| 04 de Febrero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez recibe a Pere Aragonés en la Moncloa
Pedro Sánchez recibe a Pere Aragonés en la Moncloa

La cuesta de enero de 2023

La verdadera cuesta de enero de 2023 tiene nombre propio: Pedro Sánchez. El precio del apoyo de sus socios de coalición se va a disparar aún más tras un año de una subida desorbitada.

| Fernando de Rosa Opinión

La cuesta de enero es el término con el que los españoles nos referimos al alza de precios que sucede a principios de cada año. Económicamente la cuesta de enero de 2023 va a ser complicada por la subida de impuestos, tasas y el  aumento del coste de alimentos y energía, pero la mayor cuesta de enero la va a sufrir el gobierno por el aumento del precio del apoyo que sus socios van a ir exigiendo tras los pagos realizados por el sanchismo durante el año pasado y especialmente en el mes de diciembre.

Venimos de una alta inflación política, es decir, un aumento desorbitado del precio de los sillones de la Moncloa que ha tenido que pagar Pedro Sánchez. Así, los socios del partido socialista pidieron el acercamiento de terroristas, los indultos a condenados por atacar la Constitución, la  eliminación de la sedición y la rebaja de las penas a los que roban dinero público, y el gobierno pagó.

Ahora los socios han subido el precio del apoyo y el coste se va a materializar durante este año 2023, convirtiéndolo en una verdadera cuesta que el sanchismo gubernamental va a subir sin pestañear, hasta llegar a las previsibles elecciones de diciembre y la conformación del siguiente gobierno en la  transcendental cuesta de enero de 2024. 

ERC ya ha planteado que el precio para la próxima legislatura será el referéndum de autodeterminación, dejando que el imaginativo ministro Bolaños le dé el nombre que quiera para engañar a los ciudadanos.

 

Pero lo que está pasando más desapercibido es el precio y la duración de la “cuesta” que va a exigir Bildu, que se ha convertido en los nuevos mejores amigos del sanchismo, y que, sin duda, están diseñando durante este año que hemos comenzado.

Escuchando a la líder de Bildu con siniestra mirada y sonrisa, Mertxe Aizpurua, podemos saber su doble precio: la libertad de los terroristas de ETA que cumplen condena y el desprestigio de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Tanto en el Congreso como en el Senado se están multiplicando las peticiones de información de Bildu sobre la dotación de recursos antidisturbios de la Policía y la Guardia Civil, sobre sus despliegues operativos y sobre el uso de pelotas de goma, entre otras cuestiones relativas a la seguridad de los propios agentes. 

El gobierno tan reacio a informar sobre el uso del Falcon en los viajes de Sánchez y sus ministros, así como la bebida y comida contratada en los vuelos alegando que afecta a la seguridad nacional, no ha tenido problema alguno en suministrar esta información tan delicada a un grupo cuyos máximos líderes han tenido que verse con las propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por sus actuaciones de colaboración con la banda terrorista ETA, como Otegi y la propia Aizpurúa. Muchos no tenemos duda para qué y porqué quieren dicha información y si no al tiempo.

Pero ahí no queda la cosa. El otro precio con el que Bildu quiere que el sanchismo suba la “cuesta” es la situación de los presos. 

 

Desde que Bildu cambió presos por presupuestos, 93 etarras han sido trasladados a cárceles vascas; 33 de ellos están en tercer grado por lo que están próximos a la libertad. La nueva petición va a consistir en eliminar de la ley penitenciaria la exigencia del arrepentimiento para obtener beneficios y así garantizar que en la cuesta de enero de 2024 todos los etarras estén en la calle.

Así Sánchez ya sabe que si los números le dan, tras las elecciones generales próximas, en la cuesta de enero de 2024 habrá de garantizar un referéndum y la excarcelación total de presos terroristas.

Por eso los españoles tenemos que tener claro cuál es el precio de la cuesta de enero de 2024, y cuando Sánchez nos pida el voto debemos contestar con el castizo refranero español: “ante el vicio de pedir está la virtud de no dar”.