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Por qué el riesgo de ictus es mucho mayor en mujeres, según los expertos

Las diferencias hormonales, reproductivas y sociales elevan el riesgo de accidente cerebrovascular en todas las etapas de la vida femenina.

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El ictus sigue siendo una de las principales causas de discapacidad en el mundo, y su impacto en las mujeres es mayor de lo que muestran las estadísticas generales. Aunque parte del exceso de casos se explica por la mayor esperanza de vida femenina, los especialistas advierten de que hay mecanismos biológicos y circunstancias sociales que elevan el riesgo incluso desde edades jóvenes. Estudios globales señalan que, por debajo de los 25 años, el ictus ya es más frecuente en mujeres que en hombres.

Embarazo y tensión arterial: un riesgo decisivo

Las alteraciones de la presión arterial durante el embarazo son un punto crítico para entender la vulnerabilidad femenina. Afecciones como la hipertensión gestacional y la preeclampsia pueden desencadenar daños en los vasos sanguíneos que, más adelante, elevan de forma considerable la probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular. El cuerpo experimenta cambios drásticos en volumen sanguíneo, coagulación y actividad hormonal que dejan secuelas vasculares duraderas.

El riesgo no desaparece tras el parto. Las mujeres que han vivido complicaciones hipertensivas acumulan mayor probabilidad de ictus a lo largo de su vida, independientemente de que estén sanas en etapas posteriores. De hecho, la literatura médica subraya que el embarazo y el periodo posparto triplican la incidencia de ictus respecto a mujeres de la misma edad que no han estado embarazadas.

Hormonas, anticonceptivos y menopausia: una combinación determinante

Los expertos destacan que los anticonceptivos hormonales combinados (estrógeno + progesterona) pueden aumentar el riesgo de ictus al favorecer la coagulación y elevar la presión arterial. Este riesgo se dispara en mujeres fumadoras, mayores de 35 años o con migrañas con aura, un cuadro especialmente prevalente en la población femenina. No ocurre lo mismo con los métodos solo de progesterona, cuyo impacto vascular es mucho menor.

La llegada de la menopausia marca otro punto de inflexión. La caída del estrógeno elimina un efecto protector clave sobre los vasos sanguíneos y los niveles de colesterol, dejando las arterias más rígidas y vulnerables. Algunas terapias de reemplazo hormonal contienen estrógeno y, en ciertos casos, pueden aumentar ligeramente el riesgo de ictus, sobre todo si se inician tarde o en mujeres con factores previos.

Factores inmunológicos y migrañas: una desventaja poco conocida

Las enfermedades autoinmunes (más frecuentes en mujeres) generan inflamación crónica que deteriora los vasos sanguíneos y favorece el ictus. Lupus, artritis reumatoide y patologías relacionadas aumentan la fragilidad vascular, algo que a menudo pasa desapercibido en el diagnóstico general.

Las migrañas con aura también son un factor diferencial. Este tipo de episodios se asocia a alteraciones temporales del flujo sanguíneo cerebral y multiplica el riesgo de ictus isquémico. La combinación de migrañas, anticonceptivos hormonales y tabaco configura uno de los escenarios de mayor riesgo para mujeres jóvenes.

Un riesgo multiplicado durante el embarazo y con profundas desigualdades

La evidencia es contundente: las mujeres embarazadas o recién paridas tienen tres veces más probabilidades de sufrir un ictus. Organismos como la Asociación Americana del Corazón lo consideran una de las principales causas de enfermedad y muerte materna. Y la situación se agrava en mujeres negras, asiáticas o de origen mixto, que registran cifras de mortalidad notablemente más altas por desigualdades en el acceso a la atención médica.

En EE. UU., las mujeres negras mueren por causas relacionadas con el embarazo a casi el doble de la tasa de las mujeres blancas. Factores como la hipertensión, la obesidad y la preeclampsia se combinan con retrasos diagnósticos y barreras sanitarias. En el Reino Unido, los datos de MBRRACE UK muestran desigualdades similares, lo que refuerza la urgencia de mejorar la atención prenatal y posnatal en todos los grupos poblacionales.

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