editorial
Puigdemont da el golpe de gracia a Sánchez: incertidumbre por la reacción del Gobierno y en la calle

El presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont
Por una vez, la aritmética parlamentaria ha dejado una buena noticia. Junts ha confirmado que votará no a los dos reales decretos de vivienda de Pedro Sánchez. No es un matiz ni una abstención calculada: es un plantón. La ejecutiva de Carles Puigdemont ha encargado a su grupo que exija la retirada del Real Decreto Ley 26/2026 y que el Gobierno empiece de cero. Solo con un texto nuevo, aprobado en Consejo de Ministros, hablarían de un sí. Con sus siete diputados en el no, y con PP y Vox también en contra, la convalidación de mañana queda abocada al naufragio. El PNV, sí crítico a uno y no al otro, no salva la operación. El árbitro de siempre ha decidido, esta vez, no sostenerla.
Puigdemont no actúa por patriotismo. Actúa por interés electoral. No podía defraudar a sus votantes, muchos de ellos pequeños propietarios, familias que han ahorrado durante tres generaciones para tener un piso. Junts lo ha escrito sin rodeos: con la redacción actual, varias medidas equivalen a una expropiación por decreto de ese ahorro. Menos oferta, precios más altos, inquilinos compitiendo por cada vez menos viviendas y los fondos, según ellos, sin un freno real. Sánchez pidió por la tarde “altura de miras”. La respuesta ha sido el rechazo.
El resultado político es el que importa. Sánchez queda al borde del abismo, con un fracaso parlamentario descomunal. Había partido el paquete en dos para intentar salvar al menos una parte. Ni así. Dentro del PSOE ya se especula con un adelanto electoral si se consuma el doble no. No hay que descartarlo. El relato le saldría barato: él propone, la “derecha reaccionaria” impide, y el votante decide. Si ve una ventana, por pequeña que sea, intentará colarse.
Mientras tanto, la calle no espera. El Sindicato de Inquilinas, respaldado por la extrema izquierda de Podemos y Sumar, llama a rodear el Congreso. Alicia del Río ha anunciado que la acampada de Sol saldrá a las diez hacia la Cámara para estar allí mientras se vota, y que “la chispa” seguirá “pase lo que pase”. Hablan de manifestaciones el sábado y hasta de huelga general. Interior ya tenía el escenario previsto: unos seiscientos antidisturbios en el perímetro. La imagen recuerda al “Rodea el Congreso” de 2012, con otro Gobierno y otro motivo, pero con el mismo riesgo de desborde.
Si no hay adelanto, todo vuelve a la normalidad de los últimos meses: Ceuta, los sumarios de corrupción, las decisiones judiciales y algunas imputaciones, más que probables, de gente del PSOE y del propio partido. El decreto se cae. La presión en la calle no. Y el calendario judicial sigue su curso. Mañana se vota. Conviene no apartar la vista ni del hemiciclo ni de la calle.