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"Un queso de buena calidad debería llevar solo cuatro ingredientes": la nutricionista Natalia Sirvent lo deja claro

La nutricionista Natalia Sirvent explica cómo reconocer un queso de verdad mirando solo la etiqueta y analiza algunos de los más comunes del supermercado

Elegir un buen queso empieza por revisar la etiqueta y comprobar que solo tenga leche, fermentos lácticos, cuajo y sal

Elegir un buen queso empieza por revisar la etiqueta y comprobar que solo tenga leche, fermentos lácticos, cuajo y salGetty Images

Patricia de la Torre
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La nutricionista Natalia Sirvent Prado ha compartido en redes sociales una explicación que ha despertado mucho interés entre quienes intentan comer mejor sin renunciar a alimentos tradicionales.

En su vídeo, que acumula miles de visualizaciones, la especialista insiste en que aprender a leer la etiqueta es la clave para distinguir entre un queso elaborado de forma tradicional y otro más industrial. Se trata de entender cómo se producen y qué nos indica realmente la lista de ingredientes.

Según su explicación, muchas personas creen que todos los quesos son iguales, pero la realidad es que existen grandes diferencias entre ellos dependiendo del proceso de elaboración.

Natalia Sirvent explica qué ingredientes debe tener un queso de calidad

Para la nutricionista, el primer paso para reconocer un buen queso es revisar su composición. Y la regla es sorprendentemente sencilla.

"Un queso de buena calidad debería llevar solo cuatro ingredientes básicos: leche, fermentos lácticos, cuajo y sal", explica Natalia Sirvent. Ese sería, según detalla, el punto de partida de cualquier queso tradicional.

El problema aparece cuando la lista de ingredientes empieza a alargarse. En esos casos pueden aparecer elementos que indican procesos industriales o modificaciones del producto. Por eso, en su vídeo lanza una advertencia muy clara: "Sin almidones, sin aceites, sin ‘preparados lácteos’ ni aditivos innecesarios".

La nutricionista insiste en que no siempre se trata de ingredientes peligrosos, sino de señales de que el queso ha sido modificado para acelerar la producción o abaratar costes. Cuando el proceso es más natural, explica, la receta suele mantenerse mucho más simple.

Natalia Sirvent analiza algunos de los quesos más comunes del supermercado

En su análisis también comenta algunos de los quesos que suelen encontrarse con facilidad en supermercados y les asigna una valoración orientativa según sus ingredientes.

El queso cottage, por ejemplo, recibe un 6 sobre 10. "No está mal", explica, aunque advierte que contiene un conservante que, si se consume de forma habitual, "puede alterar la microbiota".

La mozzarella obtiene una puntuación ligeramente superior, 7 sobre 10. En este caso menciona la presencia de ácido cítrico. "No es que sea un ingrediente malo por sí mismo, pero sí que indica que controlan artificialmente el pH con una producción más rápida y barata".

Entre las opciones que considera más interesantes menciona quesos como Havarti o Gouda, a los que otorga un 8 sobre 10. Según explica, ambos suelen tener una lista de ingredientes bastante sencilla basada en leche, fermentos, cuajo y sal, aunque en algunos formatos el Gouda puede incluir colorantes.

También destaca el Emmental, al que concede 8,5 puntos, especialmente como opción de queso rallado.

Uno de los productos que más le sorprende es el queso madurado en madera, al que da 9 sobre 10. "Es una opción muy desconocida, pero me parece muy buena opción", afirma. La única pega que señala es la presencia de cloruro cálcico, un ingrediente que no considera dañino pero que normalmente no aparece en quesos artesanales.

Cuando habla de quesos especialmente interesantes desde el punto de vista nutricional, Natalia Sirvent menciona uno en particular: el Parmigiano Reggiano.

Según explica, su denominación de origen protege el proceso de elaboración desde el inicio. Este queso se produce únicamente con leche cruda, cuajo y sal, y las vacas que producen la leche se alimentan principalmente de hierba, heno y forraje natural.

Además, el proceso de maduración es largo y natural, con un mínimo de doce meses, algo que influye tanto en el sabor como en la digestibilidad.

"Resultado: un queso muy nutritivo, fácil de digerir y con muchísimo sabor umami natural", explica.

La nutricionista también menciona el Roquefort como otro ejemplo de queso con denominación de origen estricta. En este caso se elabora exclusivamente con leche cruda de oveja Lacaune y madura en cuevas naturales.

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