El ratoncito Pérez y el poder de la risa

FONENDO
Hasta ahora, perder un diente de leche tenía un destino bastante previsible: debajo de la almohada y a esperar la correspondiente compensación del ratoncito Pérez. Pero resulta que esos pequeños dientes pueden esconder algo bastante más valioso que una moneda.
El proyecto Sagutxoa, impulsado por la Fundación The Walk On Project (WOP), en colaboración con LKS Next y el CSIC, a través del Instituto de Neurociencias de Alicante, quiere investigar enfermedades neurodegenerativas raras partiendo precisamente de dientes de leche de niños afectados.
De su pulpa se obtienen células que permiten generar en el laboratorio neuronas que desarrollan la enfermedad de forma similar a las del niño. Esas neuronas funcionan, establecen conexiones y, sobre todo, ofrecen a los investigadores un extraordinario banco de pruebas sobre el que experimentar.
Después entra en escena una pareja que últimamente aparece en todas las fiestas: inteligencia artificial y computación cuántica. Su misión será analizar la ingente cantidad de datos obtenidos buscando patrones ocultos que puedan proporcionar pistas para desarrollar nuevos tratamientos.
La fase inicial dispone de 120.000 euros y deberá demostrar que el procedimiento funciona y puede extenderse a más enfermedades.
Quién iba a decir que el ratoncito Pérez terminaría trabajando para la ciencia. Y, visto lo visto, quizá convenga no despreciar nada de lo cotidiano. Ni siquiera una buena carcajada.
Reírse no cura, pero quizá ayude a respirar
Porque si sorprendente resulta encontrar neuronas y posibles respuestas terapéuticas detrás de un diente de leche, tampoco parece muy académico pensar que reírse pueda ayudar a un paciente con EPOC a respirar mejor.
Y, sin embargo, eso es precisamente lo que ha investigado un ensayo clínico presentado en el Congreso de la Sociedad Respiratoria Europea. Durante ocho semanas, pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica participaron en sesiones estructuradas de ejercicios de risa, observándose una mejoría en la sensación de falta de aire.
Conviene aclararlo antes de que alguien sustituya el inhalador por una temporada de La que se avecina: la risa no cura la EPOC ni reemplaza los tratamientos médicos. Se estudia como una intervención complementaria, sencilla y potencialmente útil para mejorar determinados síntomas y la calidad de vida.
Pero el trabajo vuelve a poner sobre la mesa algo interesante. La investigación médica más sofisticada no siempre comienza con una molécula recién descubierta o una máquina de varios millones de euros. A veces parte de cosas tan vulgares como un diente que se cae o algo tan humano como reír.
Y quizá ahí esté el hilo que une estas dos investigaciones: mirar con otros ojos aquello que tenemos delante de las narices.
La ciencia necesita grandes tecnologías, naturalmente. Pero también investigadores capaces de preguntarse: “¿Y si probamos esto?”
Aunque ese “esto” sea guardar un diente de leche o echarse unas risas.