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Juan Carlos vs. Sofía: dos versiones irreconciliables sobre el nombre de su hija Elena

Ambos relatos reflejan versiones distintas de un mismo hecho, mostrando la mezcla de afecto y misterio en la familia real. Ella sigue siendo el vínculo más cercano entre su padre y la corona, pese a críticas indirectas hacia su vida familiar.

Don Juan Carlos y Doña Sofia con la Princess Leonor, en diciembre de 2018.

Don Juan Carlos y Doña Sofia con la Princess Leonor, en diciembre de 2018.GTRES

David González
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La trayectoria de los monarcas Juan Carlos I (87 años) y doña Sofía (87 años) se inició en 1954 durante un crucero organizado por la reina Federica de Grecia, madre de Sofía. Aunque en aquel momento no se percataron mutuamente, pronto sus vidas se entrelazarían al contraer matrimonio en 1962. Su vínculo, marcado por las repetidas infidelidades del rey y varios escándalos, dio lugar al nacimiento de tres hijos: las infantas Elena y Cristina, y el actual rey Felipe VI, quienes representan lo único que podría mantener conectada a esta pareja, separada emocional y geográficamente desde hace años. El Emérito reside en Abu Dabi por las numerosas controversias que generó en España, mientras que recientemente ha publicado en Francia sus memorias, tituladas Juan Carlos I d’Espagne. Réconciliation (en España conocidas como Reconciliación), una obra impregnada de melancolía que desvela anécdotas íntimas y cuestiona relatos considerados definitivos.

Entre los fragmentos más personales de estas memorias resalta uno que ha reactivado una antigua duda: el origen del nombre de la infanta Elena, primogénita del matrimonio, nacida en 1963. Los antiguos soberanos ofrecen relatos muy dispares sobre los motivos para bautizarla así. Mientras Felipe y Cristina recibieron nombres arraigados en la realeza española, el emérito afirma que no ocurrió lo mismo con su hija mayor, a quien decidió llamar Elena por un amor de su juventud.

Un amor imposible

Juan Carlos admite que, en su etapa juvenil, experimentó un intenso flechazo por una princesa francesa: Hélène de Orléans, hija de los condes de París. “Era cuatro años mayor que yo. Un amor imposible. Su belleza me deslumbró. En su honor, llamé a mi hija mayor Elena”, escribe en el libro, evocando a esa muchacha que le marcó de forma indeleble y describiéndola con lujo de pormenores. La impronta fue tan profunda que, según su confesión, resolvió bautizar a su primogénita en su homenaje.

La infanta Elena junto a su hermana, la infanta Cristina, en una imagen reciente.

La infanta Elena junto a su hermana, la infanta Cristina, en una imagen reciente.Europa Press

Nacida en Bruselas en 1934, Hélène fue la tercera de los once hijos del conde Enrique de París y la princesa Isabel de Orleans-Braganza. Formada en un entorno conservador, su vida discurrió entre la reserva y las obligaciones de su linaje. En 1957 contrajo matrimonio con el conde belga Evrard de Limburg-Stirum en una boda que congregó a la aristocracia europea y monopolizó la prensa rosa. La novia lució un traje de Dior y la tiara Action Française de su madre; entre los asistentes figuraba un joven Juan Carlos de Borbón, sentado en un sitio preferente junto a ella. Su unión resultó longeva y prolífica: cuatro hijos y una existencia serena en el castillo de Huldenberg, en Bélgica. Viuda desde 2001, aún vive allí con sus nietos.

Aunque nunca hubo un vínculo amoroso real entre el príncipe y la princesa, el eco de aquella fascinación parece haber permanecido grabado en la mente de Juan Carlos. Esta confesión ha asombrado al reactivar el enigma, aportando el elemento que le faltaba a los rumores previos.

La versión de la reina Sofía: un recuerdo infantil

La narración de Sofía desmiente totalmente esta versión. En la biografía La Reina de Pilar Urbanopublicada en 1996, la progenitora de Felipe VI explica que el nombre no surgió de un romance anterior, sino de un tierno recuerdo de su niñez. “De pequeña tenía una muñeca que no era mía, sino de mi hermano Tino, y como él no le hacía mucho caso, se la quité. Le puse Helen, Elena. En griego, Eleni. Y me decía a mí misma: ‘Cuando yo sea mamá tendré una niña que se llamará Eleni, Elena’”, relata. “Un día se lo conté a Juanito, y él me dijo: ‘Pues así será’. Y esa es la historia”. Añade que era “una cosa entre mi marido y yo, que nadie entendía, pero que nos gustaba a nosotros”, pese a las preguntas insistentes de la familia, ya que ninguna abuela se llamaba así.

Libro 'Reconciliación'.

Libro 'Reconciliación'.Archivo

Dos relatos diferentes sobre un mismo nombre, que ahora cobra un sentido renovado. ¿Fue un gesto romántico del rey o un detalle tierno de la reina? Pese a los numerosos rumores, contamos con estas versiones narradas directamente por sus protagonistas. Quizá ambos reflejen, cada uno a su modo, aspectos distintos de quienes fueron los últimos grandes exponentes de una monarquía caracterizada por la costumbre, los misterios y los sentimientos reprimidos.

Una indirecta familiar en las memorias

Elena es la hija que más ha demostrado cercanía con su padre en los últimos tiempos, acompañándolo en sus regresos a España (especialmente a Sanxenxo) y visitándolo en Abu Dabi. Sin embargo, en el capítulo final de sus memorias, titulado Mi cotidianidad en la isla de Nurai, Juan Carlos se refiere al hijo mayor de Elena, su nieto Felipe Froilán de Marichalar, quien vive en Abu Dabi desde hace un tiempo—, dirigiendo una alusión que cuestiona su labor como madre. Describe a Froilán como un joven a quien “el divorcio de sus padres y cierta falta de autoridad parental lo llevaron a una vida desordenada”. Aunque se interpreta principalmente como crítica a Jaime de Marichalar, con quien el Emérito no mantiene buena relación, es indudable que no serán comentarios que agraden a su hija.

Sea cual sea la realidad detrás del nombre, la infanta Elena encarna hoy algo más que una mera decisión familiar. Las memorias del rey desvelan enigmas que enriquecen la crónica afectiva de una corona que, incluso en sus pormenores más privados, continúa suscitando interés.

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