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La crisis ferroviaria tras Adamuz y Urda asfixia a Andalucía: pérdidas turísticas estimadas en 300 millones

Los accidentes agravan los problemas de conexión con Madrid y amenazan la actividad económica andaluza. El sector turístico teme nuevas cancelaciones, mientras Almería acumula dificultades por las obras ferroviarias de Despeñaperros

El servicio de alta velocidad parado en la estación de Málaga

El servicio de alta velocidad parado en la estación de MálagaAlex Zea

Eugenio Narbaiza
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Los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda vuelven a colocar a Andalucía ante una grave crisis de comunicaciones con Madrid, cuyas consecuencias van mucho más allá de la interrupción temporal de los trenes. El turismo, la hostelería, el comercio y la actividad empresarial afrontan un nuevo escenario de incertidumbre, mientras Renfe mantiene bloqueada la venta de billetes hasta el 13 de diciembre.

A esta situación se suma el caso de Almería, que desde el pasado mes de septiembre ha perdido su conexión Intercity directa con Madrid debido a las obras ferroviarias de Despeñaperros, cuyo plazo de ejecución previsto es de 14 meses.

Esta acumulación de problemas amenaza con agravar los desequilibrios territoriales de una comunidad cuya economía depende considerablemente de la movilidad de los viajeros.

Las consecuencias económicas de los accidentes ferroviarios

El problema que vuelve a afectar a Andalucía tiene su antecedente en el accidente de Adamuz, ocurrido el pasado mes de enero, cuyas consecuencias fueron importantes tanto para el transporte de viajeros como para el sector turístico.

Cuando todavía no se han disipado sus efectos económicos, el accidente de Urda ha vuelto a alterar las comunicaciones entre Madrid y las principales capitales andaluzas.

La decisión de Renfe de suspender la venta de billetes hasta el próximo 13 de diciembre añade incertidumbre, ya que esta fecha constituye un horizonte preventivo para la comercialización, pero no una confirmación de que, a partir de entonces, la línea pueda recuperar su normalidad operativa.

Ante estas circunstancias, el efecto económico de la incertidumbre resulta relevante. Los viajeros no disponen de la misma previsibilidad a la hora de organizar sus desplazamientos y las empresas turísticas encuentran dificultades para planificar sus campañas.

Una de las primeras advertencias se produjo después del accidente de Adamuz, cuando el consejero de Turismo de la Junta de Andalucía cifró en 500.000 euros diarios las pérdidas generadas por la interrupción de la conexión ferroviaria y los problemas de infraestructura.

Esta cifra puede servir de referencia para establecer la dimensión económica de la crisis. Si tomamos como base lo sucedido en Adamuz, las pérdidas relacionadas únicamente con la movilidad alcanzarían los 22 millones de euros.

El impacto real dependerá de la duración de la interrupción, de la existencia de alternativas de transporte y de la evolución de las reservas turísticas.

La Asociación de Hosteleros de la Costa del Sol llegó entonces a advertir de pérdidas superiores a 300 millones de euros relacionadas con las reservas turísticas. También se estimó que 65.848 viajeros dejarían de llegar a la capital malagueña, lo que supondría un impacto de 109 millones de euros hasta marzo.

Diez millones de viajeros entre Madrid y Andalucía

Para comprender la dimensión del problema, basta con observar el número de viajeros. Según los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, el corredor Madrid-Sevilla registra cinco millones de viajeros, a los que se suman otros cinco millones en el corredor Madrid-Málaga-Granada.

Estas cifras permiten entender la importancia estratégica del tráfico ferroviario entre Madrid y Andalucía. Repartidos proporcionalmente a lo largo del año, los diez millones de viajeros equivalen a una media aproximada de 27.400 desplazamientos diarios entre ambos corredores.

No podemos olvidar que el ferrocarril constituye una alternativa competitiva frente al transporte aéreo, que ha permitido aumentar el número de viajeros y reducir significativamente los precios de los desplazamientos.

Almería, perjudicada por las obras de Despeñaperros

Pero si existe un elemento especialmente preocupante en el transporte ferroviario andaluz es el caso de Almería, que desde el pasado septiembre tiene interrumpida su conexión Intercity directa con Madrid a causa de las obras de Despeñaperros.

Estos trabajos, con una duración prevista de 14 meses, forman parte del proyecto de autopista ferroviaria Algeciras-Zaragoza.

La consecuencia para Almería es que pasa a depender de una oferta más limitada. Se mantienen dos servicios Alvia entre Almería, Granada y Madrid, mientras el tramo entre Almería y Linares-Baeza se realiza en autobús.

Hay que tener en cuenta que, hasta septiembre, el desplazamiento ferroviario entre Almería y Madrid tenía una duración de seis horas y cuarenta minutos.

Esta situación afecta a una provincia costera con una considerable actividad turística, cuya economía depende de la llegada de visitantes nacionales y de sus conexiones empresariales.

Además, sus 80.000 hectáreas de invernaderos constituyen una de las grandes huertas de Europa y sostienen una actividad exportadora que se aproxima a los 12.000 millones de euros.

La cuantificación del perjuicio ferroviario almeriense debe tener en cuenta los 130.149 viajeros anuales que utilizan el tren entre Almería y Madrid, con una media de 10.846 desplazamientos mensuales.

Este cambio en las condiciones del transporte resulta vital para Almería, ya que puede provocar una pérdida de competitividad. Las dificultades de un desplazamiento complicado hacen que muchos viajeros puedan plantearse otros destinos con mejores comunicaciones.

La desigualdad territorial y la responsabilidad del Gobierno

Lo cierto es que la sucesión de estos acontecimientos vuelve a plantear una cuestión política de fondo: la desigualdad territorial en materia de infraestructuras.

Por esta razón, sería conveniente que la Junta de Andalucía elaborase una evaluación económica por provincias, con especial atención al sector turístico, la evolución de las reservas hoteleras y el número de viajeros que han tenido que cambiar de medio de transporte para llegar a su destino.

Las estimaciones indican una exposición económica de decenas de millones de euros. Andalucía, que representa uno de los principales motores turísticos de España, no puede permitirse estar desconectada de Madrid.

Además, residir en una provincia periférica como Almería supone una evidente desventaja económica cuando las comunicaciones dificultan su desarrollo, a pesar de la importante demanda turística que existe durante el verano, en otras temporadas y a través de los programas del Imserso.

Todo ello convierte a Almería en una provincia cuyo desarrollo se ve frenado por las carencias de infraestructuras y por la falta de soluciones del Gobierno central.

Miembros del Ejecutivo, entre ellos el presidente Pedro Sánchez y el ministro Félix Bolaños, poseen propiedades en zonas de Almería, circunstancia que, de confirmarse, reforzaría su conocimiento personal de los problemas de comunicación de la provincia.

Sin embargo, ese conocimiento no se ha traducido, hasta ahora, en las soluciones que necesita una zona costera mediterránea con capacidad para competir en el mercado turístico nacional.

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