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Japón estudia recuperar antiguas ramas imperiales para evitar una crisis sucesoria sin precedentes

La falta de herederos varones obliga al Gobierno japonés a plantear una reforma histórica mientras crece el apoyo ciudadano para que la princesa Aiko pueda acceder al Trono del Crisantemo.

El emperador Akihito y el príncipe Naruhito


17/1/2019

El emperador Akihito y el príncipe Naruhito 17/1/2019Europa Press

David González
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La monarquía hereditaria más antigua del mundo atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. La escasez de herederos varones ha llevado a Japón a estudiar una reforma sin precedentes que podría devolver a la Casa Imperial a descendientes de antiguas ramas principescas eliminadas tras la Segunda Guerra Mundial.

El Parlamento japonés analiza una modificación de la legislación para reforzar una institución con más de 2.600 años de historia y cuya continuidad comienza a estar en entredicho. La ley vigente solo permite acceder al Trono del Crisantemo a los hombres descendientes por línea paterna de un emperador, pero la familia imperial apenas cuenta hoy con cuatro miembros masculinos.

Entre los posibles candidatos a regresar a la Casa Imperial hay perfiles muy alejados de la vida palaciega. Empresarios, estudiantes universitarios, ejecutivos del sector publicitario e incluso un jugador profesional de póker forman parte de las antiguas ramas cadetes de la familia imperial, cuyos miembros perdieron sus títulos en 1947 durante la ocupación estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial.

La situación afecta directamente al emperador Naruhito, de 66 años, que solo tiene una hija, la princesa Aiko, nacida en 2001 tras un tratamiento de fertilidad seguido por la emperatriz Masako. El primer heredero es su hermano, el príncipe Akishino, de 60 años, mientras que el hijo de este, el príncipe Hisahito, de 19 años, representa la principal esperanza para asegurar la continuidad de la dinastía. El único otro miembro masculino de la familia es el príncipe Hitachi, tío del emperador, que ya ha cumplido 90 años.

A la falta de herederos se suma otro problema creciente: el reducido número de integrantes de la Casa Imperial dificulta atender los numerosos compromisos oficiales y ceremoniales que recaen sobre la institución.

Dos reformas sobre la mesa

Tras años de debate, Gobierno y oposición han acercado posturas en torno a dos posibles soluciones.

La primera permitiría que las princesas conservaran su condición de miembros de la familia imperial después de casarse con ciudadanos ajenos a la realeza. Sin embargo, sus hijos seguirían excluidos de la sucesión al trono.

La segunda contempla que miembros de la actual Casa Imperial adopten a descendientes varones de las antiguas ramas principescas. Aunque esos hombres no podrían convertirse en emperadores, sus futuros hijos sí entrarían en la línea sucesoria.

La principal incógnita es si alguno de los candidatos aceptaría renunciar a su vida privada para integrarse en una institución caracterizada por un estricto protocolo y fuertes limitaciones personales. Tsuneyasu Takeda, descendiente de una de las antiguas ramas imperiales, ha expresado públicamente sus dudas: "Entre quienes han llevado una vida libre como ciudadanos corrientes, no creo que nadie se ofrezca voluntariamente a regresar a la familia imperial".

Actualmente, solo cuatro de las once antiguas familias principescas conservan descendientes varones susceptibles de ser incorporados: los Kaya, los Kuni, los Higashikuni y los Takeda. En total, existen doce hombres solteros que podrían reunir los requisitos.

La princesa Aiko gana apoyos

Mientras el debate político continúa, la opción que despierta un mayor respaldo entre la población japonesa es otra muy distinta. Una encuesta reciente refleja que el 70 % de los ciudadanos apoyaría modificar la ley para que la princesa Aiko pudiera convertirse en emperatriz.

No obstante, esta posibilidad sigue encontrando una fuerte oposición dentro del ala más conservadora del gobernante Partido Liberal Democrático. Entre sus voces más destacadas figura la exministra Sanae Takaichi, que defiende que la legitimidad de la dinastía imperial solo puede transmitirse por línea masculina.

El emperador Naruhito de Japón.

El emperador Naruhito de Japón.CONTACTO vía Europa Press

A ello se añaden las controversias que rodean a algunos de los posibles candidatos a regresar a la Casa Imperial. Entre ellas destaca el caso de Tsunekazu Takeda, antiguo miembro del Comité Olímpico Internacional que dimitió tras verse implicado en un escándalo de corrupción, así como el de otro familiar condenado, con suspensión de pena, por posesión de marihuana.

Incluso si se encontrara un candidato dispuesto a reincorporarse, seguiría pendiente una cuestión jurídica de enorme complejidad: determinar qué miembro de la actual familia imperial asumiría legalmente su adopción. El único varón sin descendencia es el anciano príncipe Hitachi, lo que evidencia las dificultades prácticas de la propuesta.

Para muchos expertos, todos estos obstáculos refuerzan la idea de que la solución más sencilla pasa por permitir la sucesión femenina. Sin embargo, los sectores más tradicionales insisten en preservar la línea masculina que, según la tradición, se remonta al legendario emperador Jimmu.

Frente a esa visión, cada vez más japoneses recuerdan que la propia mitología del país sitúa el origen de la dinastía imperial en Amaterasu, la diosa del Sol, un argumento que alimenta el debate sobre la posibilidad de que una mujer vuelva a ocupar el Trono del Crisantemo por primera vez en la era moderna.

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