Este Mundial sí lo gana España
La promoción de la transición energética convive con una factura millonaria por los laudos derivados de los recortes a las renovables.

La deuda derivada de los arbitrajes por las renovables continúa aumentando pese a los fallos favorables a los inversores.
El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), que también tiene derecho a distraerse, ha convertido el Mundial en una Eurovisión de megavatios verdes. Ha tenido la ocurrencia, a falta de cosas más serias en la que ocupar tiempo y recursos, de elaborar unos gráficos que difunde en redes sociales antes de cada partido de nuestra Selección, en las que compara las renovables operando en España con las del rival.
Contra Cabo Verde presumió de que más del 56% de nuestra electricidad ya es verde; frente a Arabia Saudí alineó nuestros 142,5 gigavatios renovables contra su objetivo de 130 para 2030; y ante Uruguay organizó un enfrentamiento, más amistoso que el que resultó luego futbolísticamente, entre nuestro sol y su agua. La propaganda pública practica ya el fútbol total: mueve el gráfico hacia el foco que conviene y procura que nadie mire al banquillo ni a la bronca en vestuarios.
Porque en el pasatiempo de IDAE falta una clasificación menos fotogénica. Según el último índice internacional de cumplimiento de laudos, España encabezaba el mundo por número de arbitrajes impagados: 24, por delante de Venezuela, con 20, y Rusia, con 10. En cuantía ocupábamos el tercer puesto, detrás de esas dos acreditadas academias de seguridad jurídica. No es fácil jugar en esa liga, pero este Gobierno ha demostrado que, con perseverancia y dinero del contribuyente, ningún récord es inalcanzable.
De modo que el IDAE podría completar su serie con un España-Venezuela sobre laudos, un España-Rusia sobre embargos y una infografía titulada «De la prima renovable a la prima de riesgo». Sería menos alegre, pero más sostenible: pocas cosas contaminan tanto la inversión como un Estado que “vende” confianza y certidumbre mientras se resiste a cumplir decisiones judiciales firmes favorables a los inversores.
La deuda procede de los recortes retroactivos a las primas renovables. Zapatero empezó a cambiar porterías y reglas con el juego en marcha y Rajoy, agobiado por el déficit de tarifa de 30.000 millones de euros que le llegaba del primero, culminó la reforma. Pero Sánchez no está dispuesto a culminar ni a guardar la coherencia del Estado ni de nada; se niega ahora a cumplir las normas internacionales que regulan ese tipo de arbitrajes y decidió administrarlo como tantas cosas, negando la evidencia, alargando los procedimientos y confiando en que la factura llegue al siguiente.
Ya hay 29 fallos favorables a inversores, que suman cerca de 1.800 millones de euros; más intereses, abogados y costas, el marcador rebasa los 2.300 millones. Solo se ha pagado uno. Y es que si se paga a los de fuera, -piensan-, con más razón habrá que pagar a los de dentro, a esos pequeños ahorradores nacionales que se arruinaron con su inversión verde porque no pudieron recurrir a las instancias internacionales.
Mientras tanto, los poderosos acreedores internacionales siguen avanzando y acorralando a España, tiqui taca tiqui taca, dominando hasta ahora el choque.
En Bélgica llegaron a bloquearse cerca de 840 millones vinculados a ingresos de ENAIE. En Estados Unidos, ahora sede mundialista, los acreedores han rastreado contratos de Defensa, bienes comerciales e incluso pagos relacionados con la Selección. Ojo al dato: el Supremo de Estados Unidos acaba de rechazar el último recurso español y ha dejado abierta la ejecución de embargos. Un juez ha aclarado, por ahora, que la Federación y la Roja no son el Reino de España ni forman parte de su patrimonio embargable.
Todavía no hemos alcanzado el punto de entregar un extremo izquierdo para levantar un embargo. Pero de este gobierno cabe esperar cualquier cosa.
Crucemos los dedos para que nadie intente cobrar llevándose a Yamal, Oyarzabal o cualquier otro de nuestros cracks. Los españoles parecen capaces de perdonarle a Sánchez casi todo lo que vamos conociendo de su Gobierno y de su partido sin exigirle responsabilidad. Pero que no se llame a engaño: hundir a la Roja, con sus trilerías y apaños, no se lo perdonarían nunca. Más le vale pagar a tiempo.