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Salvador Illa ve cerca el fin de Sánchez y pone tierra de por medio: "El PSOE no es lo mismo que el PSC"
"No habrá afectaciones en los casos de corrupción y acoso sexual, no salpicará al Govern de Cataluña", señala el presidente catalán marcando la distancia con Ferraz y sus escándalos

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa
Salvador Illa empieza a tomar distancia. Sin romper del todo, sin desautorizar explícitamente a Pedro Sánchez, pero marcando por primera vez una frontera política clara entre el PSOE y el PSC. El presidente de la Generalitat de la Cataluña y primer secretario de los socialistas catalanes ha inaugurado un nuevo discurso defensivo con un objetivo evidente: blindarse ante los casos de corrupción y los escándalos de acoso sexual que cercan al partido que gobierna España.
“El PSC y el PSOE son partidos diferentes”. La frase no es casual ni inocente. Illa la ha pronunciado para dejar claro que los problemas que sacuden al PSOE no tendrán, según él, “ninguna afectación” en Cataluña ni “salpicarán al Govern”. Un cortafuegos político levantado con prisas, consciente de que el desgaste del sanchismo empieza a ser tóxico incluso para sus aliados más disciplinados.
Hasta ahora, Salvador Illa había evitado cualquier matiz que pudiera interpretarse como una toma de distancia de Pedro Sánchez. Hoy, sin embargo, el líder del PSC ha cruzado una línea inédita: separar orgánicamente a su partido del PSOE justo cuando la marca nacional se tambalea. Un movimiento preventivo que delata inquietud y que suena más a salvavidas.
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Eso sí, levantada la barrera, Illa ha vuelto al argumentario clásico. Defensa cerrada del presidente del Gobierno y elogio sin fisuras del Ejecutivo central. “El Gobierno de España funciona muy bien”, ha asegurado, calificándolo como “el mejor en 15 años” y, sobre todo, “el mejor para Cataluña”, a la que ha dado por “encaminada hacia la normalización”. Un mensaje dirigido tanto a Madrid como a su electorado, intentando cuadrar lealtad y autoprotección. El presidente catalán sí ha admitido, no obstante, que el resultado electoral en Extremadura ha sido un golpe para el PSOE. “No ha sido bueno”, ha reconocido, recordando la dimisión de Miguel Ángel Gallardo como secretario general socialista en la región y la apertura de un proceso de renovación del liderazgo. Una concesión mínima a la realidad, formulada con cuidado para no cuestionar el núcleo del poder en Ferraz.
Desde ahí, Illa ha pasado rápidamente al ataque contra el PP, al que ha reprochado no haber alcanzado la mayoría absoluta y verse abocado a depender de Vox. “No querían Vox, pues ahora dos tazas de Vox”, ha ironizado, acusando al PP de tacticismo político y advirtiendo de que ese camino “no da buenos frutos”. Pero el mensaje de fondo ya estaba lanzado. En un contexto de desgaste acelerado del sanchismo, Salvador Illa ha decidido marcar territorio. Seguir apoyando a Pedro Sánchez, sí, pero dejando claro que, si el barco se hunde, el PSC no va en el mismo camarote que el PSOE. Una maniobra de supervivencia política que dice mucho más de lo que aparenta.
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