20 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Glamour monegasco: los 5 vestidos que merecen la pena del Baile de la Rosa

La gran ausente fue de nuevo la princesa Charlene, centrada en el cuidado de sus hijos pequeños. El resto de las mujeres de la familia Grimaldi acertaron con sus looks. Especialmente una.

Un año más fue el diseñador de cabecera de las mujeres de la familia Grimaldi, Karl Lagerfeld, el encargado de organizar y decorar la Salle des Étoiles para celebrar el evento benéfico que posa todas las miradas sobre Mónaco: el Baile de la Rosa. Es una de las fechas más esperadas en el calendario de los monegascos por el glamour y la sofisticación que cada año se concentran en torno a la figura de la Princesa Grace y la fundación benéfica que lleva su nombre.

Dar la bienvenida a la primavera y recaudar fondos para seguir apoyando los proyectos emprendidos constituyen los objetivos de esta cita que reúne anualmente a miembros de casas de reales de todo el mundo. Entre los 900 invitados de este año se encontraban miembros de la familia real de Egipto. El exótico menú dulce-salado tuvo un precio simbólico de 800 euros por persona como donativo. 

El príncipe Alberto ejerció de anfitrión en una gala donde la ausencia más sonada fue la de su esposa Charlene, que como el año pasado no acudió a la cita. Su hermana, la princesa Carolina, repitió una vez más como representante de la rama femenina de los Grimaldi con un vestido de Chanel.

Alrededor de las nueve de la noche, el resto de la comitiva entró en el Sporting Club de Montecarlo. Los cuatro hijos de Carolina: Carlota, Andrea -en compañía de su mujer Tatiana Santo Domingo-, Pierre -junto a Beatrice Borromeo- y la pequeña Alejandra de Hannover, que debutó a los 16 años con un vestido rosa empolvado también de Chanel.

Llegó radiante de la mano de su hermana Carlota quién esta vez escogió un mono de seda blanco y una capa dorada para brillar con luz propia.

En cuanto a estilismo se refiere, la gran reina de la noche fue sin duda la esposa de Pierre Casiraghi. Beatriz Borromeo eclipsó con un vestido rojo de Giambattista Valli con escote palabra de honor digno de una alfombra roja de Hollywood. Con el pelo recogido y sin dejar de mirar embelesada a su marido, acapararon todas las miradas en la pista de baile.

Los aires caribeños en los que Lagerfeld envolvió la noche contagiaron el ambiente. Los tonos verdes de su próxima colección recordaban a los campos de azúcar y los colores turquesa al mar de la isla. Las mesas lucían originales y coloridos manteles con frutas pintadas. Todos los detalles trasladaron a los invitados a una cena en una auténtica calle de La Habana.  Entre las invitadas, la productora árabe Diala Makki, sorprendió con un vestido azul metalizado y un clutch verde. 

 

 

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