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Pilar Bernabé ve "gravísimo" que el PP hiciera en Móstoles lo mismo que ella hizo con el caso Salazar

La secretaria de Igualdad del PSOE y delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana no recuerda ella tuvo en un cajón, durante cinco meses, las denuncias internas por acoso sexual contra una de las manos derechas de Pedro Sánchez, que aún no las ha mandado a Fiscalía o que hubo un reunión en Ferraz donde se pidió a las mujeres socialistas que no "hicieran mucho ruido" con el tema. 

La secretaria de Igualdad del PSOE, Pilar Bernabé, interviene en un acto público con motivo del 25N en Cáceres

La secretaria de Igualdad del PSOE, Pilar Bernabé, interviene en un acto público con motivo del 25N en CáceresEuropa Press

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La delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana y secretaria de Igualdad del PSOE, Pilar Bernabé, ha visto la oportunidad de 'lamerse las heridas' tras conocerse un presunto caso de acoso sexual en el Ayuntamiento de Móstoles, calificando de “gravísimo” que la dirección madrileña del PP, supuestamente, pidiera a la víctima que no denunciara. Unas declaraciones que contrastan, y de ahí que Bernabé aproveche la ocasión para redimirse, con la prolongada inacción del propio PSOE, y de ella misma como secretaria de Igualdad, ante las denuncias internas por acoso sexual contra Paco Salazar, uno de los hombres de máxima confianza del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ella tuvo metidas en un cajón, sin llevar a cabo ninguna medida, durante más de cinco meses.

Bernabé se pronunció este jueves, a preguntas de los medios durante la presentación del XXXVII Congreso de Librerías València 2026, después de que El País publicara que una edil de Móstoles habría sido presionada por el PP de Madrid para silenciar el acoso que atribuía al alcalde del municipio, Manuel Bautista. Según la dirigente socialista, los hechos reflejan una “constante” en el PP de “tapar los casos y esconderlos bajo la alfombra”.

“Lo que hemos visto negro sobre blanco es que se ha pedido a la víctima que no denuncie, y eso es gravísimo”, afirmó Bernabé, quien exigió la dimisión inmediata del presunto acosador y lanzó un mensaje directo a las mujeres del PP para que “no hagan caso a quienes les dicen que callen”.

Sin embargo, su contundente repulsa a lo ocurrido en Móstoles, que sin duda es más que denunciable, contrasta con su propia actuación cuando las denuncias se acumulaban, a montones, en el buzón interno del PSOE, en especial las que iban contra Salazar, en stand by, incluso fulminadas, durante más de cinco meses y que, gracias a que los medios se hicieron eco de la situación, se empezaron a analizar. Pese a esto y a que muchas dirigentes socialistas, como Adriana Lastra o Andrea Fernández, pedían a Bernabé y a la secretaria de Organización, Rebeca Torró, que llevaran las denuncias a la Fiscalía, el partido se negó, provocando una oleada de críticas internas, especialmente entre dirigentes socialistas y colectivos feministas del partido.

La gestión de la situación fue tan cuestionable por parte de la secretaria de Igualdad que, hasta en una reunión interna presidida por la propia Bernabé, acompañada por otras mujeres como la vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, o la propia Torró, se llegó a pedir a las mujeres del PSOE más críticas con el tema que “no hicieran mucho ruido”. Una consigna que no solo no apaciguó el malestar, sino que terminó por desatar una rebelión interna feminista.

Pese a todo esto, la secretaria de Igualdad del PSOE ha defendido que se siente “orgullosa” de pertenecer a un partido que actúa con “contundencia ejemplar” ante los casos de acoso, poniendo de ejemplo precisamente, aunque parezca surrealista, el de Salazar, asegurando que fue apartado “a las pocas horas” de conocerse públicamente. Una afirmación que obvia el largo periodo en el que se estuvo sin actuar con las denuncias tras haberlas eliminado del canal interno del partido y que, si no llega a ser por la prensa, nunca más se hubiera sabido. Una gestión en la que, pese a que ahora asegura que se siente orgullosa, Bernabé admitió que hubo “algunos fallos”.

La delegada del Gobierno insistió en que “el machismo es estructural” y que es imprescindible denunciar y activar todos los protocolos disponibles, aunque sus palabras vuelven a situar al PSOE ante el espejo de una doble exigencia: máxima dureza con los escándalos ajenos y una gestión interna marcada por la opacidad cuando las denuncias afectan al núcleo del poder socialista.

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