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Filtran un grave incidente con amenazas entre Leonor y dos escoltas

A la Princesa le quedan dos escalas antes de acabar su primera etapa en Elcano el próximo 5 de junio en Nueva York. Parece que se complica el asunto de su seguridad personal

Leonor y la Reina Letizia se reencuentran, tras 4 meses, el 3 de mayo.

Leonor y la Reina Letizia se reencuentran, tras 4 meses, el 3 de mayo.Casa de S.M. el Rey

David Lozano
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Parece que la actualidad en torno a la travesía de la Princesa Leonor a bordo del Buque Escuela Juan Sebastián Elcano se centra ahora en los escoltas que acompañan a la heredera.

Este martes 20 de mayo les contábamos en ESdiario que una de las figuras clave en la seguridad de la Princesa es su escolta personal, una mujer que lleva meses a la sombra de la Princesa y que, según fuentes cercanas a Zarzuela citadas por Monarquía Confidencial, empieza a mostrar signos claros de agotamiento. El calendario frenético de actos, desplazamientos y escalas en el marco de su formación a bordo del buque escuela Juan Sebastián de Elcano ha elevado la carga laboral del equipo de seguridad a niveles preocupantes.

Y es que proteger a Leonor ya no es solo una cuestión de integridad física, sino también de blindaje mediático. La consigna es tajante: ni una imagen más fuera de control, tras los recientes episodios de sobreexposición en América Latina. Para ello, el dispositivo de seguridad se ha duplicado, con inspecciones en cada escala, vigilancia sobre móviles ajenos, control de grabaciones y un seguimiento intenso en redes sociales.

El mayor desafío, sin embargo, es simbólico. Leonor ya no pertenece únicamente a la familia Borbón: es un activo de imagen nacional. Y eso exige un esfuerzo titánico por mantener cada gesto bajo control. Detrás del aura regia, se esconde un equipo exhausto, obligado a aplicar protocolos incluso en la intimidad. La presión no afloja, y en Palacio empiezan a notar los efectos.

Ahora trasciende que en Zarzuela empieza a preocupar no solo la imagen de la heredera, sino la tensión que se cuece a bordo del Juan Sebastián de Elcano. Porque si alguien pensaba que la travesía de la Princesa Leonor por aguas internacionales iba a ser un paseo formativo sin sobresaltos, se equivocaba. Y de qué manera.

Leonor no navega sola. La acompaña un pequeño ejército de cinco escoltas encargados de velar por su seguridad. Pero lo que debía ser una operación discreta de protección se ha convertido en una guerra fría entre la princesa y su propia sombra. Literalmente. Porque la hija del Rey Felipe VI está harta. Muy harta. De ser vigilada. De no poder respirar. Y sobre todo, de que su vida personal —sí, esa que debería seguir siendo privada— haya acabado en portadas.

La gota que ha colmado el vaso: las imágenes en bikini en Brasil, las fotos junto a su entonces presunto novio en una fiesta en Salvador de Bahía, y hasta un vídeo tomado en un centro comercial. Una invasión en toda regla que no ha dejado indiferente ni a La Zarzuela, ni a Leonor ni, mucho menos, a su madre, la Reina Letizia.

Letizia, dicen las fuentes, montó en cólera. Ella, tal y como informaba ESdiario, pedía la apertura de un expediente para el servicio de seguridad. Ahora, la prensa catalana independentista va a más y cuenta EnBlau que “no se anduvo con paños calientes: tres de los cinco escoltas, fuera. Fulminados.” Un escarmiento interno que ha hecho temblar a más de uno dentro del dispositivo de seguridad. Porque cuando la Reina se enfada, se toman decisiones. Y rápido.

Pero la Princesa también ha tenido lo suyo. En lo que ya es considerado su primer encontronazo serio con el equipo de seguridad, Leonor se encaró con ellos exigiendo espacio. Más libertad. Algo de aire. La respuesta fue la de siempre: protocolo. Ella insiste, ellos no pueden aflojar. Resultado: tensión, reproches y una heredera que empieza a entender lo que supone ser observada las 24 horas del día.

El citado portal asegura también que Leonor amenazó a los escoltas con “ponerlos de patitas en la calle con una llamada”, extremo éste que niega a ESdiario una fuente próxima a la Casa Real.

La imagen pública, el deber institucional y la vida privada colisionan en alta mar. Y en esta tormenta, lo que está claro es que no hay salvavidas para todos.

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