EXCLUSIV A ESDIARIO
El incidente que ha arruinado las lujosas vacaciones de Begoña Gómez: “corrupta, ladrona”
Pedro Sánchez y su esposa han pasado gran parte de las vacaciones navideñas en Andorra. Apartados del mundanal ruido, o eso han intentado, no han podido evitar los encontronazos con la gente.

Begoña Gómez, el pasado 10 de septiembre en Madrid.
Como ha venido contando ESdiario, Pedro Sánchez y Begoña Gómez han pasado las vacaciones de Navidad en Andorra. El presidente del Gobierno y su esposa eligieron para sus días de asueto la parroquia de Encamp, una localidad de poco más de 13.000 habitantes situada a 1.300 metros de altitud. Un enclave discreto, rodeado de montaña, con acceso directo a la estación de Grandvalira a través del Funicamp, el largo funitel que conecta con una de las mayores áreas esquiables del sur de Europa.
Lejos de la austeridad que suele predicar el Ejecutivo, el matrimonio Sánchez-Gómez no se ha privado de nada. Su alojamiento ha sido el Sport Hotel Hermitage & Spa, un cinco estrellas situado a pie de pistas en Soldeu, considerado uno de los establecimientos más exclusivos del Principado y frecuentado por fortunas internacionales. En plena temporada alta, las habitaciones que ocuparon el presidente y su mujer alcanzan los 3.200 euros por noche, según ha podido comprobar ESdiario.
Porque el Hermitage es, en sí mismo, un escaparate de lujo: restauración con estrella Michelin, un spa considerado el mejor de Andorra y de todos los Pirineos y un nivel de privacidad solo al alcance de unos pocos. Fue precisamente en ese spa donde Begoña Gómez vivió uno de los momentos más incómodos de su estancia.
Según relatan en exclusiva a ESdiario fuentes conocedoras de lo ocurrido, la tarde de Nochevieja, mientras la esposa del presidente se encontraba en el balneario, alrededor de las 6 de la tarde cuando al menos dos clientas del lujoso hotel, reconocieron a la imputada Begoña Gómez y comenzaron a increparla. “Devuelve lo robado”, “ladrona”, “corrupta”, fueron algunos de los insultos que tuvo que soportar, pese al dispositivo de seguridad que le acompañaba de forma permanente. El incidente no pasó a mayores, pero volvió a evidenciar que el clima social que rodea al matrimonio presidencial se ha deteriorado hasta extremos inéditos.
No es un episodio aislado. Tampoco el primero ni, previsiblemente, el último.
Ya en las Navidades de 2024, las vacaciones invernales del presidente también se vieron empañadas. Pedro Sánchez llevaba meses evitando el contacto directo con la calle, midiendo cada aparición pública para esquivar los abucheos que se han convertido en una constante. Sin embargo, ni siquiera el anonimato que ofrece el casco, las gafas y el equipo de nieve le protegía ya. Y eso antes de estallar del todo la corrupción que le acorrala.
Lo comprobó Sánchez en las pistas de Cerler (Huesca), donde varios esquiadores lo reconocieron mientras se preparaba para descender una pista junto a Begoña Gómez. Los reproches no tardaron en llegar. Algunos de ellos fueron grabados y difundidos en redes sociales: “¡Tenías que estar en la cárcel!”, “¡Quiero un ministerio de chorizo!”, “¡Que te vote Txapote!”, se escucha en los vídeos, entre insultos y gritos de indignación.
Uno de los usuarios ironizaba en X: “Pedro Sánchez disfruta de un día de nieve en Cerler en compañía de su amado pueblo y es vitoreado y aplaudido”, acompañando el mensaje con las imágenes de los abucheos.
Las escenas muestran al presidente preparándose para el descenso mientras el ruido de fondo no es el del esquí, sino el de una protesta espontánea alimentada por los casos de corrupción que cercan a su entorno. No solo por la investigación judicial que afecta a su esposa —imputada por indicios de varios delitos—, sino también por la causa que involucra a su hermano y por la trama Ábalos, que ha sacado a la luz las relaciones privilegiadas del empresario Víctor de Aldama con miembros del Gobierno hoy bajo sospecha.
Ni siquiera en la nieve, ni siquiera lejos de España, Pedro Sánchez logra ya desconectar de los escándalos que lo persiguen.
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David Lozano