El transporte público afronta el reto de reducir sus emisiones con un modelo cada vez más diversificado

La electrificación, los combustibles alternativos, la digitalización y la generación de energía renovable se perfilan como algunas de las vías para avanzar hacia una movilidad colectiva con menores emisiones.

Un autobús del Grupo Ruiz

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La reducción de las emisiones se ha convertido en uno de los principales desafíos del transporte público de cara a las próximas décadas. La transición hacia modelos de movilidad más sostenibles no depende de una única tecnología, sino de la combinación de distintas soluciones adaptadas a las características de cada servicio, territorio y tipo de vehículo.

En este proceso, los operadores de transporte están incorporando progresivamente tecnologías como la electrificación, los combustibles alternativos o las herramientas digitales para mejorar la eficiencia de sus operaciones. Entre ellos se encuentra Grupo Ruiz, compañía española dedicada al transporte de viajeros por carretera, que asegura contar actualmente con un 86% de flota impulsada por energías que considera sostenibles.

La empresa, con más de 135 años de trayectoria, señala que dispone además de flotas urbanas íntegramente compuestas por vehículos considerados sostenibles en ciudades como Murcia, Salamanca, Toledo y Linares.

La apuesta por reducir el impacto ambiental del transporte colectivo no es reciente. Según explica la compañía, en 1996 incorporó el gas natural comprimido (GNC) y en 2019 puso en servicio una flota eléctrica, dos tecnologías que han formado parte de la evolución energética de su parque móvil.

Un modelo que combina distintas tecnologías

La electrificación constituye una de las principales vías de descarbonización del transporte urbano, aunque su implantación requiere también el desarrollo de infraestructuras de recarga y una adecuada planificación de las operaciones.

Grupo Ruiz asegura haber ampliado durante 2025 su red de recarga de 106 a 123 puntos. Al mismo tiempo, mantiene una parte significativa de su flota propulsada mediante gas natural comprimido: más de 325 vehículos, según los datos facilitados por la compañía, lo que representa el 52,15% de su flota nacional.

El gas natural también abre la puerta a la utilización de combustibles renovables como el biometano, una alternativa que puede contribuir a reducir las emisiones asociadas a determinadas operaciones sin requerir necesariamente una sustitución inmediata de todos los vehículos.

A estas tecnologías se suma la generación de energía renovable en las propias instalaciones. La instalación de paneles fotovoltaicos y sistemas de almacenamiento permite producir electricidad para autoconsumo y reducir, al menos parcialmente, la dependencia energética de las instalaciones y operaciones.

La digitalización también reduce consumos

La transformación del transporte público no se limita a cambiar el sistema de propulsión de los vehículos. La gestión de las rutas, la utilización de los recursos y el conocimiento de la demanda pueden tener también un impacto directo sobre la eficiencia del servicio.

En este ámbito, el análisis de datos y las herramientas de inteligencia artificial comienzan a incorporarse a la gestión de las operaciones para optimizar recorridos, ajustar los recursos a la demanda y reducir consumos energéticos.

Una de las aplicaciones es el transporte a demanda en zonas con menor densidad de población. Este tipo de servicios permite adaptar los desplazamientos a las necesidades reales de los usuarios, evitando recorridos con escasa ocupación y favoreciendo un uso más eficiente de los vehículos disponibles.

Medir para seguir reduciendo emisiones

La evolución hacia un transporte público con menores emisiones requiere también sistemas que permitan cuantificar los resultados obtenidos. La medición de consumos y emisiones facilita identificar ineficiencias y valorar el impacto de las medidas adoptadas.

En el caso de Grupo Ruiz, la compañía afirma que 2025 fue el tercer ejercicio consecutivo en el que redujo sus emisiones por kilómetro recorrido, acumulando una disminución del 19,52% desde 2022.

Más allá de los datos concretos de un operador, la experiencia refleja uno de los principales retos que afronta el transporte público: avanzar hacia la descarbonización manteniendo al mismo tiempo la eficiencia económica y operativa de los servicios.

La electrificación tendrá un papel creciente, especialmente en los entornos urbanos, mientras que combustibles como el biometano pueden ofrecer alternativas para determinadas aplicaciones. A ello se suman la digitalización, la optimización de rutas y la generación renovable.

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El objetivo de alcanzar un transporte colectivo con emisiones cada vez menores pasa, por tanto, por combinar tecnologías y soluciones en función de las necesidades de cada red. Una transición en la que el transporte público tiene además un papel relevante para reducir el uso del vehículo privado y avanzar hacia modelos de movilidad más eficientes.