08 de Marzo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Iglesias

23F: 40 años después, la trama involucionista cambia de disfraz pero está viva

La democracia española sobrevivió hace cuatro décadas a un enorme desafío que, con otros protagonistas y discursos, ha resucitado ahora. No lo logrará, pero lo intenta con denuedo.

| Antonio Martín Beaumont España

 

Muchos tienen en el recuerdo el 23-F como un golpe de Estado que un puñado de guardias civiles quiso dar secuestrando nuestro parlamento reunido en sesión de investidura tras la dimisión de Adolfo Suárez. Pero, detrás de aquellos guardias había también una trama de políticos que consideraban que la marcha de la Transición no era la adecuada y que ellos podían enderezar la aún débil libertad. 

Se equivocaron. España no quería involuciones. Aquel Gobierno de concentración, con políticos de distintos partidos, pergeñado por el general Alfonso Armada y demás golpistas, no logró siquiera leerse en el Congreso de los Diputados. Venció la fuerza de la democracia. Ganó el pueblo español. 

Cuarenta años después del 23-F, algunos políticos, incluso sentados en el Gobierno, se creen por encima de la ley hasta el punto de pretender cancelar el sistema que nos dimos todos en 1978 liquidando la Constitución y su plenitud democrática, esparciendo campañas demagógicas de descrédito contra el jefe del Estado, periodistas, empresarios, jueces o policías. 

El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos, Pablo Iglesias, cabeza visible de este movimiento liberticida, ha traspasado ya cualquiera de las líneas  rojas que los demócratas siempre deben respetar. 

 

En un solo día, convirtió al sociópata Pablo Hasel en un perseguido al que la Justicia quiere recortar la libertad de expresión; amenazó a la prensa exigiendo desde el Congreso amordazar el sector y, finalmente, permitió que su partido jaleara los gravísimos disturbios en Madrid y Barcelona provocados por hordas antisistema. Además, en lugar de rechazar la violencia acusó a los policías de las agresiones. Todo esto, hay que recalcarlo, lo hace el vicepresidente del Gobierno. 

Iglesias y sus socios debilitan las instituciones del Estado. El Rey, los jueces, empresarios, la prensa libre, la policía están en su punto de mira. Se equivocan

Podemos es el catalizador de un discurso de odio en España. Viene haciéndolo desde hace años. Además, se beneficia políticamente de ello. Lo único que ha cambiado en el partido morado durante este tiempo es que su líder,  Iglesias, ahora lanza todas esas diatribas desde la palestra gubernamental con amplios poderes ejecutivos y un gran aparato económico, legislativo y mediático a su disposición. 

Pablo Iglesias, como Oriol Junqueras o Arnaldo Otegi, deberían ser personajes marginales en una democracia digna de tal nombre. Pero si todos ellos están habilitados e influyen de manera decisiva en el rumbo de España es simplemente por la debilidad de un presidente que, teniendo otras alternativas, ha escogido gobernar de forma premeditada y sostenida con estos peligrosos costaleros. 

Asaltar el cielo

Iglesias y sus socios debilitan a conciencia las instituciones del Estado. Es la estrategia de los antisistema. Buscan forzar las costuras legales de España. El Rey, los jueces, empresarios, la prensa libre, la policía están en su punto de mira.  Preparan “asaltar el cielo”. Pero, se equivocan.

Al igual que erraron los golpistas, políticos y militares del 23-F. Y pasarán. Quedarán para el infausto recuerdo como el teniente coronel Antonio Tejero, el general Armada y otros nombres más, protagonistas de aquellas tramas involucionistas de hace ya cuarenta años. Al final, meramente serán otra anomalía en nuestro camino de libertad y democracia.