El clamor de las víctimas de Adamuz: “Aquí nadie va a dimitir y quieren quitarse los muertos de encima”

Las víctimas del siniestro denuncian negligencias en las vías, abandono institucional y un rescate tardío mientras el Gobierno esquiva responsabilidades y convierte el duelo en un campo de batalla político.

Por momentos, la entrevista se convierte en un grito contenido. En otros, en un relato frío y devastador. Mar Fadón habla con la serenidad que da la resignación, pero también con la firmeza de quien ya no espera nada del poder político. Su hermano, Agustín, trabajador ferroviario del tren Alvia siniestrado en Adamuz, es una de las víctimas mortales de un accidente que, según los familiares, “se podía haber evitado”.

En conversación con Esdiario TV, Mar pone palabras a lo que muchos familiares sienten desde hace días: abandono, indignación y una profunda desconfianza hacia quienes deben asumir responsabilidades.

“No va a asumir ningún tipo de responsabilidad”

Preguntada por la gestión política tras el siniestro, Mar no duda. “Ya estamos resignados. Sabemos que no va a asumir ningún tipo de responsabilidad. Para él todo estaba bien, todo estaba perfecto. Lo único que quieren es quitarse, nunca mejor dicho, los muertos de encima”.

Las miradas se dirigen directamente al ministro de Transportes, Óscar Puente, y a la cadena de decisiones —o de omisiones— que rodean al accidente. Las víctimas no esperan dimisiones. “La gente que trabaja con él es de su confianza. No va a echar piedras sobre su propio tejado”, sentencia.

Funerales, polémica y hartazgo político

Mientras las víctimas intentan gestionar su duelo, la política vuelve a irrumpir incluso en los homenajes. El funeral previsto en Huelva, al que asistirá la vicepresidenta María Jesús Montero, no contará con la presencia de la familia Fadón. “Nos pilla lejos y, sinceramente, no vamos a ir”.

Distinto es el caso del funeral convocado por la Comunidad de Madrid en la Catedral de la Almudena, que ha generado polémica en el Gobierno por su carácter religioso. A Mar, ese debate le resulta casi ofensivo: “Si no quieres ir, no vayas. Deja que cada uno haga lo que le dé la real gana con su vida”.

Miedo en la “familia ferroviaria”

Más allá del dolor personal, el testimonio de Mar apunta a un problema estructural. Su hermano llevaba tiempo alertando del mal estado de las vías y de los trenes. “Decía a mi madre: ‘Cualquier día me recogen del tren con cucharilla’. Y no hablaba de confort, hablaba de seguridad”.

Según relata, los trabajadores tienen miedo. Cafeteras que no se pueden usar porque “van dando botes”, carritos que vuelcan, trenes que circulan con limitaciones improvisadas. “Yo no quiero recuperar a mi hermano, porque eso es imposible. Lo que quiero es que sus compañeros se suban a un tren sin miedo”.

Rescate tardío y preguntas sin respuesta

Otro de los puntos más duros es el rescate. Las víctimas denuncian que los servicios de emergencia tardaron entre una hora y hora y media en llegar. “No entiendo por qué tardaron tanto. Hay llamadas al 112, hay caos. Parecía un tren fantasma, como si nadie supiera dónde estaba”.

Un retraso que, según los familiares, pudo costar vidas y que apunta directamente a Renfe y Adif.

“Esto no puede caer en el olvido”

Las familias ya buscan asesoramiento legal y no descartan crear una plataforma de víctimas. “Esto no se hace de un día para otro, pero se está moviendo y se está haciendo bien”, explica Mar. El objetivo es claro: que el accidente de Adamuz no termine sepultado por el ruido político.

“Que no tengan que morir más personas para que se haga algo. Que se arreglen las infraestructuras y que los trabajadores no tengan que ganarse el pan con miedo”.