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Sarah Santaolalla carga contra la Cruz de Borgoña y confunde historia con fascismo en su discurso

En un intento por atacar al PP y al portavoz Miguel Tellado, la opinadora sanchista acabó arremetiendo contra la histórica bandera del Imperio Español, a la que calificó “fascista”. Las redes no tardaron en recordarle que el símbolo es varios siglos anterior a Franco

Sarah Santaolalla

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Luis Sordo
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La opinadora sanchista y regada de dinero en TVE, Sarah Santaolalla, ha vuelto a dejar claro que, en la política actual, la ignorancia histórica se ha convertido en argumento. En una reciente intervención, la parlamentaria sorprendió —y no precisamente por su rigor— al afirmar que “la falta de empatía del señor Tellado con las víctimas del franquismo quizás nace de su admiración por banderas que ahora utilizan los fascistas, como la de la Cruz de Borgoña”.

La Cruz de Borgoña

Sí, lo han leído bien. Para Sarah Santaolalla, la Cruz de Borgoña, símbolo de la Monarquía Hispánica desde el siglo XVI, es ahora una bandera “fascista”. Poco importa que haya ondeado en los galeones españoles que cruzaban el Atlántico, o que hoy figure en unidades del Ejército, museos y hasta en escudos municipales: para ella, todo lo que huela a historia de España parece automáticamente sospechoso.

La ocurrencia ha generado estupor incluso entre sectores moderados de la izquierda, y carcajadas en redes sociales, donde no faltaron los memes y recordatorios de que la Cruz de Borgoña fue el estandarte de los Tercios españoles… unos cuantos siglos antes de Franco.

La izquierda, a la manipulación

Pero más allá del chascarrillo de Sarah Santaolalla, el episodio revela un patrón preocupante: la tendencia de ciertos políticos a manipular símbolos históricos para alimentar el relato ideológico. Una práctica tan peligrosa como absurda, que trivializa el fascismo real y convierte la historia de España en un campo de batalla partidista.

Mientras tanto, en su intento de señalar a los “fascistas” bajo cualquier piedra, Sarah Santaolalla ha terminado ridiculizándose a sí misma. Y es que, como recordaba un usuario en redes, “si seguimos así, en breve acusarán a Cervantes de franquista por haber servido en Lepanto”. Quizás lo que falta no sea empatía, sino un poco de cultura y sentido común.

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