“Cuarto alto”: el 'pisito' secreto de Doña Letizia en el corazón de Sevilla
Los Reyes han pasado casi una semana en la capital hispalense con motivo de la Conferencia de la ONU. Allí gozan de una estancia ‘oculta’, que es muy especial para la esposa de Felipe VI.

Doña Letizia recibe en audiencia en la Zarzuela hace unos días.
Pocos lugares en España condensan tanta historia, simbolismo y poder como el Cuarto Alto del Real Alcázar de Sevilla. Un espacio palaciego suspendido en el tiempo que, pese a su apariencia museística, sigue vivo y en uso como residencia oficial de los Reyes. Allí han dormido esta pasada semana el Rey Felipe VI y Doña Letizia, con motivo de su participación en la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de la ONU.
ESdiario ha podido saber que esta residencia sevillana es especialmente del gusto de la Reina Letizia, que encuentra en sus patios y estancias históricas un refugio con sabor a tradición. El Rey también aprecia el enclave, aunque —según fuentes próximas— el calor sofocante del sur lo lleva algo peor que su esposa, especialmente en estos meses donde Sevilla se convierte en un horno de mármol y piedra dorada.
Tal y como cuenta el portal especializado Monarquía Confidencial, durante su estancia, el Cuarto Alto se convierte en fortaleza. La parte que normalmente puede visitarse por el público —previo pago de un suplemento sobre la entrada general— queda blindada. Las puertas se cierran, la seguridad se extrema y lo que era un recorrido turístico se transforma en una burbuja institucional cuidadosamente custodiada.
Este conjunto secreto de 20 habitaciones, suspendido sobre siglos de historia, es la residencia real en uso más antigua de Europa. Por allí han pasado Felipe V, Isabel II, Alfonso XIII o Don Juan Carlos I. Su valor patrimonial es incalculable: artesonados mudéjares, yeserías califales, arcos toledanos, azulejos renacentistas… Un diálogo de estilos que envuelve a los actuales Reyes en una cápsula de pasado desde donde se proyecta el presente.
El Cuarto Alto está dividido en dos mundos: el público y el privado. Cuando los monarcas no están, el visitante puede recorrer parte del espacio por apenas 5,5 euros más. Pero cuando los Reyes aterrizan en Sevilla, ese acceso se corta de forma inmediata y discreta. Es entonces cuando se activan las zonas que nunca ven las cámaras: el dormitorio de Pedro I, el oratorio de los Reyes Católicos, el mirador secreto con vistas al Alcázar…
No es un hotel de cinco estrellas. Es algo mucho más denso, más simbólico. Aquí se celebró, por ejemplo, el banquete de boda de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, y esta semana ha vuelto a vestirse de gala para una cena oficial presidida por los Reyes. Entre los muros que han sobrevivido a terremotos e incendios, la Corona sigue dejando huella.
El propio Cuarto Alto ha sido restaurado en varias ocasiones —la más importante, en el siglo XIX bajo la dirección del arquitecto Rafael Contreras—, y hoy continúa su doble misión: residencia institucional y joya patrimonial abierta parcialmente al ciudadano. Una paradoja que solo lugares como este pueden sostener.
Cuando los Reyes marchan, las puertas vuelven a abrirse para los turistas.