La cita secreta del Rey Emérito con Alfonso Guerra destroza a Pedro Sánchez
El regreso a España de Don Juan Carlos no solo ha tenido un componente de asueto. Su cita con el exvicepresidente, e histórico dirigente del PSOE, ha caído como una bomba en el sanchismo y en Moncloa.

El Rey Juan Carlos, en Sevilla este domingo 5 de abril.
El Rey Emérito Juan Carlos I ha regresado, tal y cómo les hemos contado en ESdiario, este pasado Domingo de Resurrección a la Real Maestranza de Sevilla para presenciar la reaparición de Morante de la Puebla tras años de ausencia. Pero más allá de los toros y de los vítores que recibió en el coso, el viaje ha dejado una imagen de fuerte carga simbólica: su reunión privada con Alfonso Guerra, el histórico ex vicepresidente del Gobierno y actual referente del sector más crítico del PSOE contra Pedro Sánchez.
Según ha podido saber ESdiario, el encuentro entre Juan Carlos I y Alfonso Guerra se produjo en un hotel céntrico de Sevilla, a escasos metros de la Maestranza, poco antes de la corrida. Un reencuentro tras muchos años que ha sentado como un auténtico puñetazo en el estómago en La Moncloa.
Fuentes socialistas han confirmado a ESdiario que la indignación en el entorno de Pedro Sánchez es profunda, hasta el punto de que el Gobierno ha transmitido formalmente sus quejas a la Casa Real por lo que consideran un gesto de clara provocación política.
Alfonso Guerra, que nunca ha ocultado su rechazo frontal a la deriva sanchista y que se ha convertido en una de las voces más incómodas para Ferraz, representa todo lo que Sánchez detesta: memoria histórica del PSOE, crítica abierta al actual liderazgo y un peso simbólico que trasciende a la actual dirección del partido. Ver al Emérito departiendo con él en plena Semana Santa no ha hecho más que confirmar, a ojos de Moncloa, que Juan Carlos I sigue actuando con total independencia y sin someterse a las reglas del relato oficial.
El Rey Emérito llegó a Sevilla en vuelo privado, se alojó en un hotel cercano y disfrutó de un día marcado por lo personal: abrazó con intensidad a su nieta Victoria Federica y asistió a la corrida donde el público le ovacionó. Ninguna agenda compartida con Zarzuela, ninguna foto familiar, ningún relato común. Solo la imagen de un Juan Carlos I que, a sus 88 años, sigue moviéndose con libertad y eligiendo sus compañías.
El contraste es evidente: mientras Felipe VI y Letizia mantienen un perfil bajo y controlado, el Emérito reaparece en uno de los templos taurinos más emblemáticos de España y elige reunirse con quien hoy representa la disidencia interna más cualificada del PSOE. Un gesto que, lejos de pasar desapercibido, ha provocado un nuevo capítulo en el ya evidente cisma familiar y político que rodea a la Corona.
En La Moncloa no se lo han tomado como una anécdota taurina. Lo han interpretado exactamente como lo que es: un mensaje incómodo en un momento en el que Sánchez necesita control absoluto del relato.
Y es que, no es ningún secreto, el Gobierno de Sánchez lleva tiempo intentando acotar el papel del Rey Emérito, reducir su impacto público y evitar que sus movimientos generen interferencias en la estabilidad institucional. Pero encuentros como este reactivan ese foco, y además lo hacen añadiendo un componente político que complica aún más la gestión.