| 21 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Arrimadas e Igea en el arranque de la precampaña del 13-F.
Arrimadas e Igea en el arranque de la precampaña del 13-F.

Arrimadas se juega su última bala abrazada a sus "enemigos" Sánchez e Igea

Cuenta atrás definitiva en Ciudadanos ante dos episodios claves para su supervivencia: el posible rescate al presidente con la reforma laboral y el resultado del 13-F en Castilla y León.

| Miguel Blasco España

En Ciudadanos reconocen que una parte de lo que suceda en su futuro próximo está en manos del candidato a la Presidencia de la Junta de Castilla y León. Y eso, aseguran, no saben si les hace respirar tranquilos o todo lo contrario. Ciudadanos tiene un problema. Uno, y muy serio: la sensación de desintegración que transmite y que empapa a lo que queda del partido.

 

A tal nivel llega el asunto, que, quién lo diría, Paco Igea se ha convertido en una tabla de salvación. Algo que, como reconocen fuentes del partido, “es para tener mucho respeto”.

Con Cs reducido a una serie de focos de resistencia en Andalucía, Madrid capital y poco más, Igea se ha convertido, a la fuerza, en un peso pesado y en una de las últimas esperanzas de Arrimadas.

Porque, quien lo diría también, el ogro de ayer se ha convertido en la gran esperanza de Ciudadanos. Hace un año, la lideresa Inés Arrimadas e Igea se tiraban ‘beef’, como dicen los raperos, a costa del paso de Lorena Roldán de Cs a los populares catalanes. Hoy, una y otro aparentan lo que no son porque, a la fuerza ahorcan, la nave hace aguas y no hay botes salvavidas.

La historia de los desencuentros de Igea con la dirección nacional de Ciudadanos no es nueva. Ni siquiera Arrimadas tiene la exclusiva. El médico ya se la lió parda a Albert Rivera cuando éste, en una decisión que todavía no comprende mucha gente, quiso hacer de Silvia Clemente, expresidenta de las Cortes de Castilla y León y consejera de los Gobiernos de Juan Vicente Herrera -o sea, una pata negra popular de toda la vida- la cabeza visible de su partido en la región. Una política que Ciudadanos siguió en otros lados -Madrid incluida- y que ahora, en la desbandada, le pasa factura.

 

La soledad de Arrimadas: una líder en apuros que se la juega "abrazada" a su enemigo interno.

 

El único problema de aquello fue que Rivera no esperaba encontrarse con un Igea del que lo más suave que salía del cuartel general de la madrileña calle Alcalá era la palabra “cabezota”.

Con todo el aparato en contra, Igea logró imponerse y convertir Castilla y León, hasta cierto punto, en su feudo, cambiando a Rivera por Arrimadas en sus dimes y diretes.

Quién lo diría, Paco Igea se ha convertido en una tabla de salvación. Algo que, como reconocen fuentes del partido, “es para tener mucho respeto”.

Tampoco la dirección nacional ha dejado de verle con preocupación por su forma de manejar los asuntos de Cs en Castilla y León y por su protagonismo, mucho menos discreto que el de su homólogo andaluz, Juan Marín.Igea -reconocen incluso algunos de sus fieles- es como una apisonadora. Para bien. Pero también para mal”.

 Con Cs reducido a una serie de focos de resistencia en Andalucía, Madrid capital y poco más, Igea se ha convertido, a la fuerza, en un peso pesado y en una de las últimas esperanzas de Arrimadas. De ahí que, ahora, se haya pasado de puntillas sobre procesos de primarias, y que tanto uno como otra no están para minucias cuando las cosas vienen torcidas y la sensación general es de declive.

El 13-F en Castilla y León ha unido a Arrimadas y a Igea, que se enfrentan a un examen sin posibilidad de reválida. Y es que ambos se juegan algo más que unas elecciones: la supervivencia de la formación a la que pertenecen y la aproximación a un punto final que convierta a los naranjas en un partido residual.