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"Yo, el yerno caído”: las memorias de Urdangarin que temen en Zarzuela y apuntan al Emérito

Los Eméritos y parte de la familia en el funeral de Constantino de Grecia.

Los Eméritos y parte de la familia en el funeral de Constantino de Grecia.GTRES

David Lozano
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Iñaki Urdangarin promete mucho lío con el libro que ya prepara a conciencia: sus memorias. No unas páginas al uso, sino una especie de expiación en tinta que, según desvela Pilar Eyre en la revista Lecturas, verá la luz en enero de 2026. Será, en sus propias palabras, su forma de “vaciarse”. Y no lo hará con guantes.

El que fuera duque de Palma, marido de la Infanta Cristina y figura decorativa en el decorado de La Zarzuela, se dispone a poner negro sobre blanco todo lo que vivió: el ascenso fulgurante al casarse con una hija del entonces Rey, la luna de miel con la monarquía, el derrumbe con el caso Nóos y la cruda experiencia de la prisión. Un relato que inquieta, sobre todo, en una dirección concreta: la del Rey Juan Carlos.

Porque si alguien se inquieta —y con motivo— ante lo que pueda salir de ese manuscrito, es el Rey Emérito. “Me dejó caer”, se queja Iñaki en un adelanto citado por Eyre. “Me sacrificó”. El desencanto con su antiguo suegro no se maquilla. No hay filtro ni diplomacia. En esas frases late un ajuste de cuentas. Un “hasta aquí” que se convierte en amenaza velada para la estabilidad emocional —y quizá institucional— del padre del Rey Felipe VI.

La Infanta Cristina, según la misma fuente, está al tanto del proyecto. No solo lo conoce, sino que, al parecer, lo apoya, lo ayuda y hasta lo compadece. Aunque públicamente ha mantenido una postura hermética, lejos del foco mediático, su cercanía con Iñaki durante los años duros —y aun después del divorcio— parece seguir presente.

No es para menos. Urdangarin cumplió cinco años y diez meses de condena por delitos como malversación, prevaricación o fraude. Lo hizo en la prisión de Brieva, en Ávila, un centro de mujeres en el que él era el único interno varón. Una especie de metáfora encerrada: solo, señalado, apartado. Y aun así, la infanta viajaba desde Ginebra, donde residía con sus hijos, para visitarle. Callada, constante. Su apoyo fue entonces absoluto.

Pero todo cambió en 2022. Las imágenes de Iñaki paseando con Ainhoa Armentia por la playa se hicieron virales y el castillo —que ya tenía grietas— se desplomó. La infanta, fiel a su estilo, no dijo una sola palabra. La separación se formalizó más tarde, sin estridencias, pero también sin retorno. Hoy lo único que comparten, sin fisuras, es el amor por sus cuatro hijos.

“He sido muchos Iñakis”

Ahora, Iñaki reconstruye su vida como puede. Alejado del palco, del protocolo, de las recepciones reales, trabaja como coach, y dice haber encontrado en la “sencillez” un nuevo hogar interior. En una entrevista reciente aseguraba que ha sido “muchos Iñakis”. No se equivoca. Fue héroe, fue villano, fue apestado… y ahora quiere ser narrador de sí mismo.

Su libro aún no tiene título. Se barajan opciones. Saldrá justo después de Navidad, como si la fecha también fuese una metáfora: cuando caen las luces, cuando se retiran los adornos, cuando se vuelve a la verdad. Pero lo que ya está claro es que esas páginas harán ruido, especialmente en los pasillos donde se reverbera la historia reciente de la Corona. Donde los viejos pactos de silencio, como el suyo con Zarzuela, comienzan a romperse a golpe de confesión.

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