Puente dimitió con un golpe inesperado a Pedro Sánchez: una crítica que explica el accidente de Urda
Óscar Puente cerró su etapa al frente de Transportes con una frase que ha pasado casi desapercibida y que, sin embargo, constituye el reproche más duro que ningún miembro del Gobierno ha dirigido a Pedro Sánchez. En su última comparecencia en el Congreso, minutos antes de anunciar su dimisión por los accidentes de Adamuz y Urda, el ya exministro espetó: «Tenemos un presupuesto del año 2023 que no ha cambiado. ¿Invertir más en mantenimiento? Yo invierto todo lo que tengo».
La declaración no necesita interpretación. Puente reconoció, de forma directa y casi involuntaria, que la inversión en mantenimiento de la red de alta velocidad estaba limitada por la prórroga de unos Presupuestos Generales del Estado aprobados hace tres años, en otra legislatura por otro Congreso de los Diputados distinto. Es exactamente lo contrario de lo que Sánchez defendió durante años. El presidente del Gobierno llegó a afirmar que «un Gobierno sin presupuestos es como un coche sin gasolina» y que no se puede gobernar de verdad sin cuentas públicas.
Hoy España lleva toda la legislatura con las cuentas de 2023 prorrogadas, algo inédito en democracia, y el propio ministro responsable de los ferrocarriles admite que esa carencia ha impedido invertir más en el mantenimiento de las vías.
Los presupuestos no son un trámite burocrático. Son la herramienta esencial con la que un Gobierno decide en qué se invierte, dónde se aumenta el gasto y qué prioridades se abandonan. Sin ellos, la gestión se reduce a parches, modificaciones de crédito y promesas. Sánchez ha preferido permanecer en el poder sin una mayoría estable que le permitiera aprobar unas cuentas a enfrentarse a la realidad de unas elecciones anticipadas. El resultado está a la vista: dos accidentes graves de alta velocidad en menos de un año y más de un centenar de muertos.
No se trata de atribuir una responsabilidad penal directa, sino de constatar una responsabilidad política evidente. Un Gobierno que durante años ha relativizado la importancia de los presupuestos mientras la red ferroviaria acumulaba déficits de inversión no puede ahora sorprenderse de las consecuencias. Puente, al reconocer que solo podía invertir «lo que tenía», dejó al descubierto el vacío de una legislatura dedicada más a sobrevivir que a gobernar. Y esa admisión, hecha desde el escaño del Congreso, explica mejor que cualquier otro argumento por qué España ha llegado a este punto.