesarios.

El tema de hoy es de lo más peculiar: que aprendáis un término que gran parte de la sociedad utilizamos en español cada dos por tres, pero que probablemente pocos seamos capaces de pronunciar en euskera. Y aquí es cuando irrumpe ese sujeto tan singular, salido de la lengua de la txapela, llamado «txakurtxirula», que significa «perroflauta». Sí, habéis leído bien. Porque, si tenemos palabros para casi todo, ¿cómo no vamos a tener una para describir a ese espécimen capaz de convertir la expresión «vive y deja vivir» en «vivo yo y que pague otro»?

Desgraciadamente, el «txakurtxirula» es uno de esos perfiles depredadores que últimamente abundan por la Puerta del Sol, convenientemente acompañados por una nutrida representación de «yayoflautas». Unos y otros parecen haber encontrado en ese espacio tan histórico de Madrid su particular ecosistema feminista, inclusivo y ecofriendly, un lugar donde la protesta, el postureo y la pancarta conviven alegremente con una preocupante alergia a las responsabilidades.

Porque, queridos lectores que tenéis la generosidad de leer estas líneas repletas de humor, seamos claros: una cosa es ser inconformista y otra muy distinta hacer del inconformismo la profesión de moda, apelando para todo lo que huela a responsabilidad al infinito y más allá. Una cosa es cuestionar el sistema, algo muy, pero que muy respetable, gobierne la izquierda, la derecha, el de arriba o el de abajo; otra muy distinta es convertir la queja contra el sistema en tu principal actividad y particular modus vivendi. Echarle un poquito de morro a la vida puede estar bien, pero pasarse de la raya, ni por el forro de Espinete.

Entre los tipos de «txakurtxirulas» que deambulan durante esta semana por la Puerta del Sol podemos encontrar hombres y mujeres que tienden a mantener una relación complicada con el agua y el jabón; féminas sudorosas que lucen pancartas y sobacos morados, exigiendo no sé cuántos derechos, algún que otro plus y lo que se tercie… hasta que alguien les pregunte quién piensa pagar la factura de sus fumadas y se pongan a dar la matraca con el patriarcado; y personajes que, mientras predican contra el capitalismo, anhelan conseguir lo mismo que sus ídolos extremistas de izquierdas: casoplones en buenas zonas, viajes a hoteles de cinco estrellas y otras tantas cosas más.

Si es que poderoso caballero es Don Dinero y, por lo visto, posee la capacidad extraordinaria de desactivar los principios del «txakurtxirula», sobre todo cuando de por medio hay un buen puñado de euros. Entonces puede acabar convirtiéndose en su mejor amigo revolucionario, especialmente si decide quedarse. Yo, como fachilla que reclama su espacio en este mundo tan cruel, también exijo mi casoplón en el barrio de Salamanca de Madrid, porque nadie me ha pedido permiso para nacer, vivir y convivir con gente tan atolondrada. ¡Faltaría más! Si hay que luchar contra el sistema, se lucha; pero, si el sistema incluye un casoplón con piscina, una buena cuenta corriente y multitud de comodidades, tampoco vamos a ponernos tiquismiquis.

Además, en acontecimientos como la acampada de la Puerta del Sol se dan curiosas coincidencias entre las diversas especies de perroflautas de distintas nacionalidades y culturas existentes. Allí, entre pancarta y pancarta, podrían entenderse lo suficiente como para acabar haciendo migas unos con otros y, entre consignas contra el heteropatriarcado opresor y alguna que otra calada de «verde» y «marrón», termine surgiendo incluso el amor revolucionario. Aunque sospecho que el varón tendría bastantes papeletas para convertirse en el pagafantas oficial de la acampada: mucho discurso deconstruido, mucha sensibilidad y, a la hora de la verdad, más friendzone que militancia.

Y luego está esa vieja contradicción que tanto juego da a la «txakurtxirula» feminista: el facha es el perfil de hombre que tanto desean, pero que les resulta totalmente inalcanzable. Para colmo, circula una leyenda urbana según la cual no existe zurdita de extrema izquierda que no haya fantaseado alguna que otra vez con el presidente de Vox, Santiago Abascal. Lógico: es vasco y, por ello, doblemente español, lo que le otorga un atractivo añadido frente a otros políticos patrios.

Honestamente, esto sí que merecería una investigación en profundidad o, directamente, una querella criminal, porque el presidente de Vox, en ningún momento, ha dado su consentimiento para que tan siquiera la más mínima «txakurtxirula» fantasee con él. Y, puestos a hablar de consentimiento, convendría recordar que, cuando esa acción la hace un hombre hacia una mujer, se cataloga como cosificación. Así que, por una vez y sin que sirva de precedente, ha llegado la hora de aplicar el mismo rasero para que el bueno de Abascal pueda vivir tranquilo, sin tener que cargar también con las fantasías de aquellas que tanto dicen defender lo que, en realidad, no defienden y que no deja de ser puro postureo del malo.

En definitiva, si algo caracteriza al «txakurtxirula» de manual es que dispone de tres recursos que, bajo su percepción, resultan infinitos: tiempo libre, porros y teorías para explicar por qué el problema siempre lo tiene otro y nunca ellos mismos. Mientras millones de personas se levantan cada mañana para buscar trabajo, conservarlo, pagar una hipoteca, llegar a fin de mes o, simplemente, sobrevivir de lunes a domingo, nuestro protagonista —ese que no ladra— continúa intentando convencernos de que el capitalismo, el patriarcado, el machismo y, si se tercia, hasta el cambio climático son los responsables de todos sus males. ¡Venga, todos a beber kalimotxo en la Puerta del Sol al ritmo de un buen reguetón, que la revolución también necesita hidratarse para sobrevivir!

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