La fuerza de ir juntos
Hay una idea que quienes llevamos años en el mundo empresarial aprendemos pronto: solos podemos avanzar, pero juntos llegamos mucho más lejos.

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En un momento en el que los desafíos para crear empresas y garantizar su continuidad son cada vez mayores, la colaboración entre empresarios y organizaciones empresariales no es una opción; es una necesidad.
España cuenta con miles de empresarios que pelean cada día en mercados distintos y, precisamente, por eso resulta tan importante encontrar aquellos espacios donde las diferencias se aparcan para defender objetivos comunes. Cuando hablamos de fiscalidad, de seguridad jurídica, de relevo generacional y de emprendimiento, no existen intereses individuales; el interés es colectivo.
A veces se comete el error de pensar que la unidad implica uniformidad, pero no. Es lógico que existan voces diferentes, sensibilidades distintas e incluso posiciones divergentes sobre determinadas cuestiones. La riqueza del tejido empresarial español reside precisamente en esa pluralidad. Sin embargo, cuando llegan los grandes debates, debemos ser capaces de caminar de la mano.
Las administraciones escuchan más cuando el mensaje es compartido, las reformas tienen más posibilidades de salir adelante cuando representan a una mayoría y convencer es mucho más sencillo cuando detrás de una propuesta hay miles de empresarios empujando en la misma dirección.
La historia demuestra que los grandes avances para las empresas nunca han llegado desde posiciones aisladas. Han nacido del diálogo, del consenso y de la capacidad de construir alianzas.
Ninguna organización empresarial, por grande que sea, puede representar toda la realidad económica de nuestro país si los que la conforman no se dan la mano. Pero cuando las personas que forman parte de asociaciones, federaciones, confederaciones y empresas unen esfuerzos, la capacidad de influencia se multiplica. Gracias al trabajo de la CEOE y de organizaciones como la que tengo el honor de presidir, CEAJE, estamos todos subidos al mismo barco y con una ruta bien definida.
Desde CEAJE llevamos por bandera precisamente esa idea. La de una juventud empresaria unida, capaz de colaborar por encima de diferencias territoriales o sectoriales para impulsar cambios reales.
Y esos cambios tienen nombres y apellidos. Queremos una fiscalidad que incentive el crecimiento en lugar de penalizarlo.
Queremos facilitar el relevo generacional para que miles de negocios viables no desaparezcan cuando llega la jubilación de quienes los crearon. Queremos desplegar una auténtica alfombra roja al emprendimiento, eliminando trabas burocráticas y simplificando procesos. Queremos seguridad jurídica para que las empresas puedan planificar inversiones y generar empleo con confianza.
Pero también perseguimos algo igual de importante: recuperar el reconocimiento social de la figura del empresario. Porque frente a los discursos que intentan presentar al empresario como un problema, la realidad demuestra que es parte de la solución. Somos nosotros quienes generamos empleo, dinamizamos barrios, mantenemos vivos pueblos, innovamos, exportamos y creamos oportunidades para miles de familias.
La inmensa mayoría de quienes emprenden no buscan privilegios; buscan simplemente poder desarrollar sus proyectos en un entorno que valore su aportación.
Por eso debemos seguir trabajando juntos. Porque cuando el tejido empresarial se une, gana capacidad de propuesta, gana influencia y gana legitimidad. Pero, sobre todo, gana la sociedad.