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La eficiencia no vende: lo que una empresa de logística puede influir al no perder el tiempo

La revolución logística no está en correr más, sino en desperdiciar menos.

Vista aérea de una terminal portuaria de contenedores, símbolo del comercio internacional y de la complejidad de las cadenas logísticas globales.

Vista aérea de una terminal portuaria de contenedores, símbolo del comercio internacional y de la complejidad de las cadenas logísticas globales.

Raúl Martínez de Miguel

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Vamos a empezar con una cifra que a mí me llamó la atención cuando la encontré. 160 millones de euros. Eso es lo que China se ahorró en seis meses dentro del sector logístico. No por arte de magia ni por una inyección de dinero público. Lo ahorraron porque empezaron a hacer las cosas con un poco más de cabeza.

Y cuando digo con más cabeza no me refiero a reinventar la rueda. Hablo de cosas tan simples como planificar mejor una ruta, evitar que un camión vuelva vacío o no repetir tres veces el mismo papeleo. Cosas de andar por casa, pero aplicadas a miles de empresas al mismo tiempo.

Detrás de ese ahorro hay una empresa que probablemente no te suene. Se llama Kuayue Express. No es Alibaba ni Tencent ni los grandes nombres de siempre. Es una empresa de logística que un día tomó una decisión arriesgada, invertir más de 1.000 millones de yuanes en desarrollar un sistema de inteligencia artificial. Y destinó a 1.400 ingenieros a tiempo completo para que ese sistema aprendiera a tomar decisiones mejores que las humanas.

El resultado no es espectacular si lo cuentas rápido, pero tiene mucho peso si lo piensas con calma. Consiguieron reducir un 80% el coste de planificar las rutas. Y liberaron un 30% de su capacidad operativa sin tener que contratar a una sola persona más. Es decir, con los mismos camiones, el mismo combustible y los mismos empleados, movieron más mercancía y cometieron muchos menos errores. No hubo truco, solo mucha atención al detalle.

A veces me pregunto por qué historias como esta nos parecen tan lejanas. Porque en España también tenemos un sector logístico enorme. Vale el 7% del PIB, da trabajo a 850.000 personas y sigue creciendo a un ritmo del 2,6% anual. Hay empresas aquí que hacen las cosas muy bien. Pero me da la sensación de que nos falta esa obsesión silenciosa por mejorar cada día, aunque sea un poquito. Esa manía sana de preguntarse si lo que hicimos ayer se podía hacer hoy con menos esfuerzo.

Un estudio que analizó 52 empresas logísticas chinas durante casi diez años encontró algo curioso. Su eficiencia operativa pasó de 0,520 a 0,585. En un gráfico parece una subida pequeña, insignificante. Pero cuando aplicas esa décima de mejora a un país de 1.400 millones de personas, el resultado es una barbaridad. Hablamos de ciudades enteras moviéndose con menos fricción, de gente perdiendo menos horas en procesos innecesarios y de dinero que no se quema en combustible absurdo.

Mientras tanto, aquí seguimos teniendo otra conversación y hablamos de sostenibilidad como si fuera un problema de reciclaje o de huella de carbono. Nos compramos camiones eléctricos, instalamos paneles solares en los almacenes y contratamos consultoras para que nos midan las emisiones. Todo eso está muy bien, no me malinterpretes, pero no es el primer paso. El primer paso no da para anunciarlo en televisión ni para posar en la foto de la memoria anual. Se parece más a eso de que el pedido llegue bien a la primera, a que el paquete no tenga que dar tres vueltas porque alguien se equivocó de código postal o a que el camión no recorra quinientos kilómetros en vacío porque nadie se molestó en buscar una carga de vuelta.

Los chinos no son más listos que nosotros, solo han tenido menos margen para el error. Su crecimiento fue tan rápido y exponencial que la única manera de no colapsar era hacer su sistema más eficiente cada día, y no les quedó otra que centrarse en eso. Nosotros hemos ido más despacio y nos hemos permitido el lujo de dejar las ineficiencias para más adelante. Pero en este país, muchas veces lo provisional se acaba quedando para siempre.

No hace falta copiar a Kuayue Express. Pero sí copiarle la pregunta que se hacen cada mañana. Cómo hacemos esto hoy un poquito mejor que ayer. Qué estamos tirando que podríamos estar aprovechando. Dónde se nos escapa el tiempo mientras otros lo convierten en ventaja.

El bambú no crece empujando la tierra. Crece soltando nudos, dejando espacio, cediendo para no partirse con el viento. No se trata de apretar más ni de correr más rápido sino de optimizar el camino.

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