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Juan Carlos reescribe su amor por Sofía: cómo se gestó su matrimonio y la fecha del declive

Juan Carlos I, en su libro Reconciliación desde Abu Dabi, elogia a la reina Sofía como única e irreemplazable pese a "deslices" y separación, contrastando con su tibia declaración de 1996: "enamorado, lo que se dice enamorado... no".

Juan Carlos I y Doña Sofía, en el funeral de Juan Gomez Acebo el pasado 8 de septiembre.

Juan Carlos I y Doña Sofía, en el funeral de Juan Gomez Acebo el pasado 8 de septiembre.GTRES

David González
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En su libro Reconciliación Juan Carlos I dedica frases a su esposa la reina Sofía. Lo cierto es que ha todo el mundo le ha sorprendido la forma en la que habla de la consorte después de años de alejamiento e infidelidades públicas. En el libro hable de su historia de amor con doña Sofía de manera completamente distinta a cómo la recordaba en 1996. Ese año concedía una entrevista a Pilar Urbano para su libro La Reina. Estas confesiones de la consorte a la periodista se cerraban con dicha entrevista donde don Juan Carlos ponía poco énfasis en casarse enamorado de la reina: «Hombre, enamorado, lo que se dice enamorado... me gustaba mucho y estaba muy contento». Unas declaraciones humillantes si tenemos en cuenta que, además, el libro de la Urbano era todo un canto de amor de doña Sofía a don Juan Carlos.

«Nada podrá borrar nunca mis profundos sentimientos hacia mi esposa, Sofi, mi Reina», a pesar de «algunos deslices», escribe desde el exilio en Abu Dabi.

«Sigo muy unido a mi mujer, que conserva toda mi admiración y mi afecto. No hay nadie igual a ella en mi vida y así seguirá siendo, aunque nuestros caminos se hayan separado desde mi marcha de España», añade el Emérito en otro momento del libro.

«A pesar de mis ausencias y gracias a mi mujer, espero haber creado un hogar seguro y agradable», apunta sobre una historia de amor que estuvo marcada por los intereses políticos y los altibajos sentimentales.

Fue en el verano de 1954, durante un crucero en el yate Agamenón organizado por la reina Federica de Grecia, cuando Sofía de Grecia y Dinamarca y Juan Carlos de Borbón se conocieron por primera vez. El viaje, pensado para promover el turismo griego tras la Guerra Civil y unir a jóvenes royals, partió el 22 de agosto de Venecia y duró 13 días. Recorrieron Corfú, Mykonos, Santorini, Creta, Rodas, Salónica y el monte Olimpo, desembarcando el 3 de septiembre en Nápoles. Se organizaron bailes en alta mar, pero Sofía, de 15 años, y Juan Carlos, de 16, no conectaron. Ella estaba enamorada del príncipe Harald de Noruega; él tenía una relación intensa con María Gabriela de Saboya. «Me pareció un chico mono, uno más de mis primos», diría Sofía en 1981 en un documental de la BBC.

Tres años después, se reencontraron en la boda de un hijo del conde de París y, pronto, en el enlace de Antonio de Borbón-Dos Sicilias, donde surgió la chispa. Ya se habían visto en una fiesta de los duques de Würtenberg en Stuttgart y en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960. El momento clave fue el 8 de junio de 1961 en la boda de los duques de Kent en York. El protocolo los unió; pasearon por Londres, fueron al cine y tomaron té en el Savoy. Sofía lo llamaría «la atracción».

Ese verano, Federica invitó a los condes de Barcelona a Corfú, en Mon Repos, para anunciar el compromiso en otoño, ocultándolo a Franco, que desaprobaba a Sofía por no ser española ni católica. La petición de mano ocurrió entre el 12 y 13 de septiembre de 1961 en Lausana, en el palacete de Vielle Fontaine, residencia de la reina Victoria Eugenia. Juan Carlos lanzó la cajita del anillo con un «Sofi, cógelo»; ella la atrapó. Él declaró: «Amo a la princesa Sofía desde el primer momento. Es capaz de llevar con dignidad una Corona Real».

El Rey Felipe y la Reina Sofía, en La Zarzuela este pasado julio.

El Rey Felipe y la Reina Sofía, en La Zarzuela este pasado julio.Europa Press

Los preparativos fueron complejos: ella hija de rey reinante, él no; él católico, ella ortodoxa. Se acordaron dos ceremonias religiosas y enlaces civiles. La boda fue el 14 de mayo de 1962 en Atenas. Campanas sonaron al amanecer; el desfile salió del Palacio Real a la catedral de San Dionisio para la ceremonia católica (Sofía dijo «sí» en griego, Juan Carlos en español). Luego, en la Basílica de Santa María para la ortodoxa, con príncipes sosteniendo coronas. El cortejo incluyó coches con don Juan y Federica, doña María y Juan Carlos; una carroza del siglo XIX con la novia y Pablo I, escoltada por Constantino a caballo. Miles de españoles viajaron; la catedral lució claveles de Valencia y Cataluña.

Sofía llevó un vestido princesa de lamé plateado con tul y cola de siete metros, de Jean Dessés; velo de su madre y tiara prusiana de su abuela Victoria Luisa, pieza clave del joyero griego, usada después por Letizia. Ocho damas de honor vestían de blanco con perlas. Juan Carlos, uniforme de teniente. Franco regaló la tiara floral, estrenada por Sofía como collar. El banquete fue íntimo; la luna de miel, seis meses, empezando en Spetsopoula y el yate Eros de Niarchos. En España, la censura eliminó a don Juan de fotos.

Sofía renunció a derechos dinásticos al convertirse al catolicismo. El régimen sacó provecho: una princesa real para el futuro rey. Al inicio, hubo cariño real, pero en los 60 y 70 vivieron austeros bajo control de Franco, que vigilaba las aventuras de Juan Carlos.

Libro 'Reconciliación'.

Libro 'Reconciliación'.Archivo

Tras la muerte de Franco en 1975, Juan Carlos intensificó romances con artistas y cantantes de los 70. En cintas con Bárbara Rey, admitió: su relación con Sofía era «ninguna»; en verano hablaban poco y ella se encerraba. Era «comodísimo» porque ella cumplía como reina y aguantaba.

En 1976, durante una cacería en La Encomienda de Mudela (con rumores de Sara Montiel o Marujita Díaz), Sofía llegó con los hijos, pero le negaron entrada: «Es mejor que no pase». Furiosa, voló a India con Federica. En plena Transición, Areilza y Arias Navarro contactaron a la reina madre, quien convenció: «¿Quieres acabar exiliada como yo? Vuelve». Sofía regresó y parte de la familia griega se instaló en Zarzuela con prerrogativas. Juan Carlos no cambió.

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