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Irene Montero se tira al monte: caza al facha, a Ayuso, a Mercadona, a Repsol y a Carrefour

La dirigente de Podemos convierte un mitin en un alegato contra empresas, adversarios políticos y medios, celebrando la regularización masiva y apelando al “reemplazo”, en un discurso que roza la incitación y rompe cualquier código institucional.

La eurodiputada y secretaria política de Podemos, Irene Montero

La eurodiputada y secretaria política de Podemos, Irene MonteroEUROPA PRESS

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Sandra Sánchez

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Irene Montero cruzó este sábado una línea política e institucional que difícilmente puede calificarse como debate democrático. En un mitin de Podemos en Zaragoza, la eurodiputada convirtió su intervención en una cacería verbal contra adversarios políticos, empresas privadas y medios, todo ello envuelto en un lenguaje de confrontación extrema y con un mensaje que muchos interpretan como un llamamiento al enfrentamiento social.

Montero celebró la regularización extraordinaria de inmigrantes sin papeles como una “victoria” y fue más allá al anunciar que su formación trabajará para facilitar la nacionalización y el derecho al voto. En ese contexto, lanzó una de las frases más polémicas del acto: “Ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora”. 

La dirigente morada defendió que “papeles son derechos” y que la regularización no es un regalo, sino una “deuda pendiente”, al tiempo que pidió a las personas “migrantes y racializadas” que “no nos dejen solas con tanto facha”. Incluso llegó a mostrarse favorable al “reemplazo”, matizando después que se trata del de “fachas, racistas y vividores”.

Contra todos

El mitin derivó en una lista de enemigos públicos. Montero arremetió contra Isabel Díaz Ayuso y Jorge Azcón, a los que llamó “comerciales de Quirón”, y cargó contra grandes empresas como Mercadona, Carrefour y Repsol por los precios, reclamando que el Estado intervenga los bienes de primera necesidad. También se burló de quienes critican la regularización mostrando un bote con supuestas “lágrimas de fachas y racistas”.

Lejos de rebajar el tono, calificó de “miserables, basura humana” a quienes, a su juicio, gobiernan y favorecen la sanidad privada, y atacó al líder de Vox, Santiago Abascal, con descalificaciones personales, retratándolo como un “macho ibérico” y un “señorito que vive de los demás”.

El resultado fue un discurso impropio de una representante pública, que sustituye el debate político por el señalamiento, la descalificación y la división social. Un ejemplo de intolerancia democrática que, lejos de buscar consensos, parece diseñado para avivar el conflicto y convertir al adversario —y a empresas privadas— en objetivos políticos. En plena crisis institucional y social, Podemos opta por el megáfono del enfrentamiento.

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