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Júlia Farré, nutricionista, avisa a quienes comen en menos de 10 minutos: "Seguramente estás comiendo más de lo que tu cuerpo necesita"

Júlia Farré, dietista-nutricionista, pone el foco en la velocidad de las comidas y propone bajar el ritmo, masticar cada bocado y apartar las pantallas para prestar más atención a las señales de saciedad

Júlia Farré aconseja bajar el ritmo durante las comidas, masticar bien y dividir las preparaciones en varios platos para dedicar más tiempo a comer

Júlia Farré aconseja bajar el ritmo durante las comidas, masticar bien y dividir las preparaciones en varios platos para dedicar más tiempo a comer@julia_farre_moya

Patricia de la Torre
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Diez minutos pueden bastar para terminar un plato cuando el hambre aprieta, el horario va justo o el móvil acompaña cada bocado. Para Júlia Farré, dietista-nutricionista, esa velocidad merece atención. "Si devoras la comida en menos de 10 minutos, seguramente estás comiendo más de lo que tu cuerpo necesita", explica en uno de sus vídeos, donde convierte el reloj en una pista para observar nuestra manera de sentarnos a la mesa.

La cuestión va más allá de contar minutos. Farré dirige la atención hacia el ritmo, la masticación y la percepción de saciedad. Su consejo principal resulta sencillo: alargar la comida y prestar más atención a cada bocado.

La investigación científica respalda la relación entre velocidad e ingesta. Una revisión sistemática y metaanálisis de 22 estudios experimentales encontró que comer a un ritmo más lento se asociaba con una menor ingesta energética frente a comer rápido. Los investigadores encontraron bastante variabilidad entre los trabajos, un dato importante a la hora de interpretar cualquier cifra concreta como esos diez minutos.

Júlia Farré explica qué ocurre al comer en menos de 10 minutos

"Cuando comemos rápido, el cerebro no llega a recibir la señal del estómago de toda la cantidad de comida que ha llegado a comer", señala Farré.

La explicación resume de forma divulgativa un proceso bastante más complejo. La regulación del hambre y la saciedad implica señales gastrointestinales, hormonales y neuronales que se desarrollan durante la comida. La velocidad puede influir en la cantidad ingerida antes de que esa experiencia de plenitud se haga evidente.

Un metaanálisis publicado en Nutrición Hospitalaria revisó 15 estudios y concluyó que comer despacio puede contribuir a reducir una ingesta excesiva de alimentos y energía. Entre las estrategias estudiadas figuraban tomar bocados pequeños y servir diferentes preparaciones en platos separados, dos gestos que guardan relación con las recomendaciones de Farré.

La literatura científica aporta además asociaciones a largo plazo. Otra revisión sistemática encontró una relación entre comer rápido y diferentes indicadores de obesidad en adultos, aunque este tipo de datos observacionales permiten hablar de asociación antes que establecer una relación directa de causa y efecto.

Júlia Farré propone bajar el ritmo y masticar cada bocado

"¿Y cómo lo corriges? Primero, baja el ritmo", plantea la nutricionista. Farré propone comer con mayor atención, apartar las pantallas e introducir pequeñas pausas durante la comida. También aconseja dividirla en un primer y un segundo plato como estrategia para prolongar el tiempo dedicado a comer.

Su siguiente recomendación se centra en la boca: "Es imprescindible masticar bien, muy bien, antes de tragar".

La masticación incrementa el tiempo necesario para consumir un alimento y forma parte del comienzo del proceso digestivo. Los estudios sobre velocidad de ingesta apuntan precisamente hacia una ventaja potencial de ralentizar ese proceso. Una revisión sobre las estrategias destinadas a modificar la velocidad encontró que técnicas como utilizar bocados pequeños o distribuir las preparaciones en platos separados podían disminuir la cantidad de alimentos o energía consumida.

Un ensayo clínico cruzado aporta otro matiz interesante. Los participantes comieron la misma comida a dos velocidades diferentes. El ritmo lento redujo la ingesta energética en el grupo con normopeso, mientras esa diferencia careció de significación estadística entre las personas con sobrepeso u obesidad. Ambos grupos declararon menos hambre posteriormente cuando habían comido despacio.

Júlia Farré también aconseja apartar las pantallas durante las comidas

"Come sin pantallas", añade Farré. La recomendación conecta con otro campo de investigación: la alimentación distraída.

Un metaanálisis publicado en 2026 analizó el efecto de las distracciones sobre la ingesta en adultos. El resultado durante la propia comida varió según el tipo de distracción, mientras comer distraído sí se relacionó con una mayor ingesta en una comida posterior. Las distracciones pasivas, como ver la televisión, también se asociaron con una mayor ingesta durante la propia comida.

Apartar el teléfono o apagar la televisión puede convertirse así en una herramienta para prestar atención al plato, al ritmo y a las sensaciones que aparecen mientras comemos.

Júlia Farré convierte los 10 minutos en una señal para observar cómo comemos

"Deja de comer antes de que el estómago esté súper lleno", recomienda también Farré. Su mensaje coloca la atención en reconocer la saciedad durante la propia comida en lugar de llegar a una sensación intensa de plenitud.

La cifra de diez minutos resulta útil como llamada de atención, aunque la evidencia científica revisada estudia la velocidad de ingesta mediante métodos diversos y carece de un punto de corte universal que convierta automáticamente una comida de nueve minutos en demasiado rápida y otra de once en adecuada.

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