El misterio del bombeo olvidado
El bombeo reversible: la clave del almacenamiento para equilibrar el sistema eléctrico y evitar el desperdicio de energía solar

Embalse y presa de Picadas, en Aldea del Fresno, Madrid.
Prometíamos hablar del bombeo reversible en un artículo reciente en el que señalábamos como el gobierno viene marginando la termoeléctrica solar, una tecnología renovable que produce eléctricas las 24 horas con muchas ventajas para aportar seguridad y estabilidad de las redes y mitigación de picos de precios y además puede aportar energía calorífica a procesos industriales que la necesiten. Lo prometido es deuda.
El bombeo hidráulico reversible es una tecnología que permite aprovechar las instalaciones hidroeléctricas ya instaladas, utilizando energía eléctrica barata (horas valle) para bombear el agua represada en un nivel inferior a la presa de la cota superior, que volverá a soltar el agua para producir electricidad en horas caras (horas pico). Las empresas titulares obtienen un beneficio con ese arbitraje, obvio. Pero también el sistema y el consumidor; es una forma de almacenamiento de electricidad cuando hay exceso de oferta (horas valle) y de mitigación de precios elevados cuando hay escasez de oferta para cubrir toda la demanda (horas pico).
Una tecnología poco glamourosa que exige inversiones con retorno a la largo plazo, tecnología e ingeniería—no cabe en una foto de Instagram— y tramitaciones complejas, pero con muchas ventajas porque además de almacenar energía cuando sobra y devolverla cuando falta, da a las redes estabilidad, inercia, potencia síncrona… palabras poco sexys, pero que han cobrado gran protagonismo desde el gran apagón porque se han revelado imprescindibles para que no se nos acabe la fiesta.
¿Qué que fiesta? La fiesta de la fotovoltaica. Porque este gobierno de Sánchez como antes el gobierno de Zapatero, -que nos dejó un déficit de tarifa eléctrica de 28.000 millones de euros-descubrieron la pólvora energética al promover poner placas solares hasta en la caseta del perro. Veremos la herencia que nos deja Sánchez. Porque luz hay, salvo cuando se produce una apagón histórico. Y ahora muy barata, sí. Pero sólo a ratos. Porque cuando el sol se pone —detalle técnico menor—, comienzan los problemas de precio. Y cuando el sol vuelve a salir, comienza los problemas de estabilidad y continuidad del suministro y de control de tensión para el sistema y los vertidos y pérdidas para los productores por el exceso de oferta ante demasiada capacidad instalada.
Aquí es donde aparece la herencia que nos está dejando Sánchez en materia energética y que permite poner en duda su relato oficial de apoyo a las renovables: los resultados de esa política desequilibrada, vertidos masivos de energía —electricidad que tiramos porque no sabemos qué hacer con ella— y precios que suben y bajan como una montaña rusa. Porque este gobierno ha continuado levantando el muro que comenzó a levantar Zapatero; del lado del muro del gobierno, la fotovoltaica, ya sea en modalidad de grandes instalaciones conectadas al sistema, ya sea en modo de millones de placas para autoconsumo en edificios, industrias y chalets de todo tamaño y condición. Y del otro lado del muro, el resto de renovables, que parecen sufrir el desdén del gobierno sin razones aparentes que lo expliquen.
Los expertos técnicos señalan que con apenas 4 GW adicionales de bombeo podríamos reducir los vertidos en torno a un 60%, recortar emisiones de gas en proporciones similares y, de paso, depender menos del exterior. Y es energía renovable. Las baterías, por cierto, también existen y resuelven el almacenamiento de corto plazo además de poder aportar servicios de estabilidad a las redes. Pero también hasta hace poco, hasta el gran apagón, parecían un mito urbano para el Ejecutivo.
Pero no. Aquí llevamos años entretenidos en una tarea al parecer urgente, llenar el país de paneles, -aunque no se explicó aún el por qué de esas urgencias-, mientras ignoramos lo importante: cómo hacer realmente sostenible un sistema descarbonizado. Eso es política energética, planificación, regulación, estrategia de corto, medio y largo plazo con visión integral del sistema. Sin atajos, sin acelerones que luego se convierten en bruscos frenazos. Sin parches y patada hacia adelante.
Y uno, ingenuo, se pregunta: ¿cómo es posible que tecnologías renovables que aportan seguridad, firmeza y estabilidad duerman el sueño administrativo de los justos, mientras el gobierno impulsaba sólo aquella que ha acabado causando problemas? Causando problemas por su sobreoferta, causando problemas cuando funciona y también cuando no lo hace. Un problema que no es de la tecnología, que es de la política desequilibrada. El Senado acaba de señalar ese desequilibrio señalando al gobierno, la CNMC tomada por el sanchismo y la semipública REE, responsables de esas políticas, como responsables del apagón.
España
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Patricia Rodríguez Corchado
Cambiando de tema. China es el mayor productor de placas fotovoltaicas del mundo. Por cierto, ¿dónde están Sánchez y Zapatero?