carreteras en mal estado

Carreteras hechas polvo y Hacienda en récord: 30.000 millones recaudados… y un agujero de 13.500 para no matarnos a baches
Enrique Miralles, Director Técnico de la Asociación Española de la Carretera, denuncia que recaudamos como un país de autopistas premium, pero circulamos entre grietas, baches y parches: 30.000 millones entran cada año por la carretera y, aun así, falta inversión para tapar un agujero de 13.500 millones que ya se nota en el volante.
Las lluvias aprietan y los baches brotan como setas. Pero el problema no viene de esta semana: viene de años. España presume de una de las redes de autovías más extensas de Europa, pero la realidad que pisan (y sufren) millones de conductores es otra: firme cuarteado, grietas que se convierten en cráteres y tramos donde lo “normal” ya es ir esquivando desperfectos.
Y lo más llamativo es la pregunta que se repite en cada conversación de gasolinera: pagamos impuesto de circulación, IVA por la gasolina, impuestos al comprar el coche, por la ITV; si pagamos por todo, ¿por qué están así?
La respuesta, con cifras y sin rodeos, la pone sobre la mesa Asociación Española de la Carretera, a través de su director técnico, Enrique Miralles, que recuerda que su entidad elabora cada dos años un estudio de conservación. El último, presentado en 2025, dejó un diagnóstico incómodo: la red “dista mucho de ser la adecuada”.
El dato clave: 13.500 millones para arreglarlo… y se recaudan 30.000
Según Miralles, el transporte por carretera aporta “de una u otra manera” alrededor de 30.000 millones de euros al año (hidrocarburos, matriculación, etc.). Sin embargo, el déficit de conservación que estiman ronda los 13.500 millones: el dinero que haría falta para poner la red en un estado razonable de servicio.
Entonces, ¿por qué no se hace?
Porque —y aquí está el corazón del problema— lo recaudado no vuelve directamente a la carretera. No existe una “hucha” finalista: va a una bolsa común y después los gobiernos van asignando partidas “según lo que estiman oportuno”. Traducción: la carretera ingresa muchísimo y recibe relativamente poco.
Adiós peajes, hola desgaste
En la conversación aparece otro elemento que muchos conductores han notado: cuando una autopista deja de ser de pago, el tráfico se dispara. El entrevistador menciona la liberación de tramos como la A-7 y la A-4 (por ejemplo, el eje Sevilla–Cádiz), vinculándola a decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez.
Miralles lo explica sin ideología y con lógica de manual: si levantas la barrera, entra más tráfico; si entra más tráfico, hay más desgaste; y si mantienes la misma inversión de antes, la carretera se degrada más rápido de lo que la conservas. Resultado: peor firme y peor nivel de servicio.
No es solo “Transportes”: el problema está en toda España
Aquí conviene mirar el mapa administrativo. Porque cuando decimos “las carreteras”, no hablamos de una sola red:
- Red del Estado (dependiente del Ministerio de Transportes): unos 26.000 km.
- Redes autonómicas: alrededor de 70.000 km.
- Redes provinciales (diputaciones): otros 70.000 km aproximadamente.
Y el diagnóstico es transversal: faltan recursos económicos y humanos. Los técnicos lo saben, pero “no se los dan”. Habrá administraciones mejor organizadas que otras, sí; pero el déficit, dice, está en todas.
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“Mantener no es un gasto. Es una inversión social”
Miralles lanza un mensaje que muchos políticos repiten en campaña y olvidan en el BOE: el mantenimiento no es un capricho ni “obra para la foto”.
La carretera es el único transporte “puerta a puerta”: te lleva al trabajo, al hospital, a la escuela. Y, además, soporta el grueso del país: en viajeros y mercancías, el reparto modal deja un dato contundente sobre la mesa: más del 90% se mueve por carretera, frente a porcentajes mucho menores en ferrocarril.
España, añade, tiene un patrimonio de infraestructuras enorme: presume de alta velocidad y, en carreteras, presume de autovías como nadie en Europa. Pero la pregunta cae por su propio peso: ¿de qué sirve tener 15.000 km de autovías si no se mantienen?
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La lluvia solo destapa lo que ya estaba roto
Con agua, lo que era una simple grieta se convierte en bache en tiempo récord: el agua entra, rompe, agranda… y cuando quieres reaccionar, ya no es un parche: es una reparación seria.
Y así estamos: pagando por todo —circulación, matriculación, carburantes, taller, ITV— y circulando como si el firme fuera un asunto secundario.
Porque, al final, no se trata de ideología: se trata de prioridades. Y hoy la prioridad no parece ser que la red por la que se mueve el país esté, como mínimo, a la altura.