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Pedro Sánchez vuelve al ataque contra el Rey Felipe: plantón sin precedentes

Pedro Sánchez y el Rey Felipe VI en a la inauguración del MWC, el 3 de marzo.

Pedro Sánchez y el Rey Felipe VI en a la inauguración del MWC, el 3 de marzo.Europa Press

David Lozano
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Tal y como le venimos contando en ESdiario, la tensión entre Pedro Sánchez y Felipe VI ya no es un secreto ni un chisme de pasillos. Es una guerra institucional abierta, sorda y cada vez menos disimulada. Una guerra que, lejos de calmarse, ha entrado en fase de ebullición. Y como suele ocurrir cuando uno de los dos actores juega a desgastar al otro desde las trincheras del poder, los efectos se notan. Porque lo que está haciendo Sánchez con la figura del Rey no tiene otro nombre: deslealtad institucional. Fría, calculada y, lo que es peor, sostenida en el tiempo.

Lo de Paiporta fue el primer gran aviso. Allí, durante una visita tras la DANA que había arrasado la horta sud valenciana, se vivió una escena grotesca y reveladora. Los Reyes, Pedro Sánchez y Carlos Mazón acudían a mostrar apoyo, pero lo que se encontraron fue una bronca monumental. Barro volando, gritos de “fuera” y una población indignada por el abandono. ¿Qué hizo el presidente del Gobierno? Salir por piernas, el galgo de Paiporta mientras el Rey y la Reina Letizia aguantaron el tipo: dialogar, dar (y hasta poner) la cara cuando las cosas arden. Lo que hace un Jefe de Estado.

Pero ese episodio no quedó solo en una anécdota. Según fuentes que ha revelado ESdiario, la bronca entre Sánchez y Felipe fue de órdago. Gritos, reproches, y hasta tuvo que intervenir la Reina Letizia para calmar los ánimos. No era solo una diferencia de criterios. Era el reflejo de una fractura más profunda: Sánchez no soporta compartir protagonismo con un monarca que, sin necesidad de micrófono, le gana en legitimidad moral cada vez que salen juntos.

Y ahora llega el capítulo final —por ahora— de este pulso que ya no se disimula. El próximo miércoles 23 de abril se celebra la entrega de los Premios Cervantes. Una cita cultural de primer nivel. Un acto de Estado. Un evento donde el Rey entrega el máximo galardón de las letras en lengua española. Y Pedro Sánchez… no irá, rompiendo con la tradición que marca que acudan los presidentes del Gobierno.

El presidente del Gobierno ha decidido borrarse de la foto. Plantón en toda regla. Ni justificación oficial ni motivos de agenda creíbles. Simplemente, no va. Porque no quiere coincidir con el Rey y, sobre todo, no quiere exponerse a las abucheos y que se compare a la buena imagen de Felipe VI, aplaudido por los complutenses y garante de la cultura y del consenso institucional.

Gritos contra Pedro Sánchez

El año pasado, Sánchez fue recibido con abucheos y gritos por parte de los ciudadanos que aguardaban la llegada de las autoridades. Los presentes lanzaron vivas a los Reyes, además de halagos hacia la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Este último desplante no es casual. Es otro paso más en el camino cuidadosamente trazado por Sánchez para vaciar de contenido el papel del Rey. Lo hemos visto con los indultos, con la Ley de Amnistía y con su silencio cada vez que el monarca ha sido atacado por sus socios separatistas. Nunca un presidente del Gobierno había sido tan tibio con la institución que representa a todos los españoles. Nunca un jefe del Ejecutivo había utilizado la distancia con el Rey como herramienta política.

Y aquí no hay equidistancias que valgan. El culpable del deterioro de la relación entre Moncloa y Zarzuela tiene nombre y apellidos: Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Él ha optado por convertir al Rey en un estorbo. En un obstáculo. En un testigo incómodo de su deriva hacia una democracia de autor, donde sólo cabe su palabra.

Lo peor es que esta estrategia no solo erosiona la figura de Felipe VI. También erosiona la imagen de España como Estado serio y coherente. Porque cuando el presidente planta al Rey en una ceremonia como la de los Cervantes, lo que está diciendo al mundo es que aquí ya no hay consensos ni respeto institucional. Solo cálculo, poder y propaganda.

Sánchez ha roto las formas. Ha dinamitado los puentes. Y lo ha hecho con plena conciencia. Lo de Paiporta fue barro. Lo de Alcalá de Henares, directamente, es una patada al protocolo y a la convivencia democrática.

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