editorial
El accidente de Urda descarrila la campaña de Sánchez: el Gobierno se hunde con la nueva tragedia ferroviaria
Adif y Renfe dependen del Estado. La gestión de la infraestructura, el mantenimiento de los sistemas de seguridad y la supervisión de los centros de control son responsabilidad del Ejecutivo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de C-LM, Emiliano García-Page, en el lugar del accidente JUANMA JIMENEZ/EUROPA PRESS 28/10/2026
Este miércoles, cerca de Urda (Toledo), un AVE de Renfe embistió por detrás a un Iryo detenido en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. El balance ronda los 68 fallecidos y centenares de heridos. Nueve meses antes, en Adamuz (Córdoba), en el mismo corredor, un descarrilamiento de un Iryo provocó una colisión con un Alvia y 46 muertos. Dos tragedias de alta velocidad con decenas de víctimas en menos de diez meses son excepcionales en Europa, donde siniestros graves de este tipo se cuentan con los dedos de una mano. Que España acumule dos en un año no es mala suerte.
La secuencia de Urda es clara: un fallo del sistema LZB detuvo varios trenes; el centro de control de Adif ordenó al AVE reanudar “con marcha normal” pese a la señal en rojo y el Iryo parado, contraviniendo los protocolos que exigían marcha a la vista y velocidad reducida. El ministro Óscar Puente calificó la orden de “inexplicable” y “errónea”. El Gobierno traslada el relato del error humano aislado y para ello filtra audios parciales que quieren apuntalar esa idea.
Adif y Renfe dependen del Estado. La gestión de la infraestructura, el mantenimiento de los sistemas de seguridad y la supervisión de los centros de control son responsabilidad del Ejecutivo. Tras Adamuz, las promesas de reforzar la confianza no evitaron esta segunda catástrofe. El intento de circunscribirlo a un operario que se equivocó es la estrategia para sacudirse la responsabilidad política cuando la campaña electoral ya se ha ido por el sumidero.
Zapatero llegó a La Moncloa subido a los trenes del 11-M. Sánchez saldrá de La Moncloa atropellado por los trenes de Urda. El accidente le da la puntilla: Sánchez ya no va a bailar más. Dos tragedias inasumibles en diez meses no se explican solo con un error humano. Algo falla en la gestión, y el Gobierno lo sabe.