× España Medios Tribunales Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía Medio Ambiente ESdiario TV Mundo C. Valenciana Vanidad
La ministra de Exteriores, en una visita a Marruecos.

El cese del "enlace español" con Mohamed VI hirió de muerte la cumbre con Rabat

Malestar en la cúpula diplomática de González Laya por la caótica gestión de la reunión de alto nivel con el gobierno marroquí. Era estratégica y ha acabado suspendida tras varios desplantes

| Javier Ruiz de Vergara España

Estupor, enfado y un gráfico "se veía venir" circulan este viernes por los pasillos del Ministerio de Asuntos Exteriores tras la caótica gestión de una cumbre bilateral entre Marruecos y España que se consideraba "estratégica" para el Gobierno -más aún por la oleada migratoria y los nuevos equilibrios en Oriente Medio- y que ha sufrido vaivenes y provocaciones contra Rabat que han acabado con la cita suspendida por sorpresa. Aplazada a febrero, en el lenguaje diplomático al uso.

Los técnicos que trabajan en la Secretaría de Estado de Asuntos Exteriores, y más en concreto en la Dirección General para el Magreb, Mediterráneo y Oriente Próximo, no ocultan su malestar con el desenlace de una reunión gubernamental de Alto Nivel que llevaba meses preparándose con todo detalle. Más aún con uno de los socios más "imprevisibles y rocosos" de España -en palabras de uno de esos técnicos a ESdiario- como lo es el país que lidera con mano de hierro el Rey Mohamed VI.

Malestar, en primer lugar, por que desde Moncloa hayan salido "mensajes equívocos y temerarios" respecto al Sáhara, cuando la ministra Arancha González Laya sabía de primera mano que Estados Unidos y Marruecos estaban "ultimando" su acuerdo para que Rabat reestablezca las relaciones bilaterales con Israel, a cambio de que Donald Trump haya reconocido la soberanía marroquí en la antigua colonia española. Una decisión clave para Mohamed VI.

Y, más aún, sabiendo esto, mientras el sector Podemos del Gobierno lleva meses "ejerciendo de lobbista del Polisario", según fuentes de Exteriores.

Pero, además, el Gobierno desconcertó a nuestro socio del sur cuando fulminó en noviembre al cónsul de España en Rabat, Fernando Villalonga, uno de los sherpas diplomáticos encargado de la negociación del perfil y los detalles más difíciles de la cumbre hispano-marroquí, que debía tener su guinda con la audiencia real de Mohamed VI a Pedro Sánchez.

Más aún cuando Villalonga estaba muy bien considerado por el Ministerio de Exteriores marroquí por su perfil proamericano y alejado frontalmente de las tesis de Podemos sobre el referendum de autodeterminación del Sáhara. De hecho, son muchos en la carrera diplomática los que atribuyen su despido antes de aterrizar en Rabat a sus críticas a la estrategia en política internacional del gobierno progresista.

 Villalonga, un veterano del Palacio de Santa Cruz, fue cesado -la versión oficial difundió su "renuncia por motivos personales"- recién nombrado, y tras participar en octubre en un programa de televisión por Internet en el que afirmó que "la caja B del PSOE siempre ha estado en Venezuela".

Fuentes del entorno de Villalonga explicaron tras su purga que el diplomático recibió una llamada de la subsecretaria de Exteriores, Celsa Nuño, para que renunciase a su puesto. Otras fuentes, sin embargo, explican a ESdiario que la decisión de su salida inmediata se tomó en zona noble de la sede del Ministerio.

 

Los coqueteos de Podemos con el Frente Polisario han acabado pasando factura a Sánchez.

 

Villalonga no ha tenido mucha suerte con Pedro Sánchez. En 2017 fue nombrado embajador en Brasil, pero fue cesado en 2018 por Josep Borrell, con la llegada del líder socialista a Moncloa tras la moción de censura.

El diplomático ha sostenido que "España ha abandonado la política exterior, que se reduce a Cuba, a Venezuela" y que no tiene peso internacional porque pierde "energías internamente" con la gestión de la coalición de gobierno y porque se ha "lanzado a proteger regímenes como Venezuela y Nicaragua" y a hacer políticas contra Estados Unidos.

Villalonga estaba llamado a jugar un papel decisivo, junto al embajador Ricardo Díez-Hochleitner, en los preparativos de una cumbre que ha transitado de un sobresalto a otro hasta su suspensión, propiciada por Rabat. Y como suelen decir en Exteriores, "Mohamed VI nunca da puntada sin hilo".