Urda, Adamuz... y Valencia

Lo único que cambia es el color de quien manda cuando el tren parte de la estación

Agentes de los Servicios de Emergencias trabajan en el lugar del accidente de trenes en Urda, Toledo,JUANMA JIMENEZ

Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

En la antesala de la visita del Papa Benedicto XIII a Valencia, aquel 3 de julio de 2006, pasado el mediodía, una unidad de la Línea 1 de Metrovalencia descarriló y murieron 43 personas, con 47 heridos. Aquella curva entre la Plaza España y Jesús se llevó vidas físicas pero también carreras, memorias y reputaciones. Una causa general se inició, incendiando la calle, usando el dolor de las víctimas y sublimando la práctica del carroñerismo político como palanca para conquistar el poder, como así sucedió. Se husmearon vidas privadas, se rebuscó entre los raíles, se revisaron escaletas de televisión hasta el paroxismo. Hacía falta culpables, con caras y ojos, a ser posible de un sesgo ideológico presumido y determinado, y además con urgencia. Culpables ya, condena súbita. La lógica demanda de responsabilidades por parte de las familias de las víctimas en este tipo de desgracias se aceleró por causas perversas. Se concluyó entonces, después de idas y venidas, que el tren iba más rápido de la cuenta y que no estaba instalada la baliza que hubiera impedido al convoy alcanzar esa velocidad. 

En 2020 la justicia condenó a 4 exdirectivos de FGV que no entraron en prisión y el 13 de julio de 2016 la pinza entre la izquierda y el extinto Ciudadanos, en uno de sus papelones estelares, en la comisión parlamentaria de parte, condenó como responsables políticos a 13 políticos, técnicos y periodistas. Es decir, hubo una conjunción de la circunstancia humana con la deficiencia técnica, se atribuyó el crimen a unos técnicos y se reprochó políticamente la tragedia a un grupo concreto de personas. 

Veinte años después, esta vez en otra curva, otra tragedia pero el guion al revés. El 18 de enero de 2026, en Adamuz, un siniestro dejó 46 muertos, y nueve meses después la jueza de Montoro sigue sin tener investigados. Ojo ¡9 meses después! No hubo causa general, ni calle incendiada, ni prisa por ponerle cara y ojos a nadie. Hubo, eso sí, una sucesión de hipótesis que se despliega con la solemnidad de lo que no corre prisa: una rotura de vía 22 horas antes del descarrilamiento y una anomalía eléctrica registrada por Adif sin que saltara ninguna alerta. Cinco días después de la tragedia, el ministro de Transportes aseguraba que la probabilidad de un accidente así era «baja, bajísima». 

Nueve meses después, la autoridad encargada de investigarlo no había aprobado ninguna recomendación urgente de seguridad. Los sindicatos exigen una auditoría de esa línea Madrid-Andalucía, los ingenieros de caminos siguen señalando al Gobierno pero aquí nadie ha exigido un solo «culpables ya». Los familiares están pacados. La paciencia, que en Valencia fue una afrenta, en Madrid es una virtud cívica.

Y llegó Urda. Este miércoles, un tren de Renfe alcanzó por detrás a otro de Iryo entre Urda y Orgaz, en Toledo, en un páramo idílico, en la misma línea de alta velocidad, a un mes de las elecciones del 29N, con un balance de víctimas que seguirá creciendo, al parecer por una dramática combinación de errores humanos y carencias técnicas "inverosímiles". El guion se reproduce con una fidelidad notable. Oscar Puente sigue descartando dimitir y atribuye el accidente a una orden «inexplicable» de reanudar la marcha tras la caída del sistema LZB. 

Como en 2006, el culpable aparece rápido y lejos del despacho, con el maquinista de entonces cambiado por un centro de control. Lo que viene después es fácil de apostar, aunque se corra el riesgo del error: una investigación técnica sin plazo, un juzgado con cinco equipos y sin prisa, y ninguna comisión que concluya con nombres y apellidos en el Gobierno. 

Por más vueltas que le doy no alcanzo a distinguir qué diferencia, que separa a los accidentes de Castilla-La Mancha de lo acaecido en Valencia. Y sin embargo, existe. Aquí se buscaban responsables políticos antes de que se enfriase el metal, y se encontraron, años después, en la sede del poder y los aledaños. 

Cargando contenidos...

En Adamuz y en Urda parece que el metal solo se enfría en la vía. Las curvas son las mismas y la física es idéntica. Lo único que cambia es el color de quien manda cuando el tren parte de la estación.