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El PSOE se lo juega todo a la carta de Óscar Puente: "Es un macarra pero muy hábil en crisis"

Desde Moncloa confían en que el ministro de Transportes sepa torear la crisis del accidente de Adamuz y muestre imagen de gestión como hizo en la dana aunque su parte polémica genere amplio rechazo.

El ministro de Transportes, Óscar Puente

El ministro de Transportes, Óscar PuenteGustavo Valiente / Europa Press

Enrique Martínez Olmos

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El ministro de Transportes, Óscar Puente, se ha convertido en una pieza central del engranaje político de Pedro Sánchez, hasta el punto de que buena parte del PSOE asume que es el ministro al que se le confían las situaciones más delicadas. Un perfil polémico, bronco, excesivo en las formas, pero al que Moncloa considera eficaz cuando todo se incendia como es el caso ahora del accidente de Adamuz. El equipo de Sánchez confía en que Puente sabrá torear una situación muy difícil que amenaza con hacer daño al Gobierno, más que la corrupción o el acoso. Toda la apuesta a la carta del buen hacer del polémico ministro. No hay otro plan B. O Puente capea el temporal, o asumir el desgaste.

“Hay dos Óscar Puente”, admiten socialistas. “El del personaje público, macarra y provocador, y el de la gestión pura y dura”. Y es precisamente esa dualidad la que explica por qué, pese a su desgaste constante y a la acumulación de polémicas, Sánchez sigue blindándolo. Desde que dio el salto definitivo a la primera línea nacional, el ministro de Transportes ha tenido que afrontar dos crisis de enorme calado: la dana de Valencia y el grave accidente ferroviario de Adamuz. En ambas, el PSOE sostiene que el ministro ha sabido cambiar el registro. Menos Twitter, más despacho. Menos chulería, más perfil institucional. Al menos de puertas adentro.

El problema es que esa versión 'responsable' de Óscar Puente convive y choca con el personaje que él mismo ha construido durante años: el político del insulto fácil, del tono despectivo, del enfrentamiento permanente con periodistas, oposición y colectivos profesionales. Y esa contradicción no se borra con una comparecencia solemne o un mensaje medido en la Cope. En Moncloa lo saben. Y aun así, lo asumen. Porque creen que el ministro de Transportes tiene algo que hoy escasea en el Gobierno: capacidad de mando en situaciones límite. “No se esconde, da la cara, se pone al frente y aguanta el chaparrón”, consideran en el PSOE. Aunque ese “aguantar” incluya errores, frases desafortunadas o un desgaste personal enorme.

La estrategia es clara: Sánchez ha decidido convertir a Óscar Puente en un dique de contención. Un ministro pararrayos que absorbe la presión política, mediática y social, mientras el resto del Gobierno mantiene un perfil más amortiguado. Si sale bien, Puente se consolida como uno de los hombres fuertes del sanchismo. Si sale mal, el golpe será exclusivamente suyo. El PSOE confía en la habilidad de Puente, pero también sabe que está apostando fuerte para un ministro cuya imagen pública genera más rechazo que consenso. En un contexto de accidentes, huelgas, desgaste de infraestructuras y desconfianza ciudadana, convertir a Óscar Puente en la gran carta del Gobierno es una jugada arriesgada, pero puede ser acertada. Veremos si una vez más Pedro Sánchez sale indemne de otra gran crisis.

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