Olvídate de Salem: el pueblo de las brujas de Granada que está escondido entre las montañas y bate récords de turistas
Soportújar, el pueblo de las brujas de Granada, ha pasado de ser una aldea olvidada en la Alpujarra a convertirse en un fenómeno turístico que fusiona leyenda, arte y sostenibilidad.

La icónica casa de Baba Yagá sobre patas de gallina da la bienvenida a los visitantes en Soportújar, el pueblo de las brujas de Granada.
Hay pueblos que parecen inventados para un spot de perfume o para el reel perfecto. Soportújar no es uno de ellos. Es real, está en la Alpujarra granadina y sí, está lleno de brujas. Literalmente. Pero nada que ver con clichés de Halloween. Lo suyo es más bien una mezcla de folk, galleguismo, storytelling rural y sentido del humor. Una identidad muy trabajada.
Y lo curioso es que esa identidad es doble: porque en Soportújar también se esconde un rincón que te transporta al Tíbet sin salir de Andalucía, con un templo budista fundado por los propios lamas tibetanos.
Soportújar ha pasado de superstición a icono cultural
El origen tiene tintes oscuros: en el siglo XVI, el pueblo fue repoblado con familias gallegas tras la expulsión de los moriscos. Los vecinos de la zona los tacharon de "brujos". Una mujer fue condenada por la Inquisición y la leyenda creció. Pero en lugar de borrar esa historia, decidieron usarla a su favor.
Ahí entra el Proyecto Embrujo, lanzado en 2006 por el propio ayuntamiento con un objetivo claro: convertir esa mala fama en motor turístico. Y lo petaron. Pasaron de tres comercios a más de 25 en menos de una década. Hoy, Soportújar es un ejemplo de cómo el branding puede revitalizar un pueblo, algo parecido a lo que ha conseguido el pueblo de los Pitufos en Málaga.
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Family-friendly con rollo
Lo más guay es que no es solo para frikis del ocultismo. Soportújar se ha convertido en un destino family-friendly de manual. Las rutas están pensadas para que los peques flipen con casas de Hansel y Gretel, dragones en las esquinas y calderos mágicos. Pero también para que los adultos se enganchen al vibe tranquilo, al paisaje brutal y al diseño cuidado de cada rincón.
Cada finde puede haber 6.000 visitantes, y durante la Feria del Embrujo en agosto se llega a los 20.000. Pero hay que saber cuándo ir: en temporada alta, los dos parkings se saturan y el acceso se regula. Lo ideal: escapada slow entre semana.
¿Qué ver y hacer en Soportújar?
Todo está tematizado pero con estilo. Te recibe Baba Yagá sobre patas de gallina (una escultura que ya es landmark). Hay un Centro de Interpretación de la Brujería, fuentes con caras de hechiceras, miradores con vistas alucinantes y callejones llenos de piezas XXL muy "feed friendly".
Puedes comer bien y sin postureo: migas, tapas en bodeguitas como Los Toneles de la Bruja o La Cantina del Dragón. Y si quieres dormir allí, hay casas rurales con muy buena pinta.