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Ana Obregón, censurada en directo por el trío Mar Flores, Lequio y Fernández Tapias

La conocida presentadora hablaba de un capítulo del pasado cuando era interrumpida de manera abrupta por su abogada que le ordenó categóricamente guardar silencio.

Mar Flores y Alessandro Lequio.

Mar Flores y Alessandro Lequio.

David Lozano
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En la televisión del espectáculo, hay algo más escandaloso que hablar sin filtros: que te manden callar en mitad de un directo. Y eso es exactamente lo que le sucedió a Ana Obregón en el programa de Antena 3 Y ahora Sonsoles, donde las tertulias de crónica rosa mutan a veces en campo de minas emocional. Esta vez, el epicentro fue Mar Flores y una frase suya que parecía una línea de guion escrita por Almodóvar: “Las mujeres quieren matarme porque creen que me quiero liar con sus maridos”. Un titular que no tardó en reventar las redes y encolerizar al gremio de la sospecha.

El comentario de Mar, tan hiperbólico como revelador, fue el punto de partida para un debate en el plató que apuntaba al pasado sentimental compartido por Flores y Ana Obregón: Alessandro Lequio. Ahí es cuando Ana, con la energía de quien ha sido a la vez protagonista y testigo de demasiadas portadas, comenzó su relato. “A mí no me quitó a Alessandro”, arrancó con esa mezcla de espontaneidad y precisión quirúrgica que solo da la experiencia. “Cuando salieron aquellas imágenes de ellos, hacía mucho tiempo que yo no estaba con el padre de mi hijo”.

Pero la frase quedó sin rematar. Porque justo cuando la actriz y bióloga comenzaba a tejer la intrahistoria —con nombres, afectos y anécdotas incluidas— saltó la alarma: Teresa Bueyes, su abogada y colaboradora del programa, intervino para ordenar el silencio. No pedirlo: ordenarlo. El gesto fue brusco, incómodo, disruptivo. Y dejó a la audiencia —y a Sonsoles Ónega— con la misma pregunta flotando en el aire: ¿qué está pasando aquí?

“No puede hablar de todo eso porque reaviva lo que pasó, el enfado de Cayetano Martínez de Irujo con Mar y de todo eso que no se puede hablar”, explicó la letrada en pleno directo, como quien corta un cable rojo en la última décima de segundo. Y lo hizo con la naturalidad de quien sabe que hay verdades que no se cuentan en televisión, aunque a veces se rocen con la punta de la lengua.

Ana Obregón, lejos de aceptar la mordaza sin rechistar, se revolvió. No con agresividad, sino con el desdén elegante de quien ya no tiene nada que probar. “Cayetano no tiene nada que ver conmigo”, soltó, marcando territorio y distancia.

La escena tuvo algo de teatro de lo absurdo: la presentadora pidiendo permiso, la abogada dando directrices en tiempo real, y la protagonista atrapada entre lo que sabe, lo que vivió y lo que le permiten recordar. Sonsoles llegó a plantear, entre resignada e incrédula, si no iba a tener que cortar la emisión del programa.

“De lo que está hablando, ya sabe ella, que es muy lista, lo que tiene y puede contar […] Que hable del presente”, sentenció Bueyes, sellando el ataúd del pasado con una sonrisa profesional.

Pero Ana no se rinde con facilidad. Y aunque ya no podía reconstruir la trama como quería, lanzó lo que pudo: “Miguel Lago me ha preguntado si Mar me robó a Alessandro, y la contestación es que no. Porque Alessandro y yo ya lo habíamos dejado hace muchísimo tiempo. Alessandro salía con Mar, y Mar salía con Fernando Fernández Tapias. Entonces estaban todos juntos a la vez. Que se lo pasen bien, qué quieres que te diga”.

Y remató con un sarcasmo suave, como quien se saca el polvo del hombro tras una batalla que no quiso librar: “A mí nunca me han dicho roba maridos […] Mar yo creo que tampoco ha robado a nadie […] Yo a Mar Flores no la conozco mucho, pero le tengo cariño”.

Lo más revelador del episodio no fue lo que se dijo, sino lo que no se dejó decir. Una escena que demuestra que la televisión en directo, incluso cuando parece improvisada, también tiene sus zonas prohibidas. Y que a veces el corazón no se rompe: se censura.

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