Centro de datos, ¿problema o solución?

Centro de datos de Google en Ohio
La economía del siglo XXI
Las sociedades contemporáneas atraviesan un periodo de disrupción marcado por tres ejes fundamentales: la descarbonización, la transición ecológica y la transformación digital. En este escenario, el crecimiento de la economía digital es vertiginoso y promete volverse exponencial con el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA).
La digitalización masiva, la inteligencia artificial y el procesamiento de datos intensivo son ya parte inseparable de la economía global. Lo que hace dos décadas eran centros de cómputo especializados hoy son palancas de competitividad estratégica: desde servicios financieros hasta logística, desde salud hasta automoción.
Alto consumo energético
No obstante, los Centros de Datos presentan una característica diferencial que condiciona su despliegue territorial y regulatorio: su elevada intensidad energética. El procesamiento de grandes volúmenes de datos exige energía constante y de alta calidad; servidores, sistemas de refrigeración, almacenamiento y redes que funcionan 24/7 requieren energía firme sin interrupciones.
La Agencia Internacional de la Energía sitúa el consumo de centros de datos en ~415 TWh en 2024 (aproximadamente el 1,5% del consumo eléctrico mundial) y proyecta un consumo de 945 TWh en 2030 (más del doble). Aunque otras estimaciones apuntan a que esta cifra podría multiplicarse de aquí a 2030, superando el consumo energético de muchos países.
Esa intensidad de consumo energético ha llevado a algunos analistas, como comentábamos en artículo anterior, a plantear para los Centros de Datos exigencias adicionales a la del resto de consumidores eléctricos para mantener la estabilidad de las redes eléctricas y evitar el incremento de precios en el mercado eléctrico.
Un error que dilapidaría las ventajas de nuestro país para atraer la inversión para el desarrollo de estas infraestructuras críticas para la economía del siglo XXI.
El potencial de España como hub europeo digital
En el caso de España, el sector presenta un elevado potencial de atracción de inversión extranjera directa, con estimaciones que sitúan en torno a 8.000 millones de euros la inversión asociada a proyectos actualmente en cartera y un impacto potencial sobre el PIB de hasta 60.000 millones de euros.
España reúne condiciones objetivas para convertirse en un nodo digital europeo, crear empleo cualificado y fortalecer su base industrial de alta tecnología. Geográficamente, está bien situada para conexiones de cables submarinos intercontinentales (20 operativos o proyectados), tiene centros urbanos con disponibilidad de suelo y proximidad a redes robustas y la rápida incorporación de energía renovable produce en determinadas horas electricidad más barata que hace años y que la de nuestros vecinos europeos.
La eficiencia energética de los Centros de Datos
Es una oportunidad que no podemos ni debemos desaprovechar. Porque, contrariamente a lo que suele sostenerse, los Centros de Datos son instalaciones muy eficientes energéticamente al agregar el consumo en un único punto de lo que antes se distribuía en miles de servidores dispersos en edificios públicos y empresas, optimizando el uso de los equipos de refrigeración y mejorando el aprovechamiento de la energía. Se estima que la eficiencia energética global con dicha agregación puede subir del 40% hasta el 80%.
Además, aportan estabilidad al sistema eléctrico gracias a su demanda continua y predecible que contribuye a mejorar el factor de carga de la red y reduce las pérdidas estructurales-y en muchos casos, demanda también gestionable, -como es el caso de los dedicados al entrenamiento de IA-, convirtiéndolas en un activo útil para la transición energética, no en su obstáculo, ya que nuestro sistema eléctrico tendrá que incrementar su consumo en un +34% hasta 2030 para hacer posible el cumplimiento del PNIEC con la nueva potencia renovable proyectada
Los problemas están en la regulación y las redes eléctricas
Sin embargo, nuestras ventajas y oportunidades estratégicas se disuelven cuando se examinan las condiciones de acceso a la red y a la planificación. El porcentaje de proyectos denegados en ciertas subáreas supera el 95 %. No es un problema de quien pide acceso; es un síntoma de un sistema diseñado para controlar cargas en lugar de facilitar inversiones productivas.
En otras palabras: el cuello de botella no son los Centros de Datos, sino la falta de una planificación dinámica y una arquitectura eléctrica adaptada a nuevas demandas.
El Gobierno anunció modificaciones a la Planificación 2021-2026 para atender proyectos estratégicos, pero los resultados han sido insuficientes y desde el gran apagón de abril de 2025, se han disparado hasta en 1.000 millones de euros los sobrecostes por operación reforzada, desatando una “guerra” entre distribuidoras y transportista (Red Eléctrica) que no ayuda al despliegue eficiente y ordenado.
Ahora se promete un nuevo Real Decreto para inversión en redes eléctricas en el nuevo periodo de Planificación 2025-2030, en trámite, que reserva 3,8 GW para 2030 para Centros de Datos, pero contrasta con los 13,1 GW reservados para electrolizadores para producir hidrógeno, algo sorprendente comparando el grado de madurez de uno y otro mercado.
Tampoco ayuda la propuesta de Real Decreto que prepara el gobierno para la eficiencia energética de los Centros de Datos, que impone exigencias mayores que las que se contienen en la Directiva europea; la obsesión de este gobierno por los récords “verdes” acaba perjudicando el propio desarrollo de las renovables.
Solución, no problema
En definitiva, despachar la cuestión como si los Centros de Datos fuesen una “amenaza” para el sistema eléctrico es una simplificación peligrosa. La amenaza real está en un sistema que no ha sabido anticipar ni adaptarse a nuevas formas de demanda. Los Centros de Datos no han creado una nueva carga artificial: la economía digital la ha generado.
Y la paradoja está en que los Centros de Datos, lejos de ser un problema son una solución para reequilibrar la estabilidad y eficiencia de nuestro sistema eléctrico y favorecer un mayor aprovechamiento de las renovables, si se sabe utilizar con visión integral y de medio y largo plazo.
Un sistema eléctrico moderno debe tener una planificación coordinada de capacidad de transporte y distribución, mecanismos de asignación dinámica de capacidad de red, incentivos para contratos bilaterales de largo plazo que den previsibilidad a la inversión e integración adecuada de energías renovables con almacenamiento y respaldo flexible. Sin estos elementos, cualquier gran carga de demanda —sea un Centro de Datos, una fábrica de baterías o una planta de hidrógeno verde— encontrará resistencias operativas, regulatorias y administrativas. Y España no puede permitírselo.
Es urgente una política nacional estratégica, coherente, realista y transversal para el desarrollo de la infraestructura digital, un paquete de medidas que facilite un marco energético adecuado para el desarrollo de los Centros de Datos en España, porque será un éxito también para la economía, la industria, el empleo y la equidad territorial.
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