13 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Hasel

¿Qué revolución?

Revolucionario es apostar por la igualdad de oportunidades derivada del esfuerzo y no de la subvención, defender la propiedad privada frente al método “ocupa".

| Fernando de Rosa Opinión

 

Siempre me ha hecho reflexionar la frase del novelista ruso Tolstoi: “Toda reforma impuesta por la violencia no corregirá el mal, el buen juicio no necesita de la violencia”, en contraposición de la frase del líder comunista ruso Lenin: “La revolución no se hace, se organiza”.

Ambas frases están de actualidad en estos días de conflictos callejeros por distintas ciudades españolas: el buen juicio contra la revolución planificada. Realmente pienso que lo más revolucionario hoy en día es el sentido común, es lo más rompedor y es la palanca del cambio de la sociedad.

Los violentos se han quedado antiguos, son los que añoran los métodos de cambio revolucionario que se hicieron populares en las manifestaciones de la década de los sesenta del siglo pasado.

Hoy en día no hay más decadente que romper farolas, incendiar contenedores, romper escaparates, y destruir mobiliario urbano. No hay nada de nuevo en estos métodos aprendidos en manuales rancios de rancios comunistas de pancarta y panfleto.

Ver a jóvenes de 16 años tener que recurrir a los métodos que empleaban sus abuelos e incluso sus bisabuelos, indica lo viejos que son, intelectualmente hablando, que no saben cómo reclamar el cambio social y que vociferan mientras tiran piedras.

 

El problema está en que un sector de la clase política española, representada por Unidas-Podemos, sus pintorescas confluencias, aliados radicales y todo tipo de populismos, tienen los ojos en la nuca pensando que estamos en el mayo del 68 parisino, que el delincuente rapero Pablo Hasel se ha convertido en el famoso “cojo manteca” de la revolución del 2021. No saben que su violencia de hoy es su fracaso de mañana, porque no entienden que el futuro no pasa por la revolución sino por el buen juicio.

Desear la muerte al adversario, la violación de mujeres y enaltecer terroristas utilizando letras de torpes canciones es odio, y el odio es la droga del pensamiento. Odiar les va a destruir porque les llevará a la impotencia y al fracaso.

Estamos pasando momentos de turbulencia, en los que la radicalización de unos, acrecienta la violencia de otros, momentos en los que las redes sociales se convierten en trincheras de insultos y donde se arrojan adoquines verbales, pero lo que no saben estos violentos de redes y callejones, es que sus ideas están muertas, que son simplemente “zombis”, reflejos de sombras pasadas que en realidad no existen.

Revolucionario es apostar por la igualdad de oportunidades derivada del esfuerzo y no de la subvención, defender la propiedad privada frente al método “ocupa”

En cambio, cada vez es más revolucionario, como método de cambio social, el sentido común, el buen juicio a que se refería Tolstoi. Pienso que defender el diálogo como forma de cambio, la reforma de la sociedad frente a la ruptura, pero sobre todo ejercitar la moderación frente a la violencia callejera es hoy en día revolucionario.

No tengo ninguna duda que lo más revolucionario en la actualidad, es defender la monarquía como futuro de convivencia y la familia como núcleo de aprendizaje social, dialogar para conseguir que una ley obsoleta se sustituya por otra ley innovadora desde el debate democrático y no desde la algarada callejera violenta e incendiaria.

La convivencia

Revolucionario es apostar por la igualdad de oportunidades derivada del esfuerzo y no de la subvención, defender la propiedad privada frente al método “ocupa” como medio de adquirir una vivienda, bajar impuestos para fomentar el ahorro, ayudar a autónomos y empresarios, crear puestos de trabajo en sectores productivos, fomentar la colaboración público-privada en sanidad, educación y servicios sociales.

Pero, sobre todo, es revolucionario defender a los que nos protegen tanto la salud, el orden público como la convivencia pacífica. Los que quieren la violencia como método de cambio social son el lastre para el progreso, porque son muy antiguos y “carcas”, aunque tengan 16 años.