El terremoto de Venezuela también interpela a España: ¿y si mañana ocurriera aquí?
Mientras Venezuela lucha por salvar vidas entre los escombros, España mantiene vigente una normativa sismorresistente de 2002 y sigue sin culminar su adaptación al Eurocódigo 8, el estándar europeo frente a los terremotos.

Venezuela bajo los escombros, España ante el espejo.
“Ha sido bastante duro. Con la crisis humanitaria, todo se ha exacerbado. Pero, lamentablemente, es algo a lo que estamos casi acostumbrados”.
Me lo escribía estos días un amigo venezolano. Y en esas palabras cabe casi todo: el dolor de una tragedia natural, el cansancio de un pueblo golpeado demasiadas veces y la resignación terrible de quien siente que, incluso ante una catástrofe, el sufrimiento en Venezuela nunca viene solo.
España no puede mirar hacia Venezuela como si contemplara una tragedia lejana. Nos unen la historia, el idioma, miles de familias repartidas entre ambos países y una comunidad venezolana que forma ya parte de nuestra sociedad. Hoy muchos españoles miran hacia Venezuela con la angustia de quien sabe que, entre los afectados, puede estar alguien de su propia familia o de su círculo más cercano.
Los terremotos que han sacudido Venezuela, de magnitud 7,2 y 7,5, han dejado ya miles de víctimas y una devastación difícil de describir. Las primeras 72 horas son decisivas para encontrar supervivientes con vida. Por eso, cuando la ayuda llega tarde, no hablamos de burocracia: hablamos de vidas.
Y ahí empieza la segunda tragedia
Distintas informaciones denuncian que la ayuda humanitaria no estaría llegando con la rapidez necesaria a todas las zonas afectadas; que ciudadanos y voluntarios se están organizando como pueden; que algunos centros de recogida de ayuda vinculados a la oposición estarían siendo cerrados por el gobierno; y que incluso quienes quieren colaborar en las labores de rescate se encuentran con obstáculos administrativos absurdos en mitad de una emergencia. Y eso agrava aún más la tragedia.
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Porque para los venezolanos la tragedia no es únicamente natural. También es institucional. Y lleva siéndolo demasiados años. Cuando un pueblo lleva años sobreviviendo a una crisis humanitaria, un terremoto deja de ser solo una catástrofe natural. Se convierte en el golpe definitivo sobre una sociedad que llevaba demasiado tiempo resistiendo. Si, además, un régimen convierte incluso la ayuda humanitaria en un instrumento político, la tragedia deja de medirse solo en edificios derruidos, sino también en minutos decisivos perdidos para salvar vidas.
Por eso España no puede permanecer al margen. Hay que enviar ayuda, sí. Pero sobre todo hay que asegurar que llegue. La cooperación internacional, las ONG con presencia real sobre el terreno, la sociedad civil y las instituciones deben actuar con todos los instrumentos disponibles para que la ayuda no se quede atrapada entre la propaganda y los controles del régimen. Pero las tragedias también obligan a mirar hacia dentro
¿Qué pasaría si mañana un terremoto de gran magnitud golpeara España?
Sería un error pensar que esto nunca podría ocurrir aquí. España no es ajena al riesgo sísmico. Granada, Murcia, Almería, Málaga o la Vega Baja de Alicante forman parte de las zonas con mayor peligrosidad del país, por la interacción entre las placas Africana y Euroasiática.
No hablamos de ciencia ficción. Hablamos de una realidad geológica conocida. Lorca (Murcia) lo demostró en 2011. Un terremoto de magnitud 5,1-5,2 dejó nueve fallecidos, cientos de heridos y obligó al derribo de más de 80 edificios. No fue un gran terremoto en términos internacionales. Pero bastó para enseñar que el problema no es solo que tiemble la tierra; el problema es cómo hemos construido sobre ella.
Y ahí España tiene una asignatura pendiente
.La norma española de construcción sismorresistente sigue siendo la NCSE-02, aprobada en 2002. Desde entonces, la ingeniería europea ha avanzado hacia el Eurocódigo 8, el estándar europeo para diseñar edificios más resistentes frente a los terremotos. Sin embargo, la actualización española sigue sin culminarse.
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La Asociación de Ingenieros de Caminos denuncia que la nueva norma permanece bloqueada en el Ministerio de Transportes y que el texto planteado presenta importantes incoherencias técnicas. Mientras Europa lleva años perfeccionando sus criterios para construir edificios más resistentes frente a los terremotos, España mantiene vigente una normativa nacional de 2002 y sigue sin culminar una actualización que el sector lleva años reclamando.
Venezuela nos recuerda lo que ocurre cuando un régimen falla después de la catástrofe. Lorca nos recordó que España debe prepararse antes.
Nuestra obligación moral hoy es estar al lado del pueblo venezolano y exigir que la ayuda llegue sin trabas, sin propaganda y sin sectarismo. Pero nuestra responsabilidad política aquí es aprender antes de que sea tarde.
Las primeras horas después de un terremoto pueden salvar vidas. Pero las decisiones que más vidas salvan se toman muchos años antes, cuando un país decide cómo construye, cómo previene y si escucha o no a quienes llevan años advirtiendo del riesgo.
Los terremotos no se pueden evitar. Sus consecuencias, en parte, sí.