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Temor en Zarzuela por el verano más difícil y solitario de Doña Sofía

La Emérita preocupa. Todos están pendientes de su estado de ánimo tras el fallecimiento de su hermana, Ahora afronta una etapa muy delicadaque fuerza a todos estar pendientes.

La Reina Sofía en una conferencia, este lunes 6 de julio.

La Reina Sofía en una conferencia, este lunes 6 de julio.Europa Press

David Lozano
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La Reina Sofía afronta probablemente uno de los veranos más delicados de los últimos años. A sus 87 años, la madre de Felipe VI atraviesa un momento especialmente sensible en el plano personal y familiar, una situación que ha llevado a sus hijos y a su entorno más cercano a extremar las atenciones para evitar que pase largos periodos de tiempo sola.

En Zarzuela la inquietud es evidente. Según distintas fuentes próximas al entorno de la Casa Real consultadas por ESdiario, existe una lógica preocupación por el estado de ánimo de la Reina Emérita. Los últimos meses han sido especialmente intensos para Doña Sofía, que, además del inevitable paso del tiempo, ha tenido que afrontar nuevas ausencias familiares y una etapa en la que su vida pública ha quedado reducida prácticamente a los compromisos institucionales imprescindibles.

La familia ha organizado este verano una especie de calendario para acompañar a la Emérita durante las vacaciones. La intención es que nunca permanezca demasiado tiempo sola y que siempre cuente con la compañía de alguno de sus hijos, nietos o familiares más cercanos en los distintos destinos donde pasará las próximas semanas.

No es una preocupación improvisada. En Palacio son plenamente conscientes de que la Reina Emérita ha vivido un año especialmente complejo. A la distancia que desde hace tiempo mantiene con el Rey Juan Carlos, instalado en Abu Dabi, se suman las obligaciones institucionales de Felipe VI, la intensa agenda de la Reina Letizia y los compromisos de la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, que disponen este verano de escasos días de descanso tras un curso especialmente exigente.

La situación resulta inevitablemente distinta a la de hace apenas unos años. Doña Sofía continúa manteniendo una extraordinaria actividad para su edad y sigue asistiendo a numerosos actos oficiales y benéficos, pero el paso del tiempo también obliga a la familia a extremar los cuidados. No se trata únicamente de una cuestión física, sino también emocional.

Los distintos miembros de la familia irán alternándose para compartir tiempo con la Reina Emérita durante el verano. Un gesto que pretende hacer más llevaderos unos meses especialmente delicados, tradicionalmente asociados a reuniones familiares que en los últimos años han ido perdiendo parte de su carácter multitudinario.

El Rey Felipe continúa siendo uno de los principales apoyos de su madre. Siempre que la agenda institucional lo permite, el Rey procura mantener un contacto constante con doña Sofía, plenamente consciente del importante papel que sigue desempeñando dentro de la institución y del enorme cariño que despierta entre buena parte de la ciudadanía.

También Doña Letizia ha reforzado en los últimos años su cercanía con la Emérita. Pese a las especulaciones que durante años rodearon su relación, ambas mantienen desde hace tiempo una convivencia institucional plenamente normalizada, compartiendo numerosos actos públicos y mostrando una imagen de absoluta cordialidad.

Un papel muy especial desempeñan igualmente los nietos. La presencia de la Princesa Leonor y de la Infanta Sofía constituye uno de los mayores motivos de alegría para la Reina Emérita, especialmente ahora que ambas comienzan a desarrollar una intensa vida institucional y sus agendas hacen mucho más difíciles los encuentros familiares espontáneos.

El verano llega, además, en un momento especialmente simbólico para la Familia Real. Mientras Leonor continúa preparándose para las enormes responsabilidades que asumirá en el futuro y Felipe VI sigue consolidando su modelo de Corona, Doña Sofía representa el vínculo más sólido con una etapa histórica de la institución que poco a poco va quedando atrás.

Por eso, en Zarzuela nadie quiere que la Emérita afronte en soledad un verano que se presenta especialmente complicado. Más allá de los compromisos oficiales y de la organización de las vacaciones, la prioridad pasa por acompañarla.

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