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Saltando entre muros 

Inventemos el cambio climático

Si no existiera, habría que crearlo: la oportunidad energética que España no puede desaprovechar

El cambio climático en la naturaleza

El cambio climático en la naturalezaGetty Images

Armando Paz
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No soy científico como para creer, o dejar de hacerlo, que el cambio climático es de origen antropogénico. La mayoría de los expertos lo aseguran. Pero la verdad no se mide cuantitativamente según su número de adeptos. De modo que, dada la extraordinaria complejidad de los factores en juego y la falibilidad de los modelos, cualquiera sabe… Lo que resulta poco discutible, -incluso para los negacionistas-, es que, como las meigas gallegas, el cambio climático, haberlo, haylo.

Ahora bien, si bajamos al terreno de la energía y los intereses nacionales de España, ahí si me planto y me pronuncio con vehemencia; aún si el cambio climático no existiera, habría que inventarlo. No se escandalice el lector antes de tiempo y atienda al argumento. Porque la transición hacia la descarbonización de nuestro sistema eléctrico nos ha traído oportunidades de competitividad para nuestro tejido productivo como nunca antes en nuestra historia industrial. Cuestión distinta es que estemos siendo capaces de aprovecharlas. Y en esto último, todo apunta a una respuesta negativa. 

Gracias a la abundancia de nuestros recursos renovables, hemos reducido nuestra dependencia energética de hidrocarburos que no tenemos y el mercado mayorista eléctrico arroja precios cero o negativos. Desde Europa, con el Pacto Verde Europeo y los distintos paquetes normativos que lo vienen desarrollando, se ofrecen estrategias, marcos y ayudas para fortalecer la cadena industrial de cero emisiones netas y de la autonomía estratégica de materias primas críticas, que también tenemos en España. 

Pero no es menos cierto que nos sobra energía renovable que se traduce en “vertidos”, en paradas de producción porque no hay suficiente demanda para tanta oferta o porque nuestras redes saturadas no dan ya para más; que se obliga aceleradamente a la industria a electrificarse para descarbonizarse o a pagar penalizaciones prohibitivas, pero cuando da el paso de hacerlo, se le niega el derecho de acceso y conexión a las redes eléctricas. También cierto que se establecen obligaciones y prohibiciones de muy difícil cumplimiento para nuestro sector agropecuario y pesquero, sin reconocer sus aportaciones a la economía circular y a los servicios ambientales. Y cierto también que abundan las irregularidades y corruptelas en los permisos que hacen proliferar placas y molinos allí donde nunca debieron estar. Y con tanto desgobierno, evidente también que el colapso tenía que llegar. Y llegó en forma de histórico gran apagón, que ha añadido más costes del “modo reforzado de operación” y de mayores emisiones y precios por el incremento del uso de ciclos combinado de gas, un 65% más desde el colapso. Todo de juzgado de guardia.

Pero que los árboles no nos impidan ver el bosque. Se puede conducir mejor nuestra transición energética. Lo hecho hasta ahora es tan caótico y desequilibrado que el margen de mejora es directamente proporcional al ego del Sr Sánchez. No podemos ni debemos renunciar a la descarbonización que, bien gestionada, aumenta la competencia, la eficiencia, la libertad de opciones, nos asegura menor dependencia, mayor autonomía nacional y personal. Y oportunidades de vertebración y cohesión territorial. Tenemos en abundancia el petróleo del siglo XXI; sol, viento, mar y agua. Y la energía marca precios históricos cero y negativos…hasta que entra en acción la tropa gubernamental para añadir cargos, peajes, tasas e impuestos que vuelven a encarecerla hasta resultar, como en el pasado, poco competitiva.

Está a nuestro alcance un futuro energético prometedor que nos ha regalado la naturaleza si sabemos cuidarlo. ¿Cómo? Con buena regulación, con ritmos posibles, con sinergias con los sectores productivos implicados, escuchando a los que saben, con realismo en la transición y ambición en los objetivos finales. Nuestro futuro hay que protegerlo de los que desde un extremo se empeñan en batir récords verdes, ajenos por completo a los riesgos del exceso de velocidad en carreteras curvas y en obras, pero también de aquellos que desde la otra orilla pretenden “cortan por lo sano”, descolgarnos de la carrera y simplemente prohibir circular, dejándonos aislados y bloqueados en donde siempre estuvimos; dependiendo de los aciertos de nuestros vecinos y de unos hidrocarburos que no tenemos. La reciente crisis energética la provocó la geopolítica del gas, como antes otras crisis las provocaron la geopolítica del petróleo. Circulemos por la vía de la transición energética y la descarbonización a buen ritmo pero seguros y sin mirar atrás; por primera vez, tenemos opciones de estar al final en el pódium y aprovechar sus ventajas. 

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