La decisión crucial que espera a Puig en una semana clave

Puig afronta una gran responsabilidad esta semana

Puig afronta una gran responsabilidad esta semana

Mientras crecen las presiones, las preguntas y la resignación, el president de la Generalitat tendrá que valorar qué hace ante el final inminente de un plazo que se marcó

“Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un pedazo de carne. Vio su propio reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo. Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su compadre".

"Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: este, porque no existía, solo era un reflejo; y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente".

Del fabulista griego Esopo ha sobrevivido un ingente legado de historias, mucha mayor que lo que ha trascendido de su propia biografía. El mensaje de sus fábulas resulta tan vigente hoy como hace más de 2.500 años, más o menos cuando se calcula que murió en la mítica Delfos, la ciudad con el recinto consagrado al dios Apolo famosa por sus oráculos. 

Los dos primeros párrafos de este artículo corresponden a la fábula del perro y su imagen en el río, de cómo las apariencias, incluso las propias, pueden engañar o cegar, en el sentido metafórico de la palabra. Y de cómo el centrarse en obtener los bienes ajenos puede provocar que perdamos los propios, que, además de seguros, no tienen por qué ser peores que los extraños.

Esta reflexión me venía a la mente cuando escuchaba la comparecencia del president de la Generalitat, Ximo Puig, el pasado jueves por la noche. Explicaba las nuevas medidas restrictivas para reducir la expansión del covid-19 en la Comunidad Valenciana.

Se explayó en una, la que se denomina con el nuevo eufemismo de cierre perimetral (otra expresión que sumar a confinamiento, nueva normalidad...), aunque bien podría llamarse más claramente encierro autonómico. No había, a nivel regional, más novedades. No obstante, la inmensa mayoría de preguntas que le llovió iba en la línea de si pensaba adoptar mayores restricciones, recordándole que en otros lugares se aplica el cierre de bares y restaurantes, o el toque de queda a una hora anticipada.

Tanto le insistían que al final el propio Puig apeló a la calma y a la moderación en las medidas. En similar tesitura se ve envuelto en cada comparecencia el ministro de Sanidad, el filósofo Salvador Illa, que ha tenido que aclarar con reiteración que el decreto de alarma no prevé el confinamiento.

Sí, porque si en marzo nos dejó estupefactos el hecho de tener que permanecer encerrados por decreto en los hogares, una experiencia inédita en la vida de la inmensa mayoría de la población, desde mitad de septiembre parece que una parte de la población se haya sumergido en una suerte de resignación, a la espera de recibir la orden de una nueva clausura. 

Miramos el ´pedazo de carne´ de Francia (con alrededor de un 30% más de contagios de media por cada cien mil habitantes que España) y ese bocado incluso parece más apetitoso, aunque conlleve el cierre de bares y restaurantes. Estos locales, no lo olvidemos, no solamente constituyen un actor esencial en nuestra economía mediterránea, sino que aportan una vitalidad y una alegría social clave en nuestras relaciones.

 

Puig se dio una semana. Esta que afrontamos. Se puso el día 7 de noviembre como margen para adoptar nuevas medidas. En un sentido o en otro. En sus manos queda el futuro económico y, en cierto modo, anímico, de los cinco millones de habitantes de la Comunidad Valenciana. De sus hombros pende la responsabilidad de adoptar más recortes de movimientos, de mantener la calma pese a las presiones o, por qué no, de aligerar restricciones si la virulencia de la pandemia lo permitiera. 

Esta semana tendrá que adoptar una nueva decisión en un contexto de limitaciones en países vecinos como Portugal o Francia, con el gobierno español advirtiendo de que llegan semanas muy duras, con los contagios (detectados) creciendo y con la oscuridad del otoño impregnando nuestras vidas. 

Ante esta coyuntura, volvería a la fábula de Esopo y miraría el pedazo de carne que tenemos en nuestra boca canina. Si contemplamos nuestros parámetros, la Comunidad Valenciana se halla a la cola de España en cuanto a contagios. Quizás sea una cuestión de suerte, puede que se debe al clima. Desde luego que hace falta reforzar el personal sanitario. En cualquier caso, si miramos al río, prefiriría que Puig no contemplara Navarra, Cataluña o Francia y pensara hacerse con sus ´pedazos´.

Le pediría que se girara, por ejemplo, hacia Canarias, también turística y marítima, abierta a los visitantes. O, mejor, que se conformara con el trozo de carne que tiene y siguiera su camino, el nuestro, el de la Comunidad Valenciana. Con sus propias circunstancias. Por muchas preguntas o presiones que reciba. Y, si le surgen dudas, que piense en Alaska y en sus inviernos sin sol, sumidos en la oscuridad. Porque así podríamos sentirnos en un nuevo encierro domiciliario.

El president y su equipo afrontan una semana decisiva en medio de un contexto cambiante. Con ese Rubicón que es noviembre por atravesar en la lucha contra el coronavirus. El primer paso lo dio el jueves 29 de octubre, con el cierre de la autonomía. Para el segundo, se ha puesto como meta el 7 de noviembre. Empieza una semana crucial en la que el máximo responsable autonómico debe tomar una decisión clave.

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