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El aviso de un médico sobre el estrés que casi nadie quiere escuchar

No es el trabajo ni la falta de tiempo lo que lo dispara según explica un cirujano con décadas de experiencia clínica

El estres a examen

El estres a examenGetty Images

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El estrés se ha convertido en uno de los grandes problemas de salud silenciosos de nuestro tiempo. La Organización Mundial de la Salud lo define como un estado de tensión mental provocado por situaciones difíciles, pero los datos muestran que va mucho más allá de un mal día puntual. La mayoría de las personas lo arrastra durante meses e incluso años, y ahí es donde empiezan los problemas serios.

Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, el cuerpo deja de compensar. Aumenta la presión arterial, se altera el metabolismo, aparecen trastornos hormonales y el riesgo de enfermedades como diabetes, obesidad o problemas cardiovasculares crece de forma clara. Por eso, no basta con dormir más o “tomárselo con calma” cuando el origen es más profundo.

El origen real

El médico y cirujano Manuel Sans señala un factor que suele pasar desapercibido pero que, según su experiencia clínica, está en el centro del problema. El estrés no nace tanto de lo que ocurre fuera como de cómo lo interpreta la mente. En sus palabras, el principal detonante es el ego.

Cuando la persona vive permanentemente desde la exigencia, la comparación, el miedo a perder o la necesidad de control, el sistema nervioso se mantiene en alerta constante. Esa tensión no se apaga sola porque no depende del entorno, sino de la forma de relacionarse con él.

Impacto físico

Sans insiste en que ninguna emoción es abstracta para el cuerpo. Cada estado emocional tiene una traducción biológica concreta. El estrés activa neurotransmisores y hormonas que, sostenidas en el tiempo, alteran el funcionamiento normal de órganos y sistemas.

No se trata solo de sentirse mal anímicamente. Esa bioquímica constante termina influyendo en la inflamación, en el sistema inmunitario y en la regulación hormonal. Por eso muchas enfermedades modernas no aparecen de forma aislada, sino acompañadas de estados prolongados de tensión emocional.

Control interno

Desde esta perspectiva, controlar el estrés no pasa únicamente por cambiar hábitos externos, sino por aprender a gestionar la respuesta interna. Reducir el peso del ego implica disminuir la reactividad emocional, aceptar mejor la incertidumbre y dejar de vivir en un estado permanente de amenaza.

Según el cirujano, cuando ese cambio se produce, el cuerpo lo nota de inmediato. Baja la activación constante, se recupera la sensación de calma y el organismo deja de funcionar en modo emergencia. No es una solución rápida ni superficial, pero sí una de las pocas que actúan sobre la raíz real del problema.

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