El puente de sostenibilidad España-América Latina, una oportunidad que no perdona procesos mal preparados
La entrada en vigor del acuerdo comercial entre la UE y Mercosur impulsa nuevas vías de negocio transatlánticas, pero advierte a las empresas: el éxito dependerá de preparar y adaptar su operativa interna antes de dar el salto.

Un buque en el muelle de descarga del Puerto de Barcelona, en Cataluña.
El 1 de mayo de 2026 entró en vigor de forma provisional el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, tras más de 25 años de negociaciones. El pacto crea un área económica que agrupa a más de 700 millones de consumidores y cerca del 30% del PIB mundial. Para España, el impacto es directo: hay al menos 1.709 empresas españolas con inversión directa en la región, lo que representa el 37% del total nacional con presencia exterior. A eso se suma que España se consolida como segundo destino extrarregional de las inversiones latinoamericanas y como punto de entrada estratégico hacia Europa.
En los últimos meses se ha debatido desde algunos ámbitos en España, especialmente en lo tocante a los sectores agrícolas, los supuestos impactos negativos. No es objeto de esta crónica juzgarlo ahora. Más bien al contrario, en la medida que el nuevo marco es ya una nueva realidad operativa desde la perspectiva empresarial, se trata de aprovechar las oportunidades que el nuevo marco genera. Nadie puede discutir que en materia de sostenibilidad se abren horizontes de colaboración especialmente interesantes, en energías renovables, en hidrógeno verde, en materias primas críticas, en economía circular y revalorización de residuos, biocombustibles, etanol, etc.
El escenario, en términos de oportunidad, es claro. Lo amplio de las oportunidades y el ámbito común compartido de lengua, historia y lazos familiares abona el terreno para PYMES y emprendedores y no sólo para grandes corporaciones. Lo que no siempre es claro es si las empresas que quieren cruzar el Atlántico en cualquier dirección están operativamente listas para hacerlo. Porque en este nuevo escenario, la diferencia entre el éxito y el fracaso puede marcarla no el tamaño ni la fortaleza financiera, sino entender y anticipar los procesos diferenciadores en cada uno de los países que conforman el ámbito del Acuerdo.
Una ventana que muchos van a intentar cruzar al mismo tiempo
Como el puente aéreo Madrid-Barcelona, un nuevo puente aéreo metafórico se abre entre España y Latinoamérica. Muchos se aventurarán a sacar el billete para explorar nuevos negocios con el nuevo marco. El Acuerdo elimina o reduce más del 90% de los aranceles entre ambas partes y abre oportunidades en sectores como energía, minería, transporte, telecomunicaciones, servicios financieros y contratación pública. Para las empresas españolas, el ahorro arancelario anual estimado asciende a 4.000 millones de euros para el conjunto de la UE, de los cuales alrededor de 500 millones corresponderán a España.
Del lado latinoamericano, la señal también es de aceleración. Los flujos de inversión extranjera directa emitida por América Latina y el Caribe en 2024 contabilizaron un total estimado de 53.035 millones de dólares, un 49% más en comparación al año anterior, marcando el tercer mayor registro anual de la serie histórica. Y el ecosistema emprendedor acompaña: el capital recaudado para empresas emergentes en América Latina creció un 26% en 2024 respecto a 2023, más que en Europa, donde subió un 7%.
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La ventana está abierta. El problema es que una ventana abierta no garantiza que lo que pase por ella llegue y aterrice bien al otro lado.
El cuello de botella que nadie menciona en los titulares
Cuando una empresa decide expandirse entre España y América Latina, el primer obstáculo visible suele ser regulatorio o fiscal. Pero el que termina costando más caro es operativo: los procesos internos no fueron diseñados para funcionar en otro contexto, con otro ritmo, con otra cultura de gestión y con otra tolerancia al error.
Una empresa que en su mercado de origen resuelve una incidencia logística en 48 horas puede tardar dos semanas en hacerlo desde el extranjero si no tiene protocolos adaptados. Un servicio que funciona bien presencialmente puede desmoronarse cuando la coordinación es remota y entre zonas horarias distintas. Una promesa comercial que se vende en Madrid o en Ciudad de México puede no sobrevivir al primer contacto real con el cliente si el back-o ice no está a la altura.
La experiencia del cliente no empieza en el momento de la venta. Empieza en cómo está estructurado el proceso detrás de esa venta.
Preparar la operación antes de cruzar
El vínculo cultural entre España y América Latina es real y es una ventaja competitiva frente a otros mercados. El idioma compartido, los marcos legales con puntos en común y la familiaridad histórica reducen la fricción inicial. Pero esa ventaja se dilapida rápidamente si la empresa llega a un nuevo mercado con procesos que no escalan, equipos sin claridad en sus roles internacionales o tecnología que no soporta la operación distribuida.
Lo que diferencia a las empresas que logran instalarse con éxito de las que regresan con pérdidas no es el tamaño del presupuesto de expansión. Es si antes de salir se tomaron el tiempo de revisar cómo funcionan realmente por dentro.
Transformar una operación para que sea eficiente en su contexto actual ya es un trabajo exigente. Hacerlo mientras se gestiona una expansión internacional es, en la mayoría de los casos, demasiado tarde. Las empresas que van a aprovechar esta coyuntura no son necesariamente las más grandes ni las más capitalizadas. Son las que llegan con la operación lista: con procesos diseñados para crecer, con equipos que saben qué hacer cuando algo falla y con una experiencia de cliente que no depende de que todo salga perfecto a la primera.
El momento es ahora. Pero el trabajo de preparación empieza antes de comprar el billete.