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Adiós a la Leonormanía: la Princesa se borra del mapa por orden real

Leonor de Borbón ha desaparecido del foco mediático desde que entró en la Academia del Aire: tras dos años de sobreexposición, Zarzuela ha impuesto un blindaje total de imágenes y apariciones. Lo mismo ocurre con la infanta Sofía en Lisboa: apenas unas fotos el primer día y silencio absoluto después.

Leonor de Borbón.

Leonor de Borbón.europa press

David González
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Ya no hay posados en cubierta, ni vídeos virales de la Princesa jurando bandera bajo la lluvia, ni reportajes a bordo del Elcano con el viento azotando el pelo real. Desde que Leonor de Borbón pisó el 1 de septiembre la Academia General del Aire de San Javier, la heredera ha desaparecido del mapa mediático como por arte de magia. Y no es casualidad: en la Zarzuela han pulsado el botón de la discreción.

Durante dos años nos acostumbraron a la sobredosis. Zaragoza, Marín, la vuelta al mundo en buque escuela Juan Sebastian Elcano… Cada maniobra, cada clase, cada saludo militar tenía su correspondiente álbum oficial en alta resolución. Pero en Murcia, nada. Cero. Ni una triste foto de archivo hasta esta semana, cuando Defensa hizo públicas cuatro imágenes de Leonor con el mono verde salvia y el moño trenzado reglamentario, escuchando a Margarita Robles como una alumna más. Cuatro fotos. Contadas. Y con cuentagotas.

El mensaje desde Zarzuela es cristalino: Se acabó el circo la exposición. El blindaje es total y se extiende a la hermana pequeña. De la infanta Sofía, estudiando en Lisboa, sabemos lo justo: siete fotos el día que aterrizó y adiós muy buenas. Ni paparazzi, ni stories, ni filtraciones de compañeros. El plan es que sea una universitaria anónima y punto. En la Zarzuela han aprendido la lección: cuanto menos se vea, menos se critique.

Y mientras, Leonor sigue sin «volar sola». Ausente en la coronación luxemburguesa (allí estaban Amalia de Holanda y Elisabeth de Bélgica, futura reinas coetáneas de la princesa de Asturias), y en Oviedo aún comparte foco con su padre. Felipe VI lo dijo claro hace unas semanas: «Me corresponde ir cediéndole ya este espacio», pero acto seguido matizó que él seguirá «vinculado». Vamos, que la transición va para largo. Lenta pero segura.

Eso sí, cuando habla, Leonor clava el mensaje. Su discurso en el Teatro Campoamor fue un misil a la línea de flotación de la generación TikTok: «Quizá debamos volver a lo esencial… y recuperar la trascendencia para que la vida no sea la mera exhibición narcisista en las redes sociales». Una lectura rápida de estas palabras habla de la propia naturaleza de la institución que encarna, la monarquía que desde luego no casa con la inmediatez de las redes sociales y la transparencia extrema que exige el público hoy en día.

Lo cierto es que la desaparición de la vida pública de la heredera al trono se produce en un contexto muy determinado: la publicación de memorias del Emérito y la vuelta a la vida mediática de Iñaki Urgangarin. Nombres que despierta viejos fantasmas en medio de las celebraciones del medio siglo de la actual monarquía. Fantasmas que, por cierto, provocaron la caída del trono de Juan Carlos y aceleraron la llegada al mismo de Felipe VI.

Lo cierto es que, más allá de la tan denominadas Leonormanía de la que tanto hablaron alguna revista y periódicos, en Zarzuela manejan encuestas (de las que no se publican) sobre la realidad del sentimiento monárquico de la sociedad española y lo implantada que está la figura de la heredera. Leonor sigue siendo un futuro no inmediato y poco claro y por ello quieren protegerla hasta de sí misma.

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