RTVE ficha a Quequé tras retirarse por mofarse de las víctimas de Adamuz
Héctor de Miguel regresa a la vida mediática, tras 4 meses de supuesta retirada, y lo hace en la televisión pública con un videopódcast de cocina. Poco importa la memoria de los muertos de los que se mofó en la parodia contra Nacho Abad

Quequé en la celebración del 50º aniversario de 'Hora 25' de la SER.
Hay decisiones que no necesitan explicación porque se explican solas. Y luego está RTVE, que últimamente parece empeñada en demostrar justo lo contrario: que incluso lo evidente puede gestionarse mal si se insiste lo suficiente. El regreso de Héctor de Miguel, Quequé, apenas cuatro meses después de anunciar su retirada temporal de los medios es uno de esos movimientos que no solo sorprenden, sino que revelan una forma de entender la televisión pública cada vez más difícil de justificar.
Porque conviene recordar el contexto. No fue una pausa discreta ni un descanso pactado. Fue una salida precipitada tras una polémica que cruzó varias líneas a la vez: una parodia del periodista Nacho Abad, rebautizado de forma despectiva, en la que se ironizaba sobre la cobertura del accidente ferroviario de Adamuz, una tragedia que dejó decenas de víctimas mortales.
Aquella pieza, difundida en pleno impacto informativo, generó una oleada de críticas que terminó empujando al propio humorista a apartarse de la primera línea mediática.
Y sin embargo, apenas unos meses después, el mismo rostro regresa de la mano de la televisión pública, con nuevo proyecto en RTVE Play y con el respaldo implícito de la corporación. No hay matices, no hay transición, no hay siquiera una distancia temporal suficiente como para que el ruido se haya disipado del todo. Solo hay una decisión: traerlo de vuelta.
El formato elegido tampoco es casual. Un videopódcast de cocina, Héctor de comer, que permite a RTVE jugar en un terreno aparentemente inocuo, alejado de la actualidad y de la polémica directa. Un espacio amable, sin fricción, donde el pasado reciente puede diluirse entre recetas y conversaciones distendidas. Pero esa elección no neutraliza el problema de fondo: no se trata del contenido, sino del mensaje que se envía con el fichaje.
Porque lo que proyecta RTVE con este movimiento es una preocupante falta de criterio y politización. En un momento en el que la corporación insiste en reivindicar su papel como servicio público, capaz de marcar diferencias en rigor, sensibilidad y responsabilidad, la reincorporación exprés de un Quequé envuelto en una polémica de este calibre introduce una contradicción difícil de sostener. No es una cuestión de censura ni de cancelación, sino de coherencia.
La cadena pública lleva tiempo instalada en una dinámica errática, en la que conviven grandes discursos institucionales con decisiones que los desmienten en la práctica. Se ficha, se prueba, se expone… y, cuando surgen problemas, se reconfigura el relato sin asumir del todo las consecuencias. En este caso, ni siquiera ha sido necesario esperar a que el desgaste se diluya: basta con cambiar el escenario y confiar en que el espectador haga el resto.
El problema es que la memoria mediática es más corta de lo que parece, pero no tanto como para ignorar lo que ocurrió hace apenas unos meses. Aquella retirada no fue un gesto menor; fue el reconocimiento implícito de que se había cruzado una línea que exigía, como mínimo, una pausa. Convertir ahora ese punto de inflexión en un simple paréntesis resuelto con un nuevo formato no solo banaliza la polémica, sino que envía una señal clara sobre cómo entiende RTVE la gestión de sus propios errores.