El pequeño pueblo de Navarra que guarda un ‘castillo de cuento’ y unas antiguas viviendas abiertas en la roca
Este municipio alberga dos tesoros para hacer una escapada a Navarra y disfrutar de una ruta entre torres medievales, historia y viviendas abiertas en la roca

Palacio Real de Olite
Cuando uno encuentra un sitio verdaderamente especial, lo nota. En Navarra, uno de esos destinos tan singulares es Olite, una pequeña localidad que alberga uno de los monumentos más fotografiados de la Comunidad Foral: el Palacio Real de Olite, o también conocido como Castillo de Olite. Sus torres, galerías, almenas y ventanales góticos lo han convertido en un ‘castillo de cuento’ y su historia está ligada al poder de los reyes navarros.
El propio Gobierno de Navarra lo sitúa entre los grandes emblemas turísticos de la comunidad. Y es que el Palacio Real de Olite fue visitado, solo en 2023, por 260.519 personas, lo que supone un récord desde que existen registros y el Ejecutivo Foral lo señala como el recurso turístico más visitado de toda Navarra.
Un palacio real que parece sacado de una ilustración medieval
Uno de los principales atractivos del monumento, además, es cómo aparece integrado en el casco histórico. El visitante, por lo general, llega a una localidad modesta, tranquila, y de repente se encuentra con un conjunto de piedra que domina todo el perfil urbano. El Palacio Real fue una de las sedes más representativas de los reyes de Navarra y, según documentación del Gobierno foral, debe buena parte de su configuración a la iniciativa de Carlos III el Noble, que estableció allí su residencia y convirtió el castillo en una obra admirada.
No es extraño que sea una de las escapadas más recomendadas para quienes buscan patrimonio sin necesidad de recorrer una gran ciudad. Olite permite pasear sin prisa, entrar en el palacio, recorrer sus torres y completar la visita con su casco antiguo, sus iglesias y su tradición vinícola. El resultado es una ruta muy visual, fácil de hacer en un día y con ese punto medieval que funciona especialmente bien para una escapada de fin de semana.
Las cuevas excavadas en la roca que completan la escapada
Pero el Palacio Real de Olite no es el único atractivo de la zona. El segundo está cerca, en Arguedas, conocido por sus cuevas. Las Cuevas de Arguedas fueron viviendas abiertas en el terreno y, hoy, forman uno de los recursos turísticos más singulares del país. Estas cuevas fueron desalojadas en 1965 y sus vecinos acabaron trasladándose al barrio de Venecia. Las cuevas, entonces, fueron acondicionadas para facilitar su visita turística, dado su potencial.
La visita tiene un valor especial porque permite al visitante conocer cómo era la vida cotidiana en estas viviendas, muchas veces asociadas a familias humildes y a una forma de habitar profundamente vinculada al terreno.
Una ruta perfecta entre Olite y Arguedas
La combinación entre Olite y Arguedas funciona porque une dos imágenes muy potentes de Navarra: por un lado, el gran palacio medieval de los reyes; por otro, las cuevas excavadas en la roca que hablan de una historia mucho más cercana y popular. Ambos permiten al visitante planear una jornada inolvidable; primero, un castillo de cuento. Luego, casas-cueva que sorprenden por su sencillez y su poderío visual.
Además, Arguedas se presenta como puerta de entrada a otros espacios muy visitados de la Ribera navarra, como las Bardenas Reales, lo que permite ampliar la excursión si se dispone de más tiempo. El resultado es una propuesta muy atractiva para quienes buscan un plan diferente: patrimonio medieval, memoria popular y paisajes excavados en la roca en una misma ruta por Navarra.