ESdiario

La sostenibilidad se paga en litros de agua

Cuánto estrés ambiental supone la cultura del scroll y qué planes hay detrás para sostener este cambio social.

Central hidroeléctrica

Central hidroeléctrica

Raúl Martínez de Miguel

Creado:

Actualizado:

En el artículo anterior hablábamos del coche conectado y de cómo se ha convertido en un sensor con ruedas que envía información permanentemente. Un coche conectado genera hasta 25 gigabytes de datos por cada hora de conducción. Prorrateado a un uso real, un vehículo puede rondar los 30 o 40 gigabytes al día.

Cada gigabyte transmitido y almacenado consume alrededor de 200 litros de agua contando fabricación de infraestructura, transmisión y refrigeración de servidores. Un solo coche conectado genera entre 25 y 40 GB de datos al día, lo que equivale a entre 5.000 y 8.000 litros de agua diarios.

En el mundo hay 1.644 millones de vehículos en circulación. Si la mitad estuvieran conectados, la factura hídrica global rondaría los 5,3 billones de litros de agua al día solo por los datos de los coches. Suficiente para llenar más de 2 millones de piscinas olímpicas cada 24 horas.

Para dimensionar la cifra: la humanidad extrae actualmente alrededor de 10.960 billones de litros de agua dulce al día para todos sus usos, según AQUASTAT. Los coches conectados solos supondrían por tanto alrededor del 0,05% del consumo hídrico mundial. Ese 0,05% se suma a la industria, la agricultura, el consumo urbano y todo lo demás, solo estamos contando los datos de los coches. Veremos la cifra final por persona contando con móviles, IA, nube audiovisual o hasta los electrodomésticos conectados.

Cuánta agua bebe un día normal de scroll

En España consumimos de media 130 litros de agua por persona y día en el hogar. Ducha, cocina, limpieza, cisterna. Es lo que consideramos consumo real, el que sale por el grifo y aparece en la factura.

Un usuario medio consume alrededor de 0,5 gigabytes de datos móviles al día entre redes sociales, streaming, mensajería y navegación. Si sumamos el uso de WiFi doméstico (streaming en casa, cloud, videollamadas) llegamos fácilmente a 3-5 GB diarios totales. A razón de 200 litros por gigabyte, una persona con hábitos digitales normales gasta indirectamente entre 600 y 1.000 litros de agua al día en la nube, entre 5 y 8 veces lo que consume en su propia casa. Y no estamos contando los datos pasivos del vehículo, reloj inteligente, asistente virtual o su termostato conectado. La factura hídrica de estar enganchado al teléfono es infinitamente mayor que la de vivir. Actualmente no toda la sociedad utiliza tanto la tecnología, pero lo normal es que vaya aumentando con el avance digital y las nuevas generaciones.

El consumo de un centro de datos y lo que estamos permitiendo

Un centro de datos medio consume alrededor de 25 millones de litros al año. Los vinculados a inteligencia artificial llegan hasta 1,7 millones de litros diarios. Solo ChatGPT bebe 148 millones de litros de agua al día a nivel global. Morgan Stanley calcula que los centros vinculados a IA pasarán de consumir 560.000 millones de litros anuales hoy a más de un billón en 2028.

En España, los centros de datos de Amazon en Aragón consumieron 68 millones de litros en 2025, en una comunidad autónoma que arrastra sequías estructurales. La expansión prevista multiplica esa cifra. Aun así, se siguen firmando convenios en Aragón, Madrid, Extremadura y Cataluña sin condiciones serias sobre consumo hídrico, y en muchos casos en localidades donde ya se restringe el riego agrícola por sequía.

La trampa de creer que digitalizar es limpio

Nos vendieron el paso del papel a lo digital como el gran avance ecológico. Menos árboles talados, menos residuos, menos huella. Esto es totalmente cierto, ayudaría mucho al ecosistema, pero hay más análisis bajo la superficie. Los centros de datos, en su mayoría, refrigeran por evaporación: el agua entra líquida y sale al aire fuera del acuífero con las consecuencias que esto trae.

Lo que hace China y no hacemos aquí

El país que solemos poner como ejemplo de mala planificación ambiental está siendo bastante más estratégico que nosotros. China lanzó en 2026 el primer centro de datos submarino operativo con inteligencia artificial, haciendo una inversión de 226 millones de dólares. No necesita agua dulce para refrigerar y puede aprovechar la del mar. Reduce el consumo eléctrico un 40% y ahorra 61 millones de kWh al año.

En paralelo, Pekín ha concentrado la mayoría de sus grandes centros en Mongolia Interior, Ningxia, Gansu y Guizhou, zonas frías con excedente de energía renovable y sin competencia con acuíferos urbanos ni agrícolas. Ha impuesto por decreto un PUE máximo de 1,25 en 2026 para grandes centros, mientras que la referencia alemana ronda 1,55. Los centros que no cumplen se cierran por ley.

Aquí, mientras tanto, dejamos que Amazon, Meta o Microsoft se instalen donde quieren, incluidas comarcas con estrés hídrico. No es un problema de tecnología, es un problema de planificación. Cuando el próximo verano volvamos a leer titulares sobre restricciones de riego mientras un centro de datos vecino evapora millones de litros al día, ya no podremos decir que no lo sabíamos.

El futuro que estamos firmando sin leer

Sanidad digital con historial médico completo en la nube, administración pública 100% telemática, hogares con decenas de dispositivos conectados, ciudades con miles de sensores por kilómetro cuadrado, vehículos autónomos generando gigabytes por hora y modelos de IA que aprenden sin parar. Sumado todo, las proyecciones para 2030 sitúan el consumo hídrico digital global en torno al 2-3% del total mundial, más que toda la industria química y farmacéutica combinadas.

La pregunta no es si conviene digitalizar. La pregunta es cuánto podemos digitalizar sin planificar de dónde va a salir el agua para sostenerlo. Porque cada foto en la nube, cada correo guardado, cada dato del coche, cada consulta a un chatbot y cada hora de scroll está bebiendo en algún sitio. Y el planeta no tiene más agua por el hecho de que hayamos aprendido a llenarlo de servidores.

tracking